martes, 17 de junio de 2014

El laboratorio del Dauphiné para Contador y Froome encumbró a Talansky


A estas alturas de la película, ya nadie se cree que Alberto Contador compita en una vuelta por etapas para no ganarla. Ahí están su palmarés y, sobre todo, su mentalidad en carrera. Aplicando este pensamiento mío (por tanto, subjetivo), el español ha ganado y ha perdido el Critérium du Dauphiné. El lobo pinteño aúlla y apenas denota ambición en la previa de la carrera; luego siempre saca su arsenal en cualquier terreno. Difícil creerle después de tantos años en este mundo siguiendo la misma rutina comunicacional, pero en cualquier caso fue segundo en el prólogo por detrás de Christopher Froome. Apenas 10 kilómetros, buscando en todo momento más de 100 pedaladas por minuto y mostrando, pese a lo breve de la distancia, su característico vaivén en el sillín mientras busca acoplar su cuerpo a la posición de contrarrelojista. ¿Se pierde tiempo en cada uno de esos movimientos? El británico, en cambio, con una cadencia por momentos superior a las 110 pedaladas, ladeando los hombros al llegar al esfuerzo máximo, le sacó 8 segundos en meta. Menos de uno por kilómetro. Sirvan como referencia en el cara a cara entre ambos otras comparativas de este año y de 2013.

·         Vuelta a España 2012 – Contador le saca 22” a Froome en 39,4 kilómetros: ganancia de 0,55 segundos al kilómetro en la crono de Pontevedra, de perfil escarpado.

·         Tirreno – Adriático 2013 – Froome le saca 15” a Contador en 9,2 kilómetros: pérdida de 1,63 segundos cada kilómetro.

·         Critérium du Dauphiné 2013 – Froome es 2’ 45” mejor que Contador en 32,5 kilómetros: pérdida de 5 segundos por kilómetro.

·         Tour de Francia 2013 – 1ª Contrarreloj: Froome es 2’ 03” mejor que Contador en 33 kilómetros: pérdida de 3,72 segundos por kilómetro.

·         Tour de Francia 2013 – 2ª Contrarreloj: Froome supera a Contador en 9” tras 32 kilómetros, con una pérdida de menos de 0,3” por kilómetro. Eso sí, la crono tenía un perfil rompepiernas, por lo tanto no era llana como el prólogo del Dauphiné.

En el horizonte, la penúltima etapa del próximo Tour de Francia, entre Bergerac y Périgueux, 54 kilómetros, con hasta cuatro repechos según indica la organización de la carrera en su web (la más larga que hace Contador desde la del Mundial de 2012). Por tanto, podría pensarse que las diferencias entre ambos estarán más cerca de la segunda crono del pasado Tour (he decidido no tener en cuenta la de la Vuelta a España 2012 por haber corrido Froome el Tour, con la consiguiente fatiga física). Aquel día, Contador fue el más rápido en los parciales intermedios, situados en los dos repechos de la etapa: 2” más rápido que Froome en el T1, 11” en el T2. En meta, sin embargo, perdió 9” con el corredor del Team Sky, 20” de pérdida total en 12 kilómetros (1,6” periodo cada kilómetro). A priori, los repechos igualan las cosas e incluso las decantan a favor del pinteño; los descensos y el llano favorecen siempre al británico.

Primero y segundo en el prólogo, mismo orden en el Col du Béal pero con igual tiempo. A poco más de 5 kilómetros para la meta, Froome inició la primera de sus diez aceleraciones (dos para atrapar a Wilco Kelderman, dos para neutralizar a Andrew Talansky, una para cazar a Van den Broeck y las otras cinco para distanciar él al resto: las dos primeras, al inicio de su ofensiva, destacando un ataque sostenido de 28 segundos levantado de su sillín, los otros tres en el último kilómetro, a ritmo, con cadencia, sentado, sostenidos para ganar la etapa). Diez aceleraciones en cinco kilómetros: Froome tiene más vidas que un gato. Contador no quiso o no pudo contraatacar y sólo llegó a insinuarle su rueda delantera a poco del final. Mejor de forma que en su último duelo en la Volta a Catalunya, el británico se impuso al español pero no consiguió distanciarle como en el pasado Tour.

Los dos han corrido aislados en una burbuja particular, como pareja mal avenida en luna de miel, mientras les crecían los enanos: Wilco Kelderman los consideraba “batibles”, Andrew Talansky y Jurgen Van den Broeck se unieron a la fiesta, mientras que flaqueó Vincenzo Nibali, de todos los favoritos al podio de los Campos Elíseos el que más corto de forma parece. ¿Jugándoselo todo a la última semana del Tour?  Entre todos ellos triunfó el americano del Garmin-Sharp, 25 años, que salvo por su debut en Mallorca este año sólo ha corrido vueltas por etapas, y siempre lo ha hecho a un buen nivel, aunque fue este domingo donde vimos todo su potencial, subiendo, bajando, tomando la responsabilidad de la escapada para frenar la sangría de tiempo con Contador. Más que merecida su victoria. Sorprendió, por su parte, Adam Yates, que ha cuajado una primavera sensacional para el Orica-GreenEDGE ganando el Tour de Turquía y acabando quinto en el Tour de California con sólo 21 años; en las piernas de este británico hay un escalador prometedor, 1.70 m y alrededor de 58 kilos, fogueado en el CC Etupes francés, equipo del que también han salido Thibaut Pinot o Warren Barguil. Por algo los australianos lo ficharon tras acabar segundo el Tour de l’avenir de 2013, únicamente superado por el murciano Rubén Fernández y siendo el mejor británico en la prueba desde Robert Millar en 1982. Palabras mayores.

