domingo, 27 de octubre de 2013

El Barça golpea primero a un Madrid que no encuentra el camino



Manos que se delatan, que encuentran al rival y luego defienden su inocencia de forma airada ante Undiano Mallenco. Las de Sergio Ramos con Neymar, tan veterano ya como torpe a la hora de darle la bienvenida al ‘clásico’ al paulista. El brazo derecho de Alves que se lleva por delante a Pepe en un salto perdido. Manos que deslizan en el área y sin quererlo dan a la pelota: la de Adriano. Hay contacto, ¿hay penalti? La interpretación es tan libre como la de un cuadro de Kandinsky. Manos que vuelan fugaces en la repetición, las de Mascherano empujando a Cristiano Ronaldo dentro del área y provocando la desesperación del luso con el línea y después, ya con el dos a cero, con el árbitro. Manos que señalan el área rival sin más premio que una tarjeta amarilla.

Donde no hay doble sentido es en la colosal actuación de Víctor Valdés: manos con la fuerza de un martillo para mandar a córner un obús de Ronaldo al palo derecho, ágiles para bloquear un tiro colocado de Khedira –precisión y Khedira no parecen a priori sinónimos, no en el golpeo del balón-; seguras para detener el desesperado intento de Di María desde la frontal. 

En el caso de los dos porteros, la ocasión más inocua se convirtió sin embargo en la peor. La carambola de Neymar al palo largo de Diego López, por entre las piernas de Carvajal. El tiro raso, duro pero centrado de Jesé tras un control que le escoró ligeramente hacia la derecha se abrió camino bajo Valdés para darle emoción al tiempo de descuento. Pero ya no hubo emoción. Messi se encargó de anestesiar el embate final del Madrid en las esquinas, como Thierry Henry.

Todo porque el gol del Real Madrid llegó tarde, demasiado a tenor de los méritos de un buen segundo tiempo en el que Diego López salvó la goleada con dos paradas a quemarropa a Neymar y Alves. De las bandas partió el peligro azulgrana, atascado en la frontal por la presión de Ramos, Modric y Khedira, inusual trío que no gustó en la prensa ni caló en muchos aficionados. El capitán blanco, que ya había jugado contra el Barça de mediocentro en 2005, taponó la medular, jugó fácil para Modric y precipitó su salida del partido en el minuto sesenta tras coquetear con la segunda amarilla. Illarramendi entró en su lugar y demostró tener el cuajo y la calidad suficientes como para que Carlo Ancelotti hubiera apostado por él de inicio. Con él sobre el césped, el juego del Madrid se hizo más fluido y vertical. Quizá tarde para el esfuerzo que Modric había realizado buscando servir balones a Ronaldo y Di María en las bandas.

Carvajal aprendió que un error, por mínimo que sea, puede ser mortal si quien tiene el balón es Neymar. Lo descubrió en el uno a cero y lo vio en la distancia con Pepe, que dejó botar un balón en largo y propició la volea del brasileño con la izquierda. Felizmente para el central, López salvó la situación con una buena parada, pero no fue un partido redondo del internacional portugués, lento al tirar los fueras de juego y muy impreciso en los balones en largo. A su lado, Varane manchó su intachable actuación siendo la pareja de baile de Alexis en el dos a cero; derecha, izquierda, derecha, mirada a puerta y el balón picado por encima de un Diego López a media salida. Un golazo para aprovechar una rápida recuperación en el centro del campo y todo el espacio que había dejado la subida estéril de Marcelo, incapaz de cerrar el espacio como sí lo fue de encerrar a Messi en la banda derecha y secar las diagonales del argentino. Fue un concurso testimonial el del argentino, que pudo haber sentenciado el partido en el primer tiempo con un tiro que cruzó en exceso y se marchó fuera.

Para completar el once inédito, Ancelotti apostó por Gareth Bale en punta, esperando pases para correr al espacio que nunca llegaron. Y el único destello del galés, todavía muy por debajo de lo que se espera de él, llegó frente a un Piqué renqueante y bajo de forma. Benzema, sin embargo, respondió a la presión con un segundo tiempo perfecto. Durmió la pelota, se asoció con Di María y Cristiano y dejó un trallazo en la cruceta de Valdés que mereció el premio del gol sólo por la violencia en el golpeo. Parecía que en ese tiro iba toda la rabia de los pitos del Bernabéu y las críticas de la prensa pero, como en este inicio de curso, al francés le falló la suerte y el Madrid sigue sin saber todavía cómo quiere jugar. Plantilla tiene para no condicionar su once al de ningún otro rival y le quedan recursos por explotar –un ejemplo son los balones parados-. El Barcelona, en cambio, puede permitirse un mal día de Messi y seguir ganando gracias a Neymar. No muerden como antaño, pero siguen teniendo las ideas muy claras.

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