El Team Sky arropó a Froome con el equipo de gala para ensayar en las últimas dos etapas el tren de corredores que debe guiar al vigente campeón en París por la montaña del hexágono: Vasil Kiryenka, Geraint Thomas, David López, Mikel Nieve, Richie Porte. Capaces de neutralizar un movimiento ofensivo de Contador en pleno descenso del Col de la Morte el jueves; de llevarle hasta de la mano hasta la bandera roja del último kilómetro el sábado, con Richie Porte lanzando a Froome para responder al ataque de Contador (ataque que, a la postre le dio el liderato y condenó la suerte de ambos en la general); y acompañado el domingo en todo momento por David López en la agonía camino de Courchevel, también tras ataque de su némesis española. En el Dauphiné o en el Tour, aislar al británico de sus compañeros será casi imposible, pero ya ha sucedido en el pasado. Por lo que respecta a este Dauphiné, la conclusión es clara: Contador respondió y aguantó los ataques de Froome, pero éste nunca salió en primera persona a los tres ataques del pinteño y en dos de ellos perdió tiempo, puede que por culpa de los dolores de su caída el viernes. En cualquier caso, el “don’t panic” que seguramente le transmitirían por la radio del equipo no funciona de momento con un Contador que ha mejorado notablemente sus prestaciones en montaña respecto a 2013.

Es, sin duda, la derrota más apabullante que ha sufrido Chris Froome en los últimos dos años. Fuera por primera vez del top 10 de una vuelta por etapas desde el Tour de Romandía 2012, carrera que corrió al servicio de Bradley Wiggins y en la que Richie Porte y Michael Rogers tuvieron más jerarquía en la escolta del que luego fuera campeón del Tour de ese año. Froome, sin tensión competitiva, acabó en el puesto 123, en grupetas que llegaban a una minutada de los mejores en la general. Los 4’ 56” perdidos con Talansky en la meta de Courchevel (3’ 50” con Contador) suponen prácticamente la misma pérdida que los 4’ 58” que se dejó con el pinteño camino de Fuente Dé en la Vuelta a España 2012, con la diferencia de que aquel día el británico llegó en solitario a la meta, sin compañeros.

Del equipo Saxo-Tinkoff sólo hemos visto fotogramas muy aislados: a Sergio Paulinho tirando fugazmente de Contador subiendo la Côte de Laffrey (luego serían neutralizados ambos) e infiltrado en la fuga del sábado. Desgraciadamente, la televisión no nos ofreció el movimiento decisivo de la carrera, es decir, la desintegración del equipo ruso en la última etapa, incapaz de parar una fuga a cien kilómetros de Courchevel en la que estaban Andrew Talansky, Jurgen Van den Broeck y el jovencísimo Adam Yates, tercero, quinto y décimo en la general, con el americano del Garmin-Sharp a menos de un minuto del español. Froome, con tres compañeros en la escapada, movilizó a Richie Porte y Geraint Thomas y situó al grupo a un minuto de los escapados. A 30 kilómetros de meta decidió atacar y se encontró con la respuesta de Contador, para luego ser los dos sorprendidos por un contraataque de Nibali y Kelderman en el llano. Cuarto y séptimo en la general también se fugaron; de nuevo, aumentó la distancia con Talansky hasta los dos minutos y medio.

Sin rastro de compañeros, Contador sorprendió al Sky con un ataque loco, suicida, que recortó un minuto en Côte de Montagny a la cabeza de carrera, con Hesjedal dejándose sus pocas fuerzas a favor de Talansky y Van den Broeck dando algún relevo de tanto en tanto, buscando el podio pero nunca el primer puesto: en ningún momento atacó al americano. Kelderman soltó a Nibali y exhibió una vez más el potencial que mostró en el pasado Giro de Italia mientras Contador cazaba y dejaba atrás al italiano. Bastante lejos de la forma del español, al corredor del Team Astana le bastó su astucia y la ayuda de Jakob Fuglsang para sacar un minuto a Contador y Froome y para él, como para el Garmin-Sharp, se abren las opciones tácticas en julio. Contador, al que le faltaron Kreuziger, Rogers o Roche, va bien de fuerzas y buscó escribir una página brillante de la historia del ciclismo que se quedó en un magnífico regusto a etapa de las de antes. Aunque, por el camino, evidenciara sus debilidades y las de Chris Froome a un mes de la batalla que esperan todos los aficionados. Una batalla con más alternativas que el simple duelo en la burbuja entre español y británico.

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