sábado, 18 de mayo de 2013

El martillo rojiblanco se lleva la Copa del Rey

Los conceptos se estiran como chicles según el tiempo y la conveniencia de quien los emplea. El señorío del Real Madrid se pone en duda tras cada derrota seria en las últimas temporadas. Expulsiones, malos modos, hacer daño al rival. La victoria del Atlético de Madrid catorce años después del último triunfo en un derbi recompensó al equipo que fue equipo y penó la autocomplacencia del a priori favorito al título. No llegó tan claro como su rival, no golpeó tres veces al poste. Le bastó una, la de Diego Costa, para que la pelota tocara el palo izquierdo y entrara. Le sobró con la solidaridad de Gabi, Mario y Koke en el marcaje a Özil y Ronaldo. Y bajo palos estuvo sin fallos Courtois, en una nube por su inmaculada actuación, con ganas de ser rojiblanco un año más aunque el Chelsea le reclame.

Si algo ganó el Atlético respecto al derbi anterior fue intensidad. Ayudas dobles y triples en el centro del campo para aislar a Xabi Alonso y frenar el genio combinativo de Özil. Sólo Modric conseguía romper líneas con sus fintas y controles orientados, hasta que Mourinho le sustituyó al inicio de la prórroga. Las galopadas de Ronaldo se estrellaron en la telaraña rojiblanca y el continuo contacto de sus rivales acabó por frustrar al luso. Guti también lo sufrió en sus carnes hace años. Eso también es fútbol hasta que el árbitro pone un límite, superado con creces por el siete blanco con una patada en escorzo a la nariz de Gabi. Roja, tangana con los reincidentes habituales y una estupenda imagen mundial para el fair play de Madrid 2020.

En una semana, los rojiblancos han aprendido a ganar. La final de la Copa del Rey aprobó el sistema de Simeone tras la paupérrima derrota en casa frente a un Barcelona que remontó el partido en dos acciones aisladas, con un hombre menos y sin Messi. El cuento ha cambiado y la victoria de este viernes es un ejercicio de madurez que sienta las bases para afrontar nuevos retos la próxima temporada, quizás sin Arda, sin Falcao, Diego Costa ni Courtois. Pero con la identidad competitiva del 'Cholo' en el banquillo, una inyección de compromiso y amor propio. Se puede perder, pero no rendirse. Superado el reto del Madrid, queda el Barcelona en la Supercopa. Por delante, un verano que se prevé muy largo en las oficinas del Calderón. También en las del Bernabéu.

El futuro está en manos de Mourinho y de Florentino Pérez. De su capricho y la chequera saldrá el proyecto para los próximos años. El Madrid no debe pensar sólo en el próximo año. A estas horas, el Madrid es metralla que vuela sólo para herir sus propios cimientos tras una temporada que para Mourinho -y para gran parte de la masa social merengue- ha sido un fracaso. De nada sirvió el gol tempranero de Ronaldo; el equipo se durmió, dio un paso atrás como en toda la temporada cuando cobra ventaja y cedió el balón al Atlético con la esperanza de matar al contragolpe. Pero ni Benzema es el delantero deslumbrante de antaño ni Özil tuvo el peso que se espera del alemán en las transiciones blancas. La banda izquierda quedó huérfana de las subidas de Coentrao y en la derecha Essien regalaba balones en ataque y cortaba goles cantados en defensa. Albiol achicó espacios y se llevó el caño y la finta de Falcao en la gestación del empate a uno. El empate despertó al equipo y los tres palos quedaron sin premio como el remate a placer de Özil que salvó Courtois en la prórroga. El belga fue el muro que también encontró Higuaín en una volea de difícil ejecución. Ahí murieron los intentos de igualar la final. Los balones aéreos sin criterio fueron golosinas para el portero atlético. Un dejà vu de la derrota en el Villamarín. Un quiero y no puedo.

El gol definitivo de Miranda no fue más que la consecuencia de tantos intentos por hacer daño a balón parado desde el minuto uno. Esas faltas sin premio con Koke y Arda, en corto y centro, tan antiguas como el fútbol a color, el córner que se convierte en melé en el área chica de Diego López al filo del tiempo reglamentario, el envío preciso cual puñal al primer poste entre Xabi y el portero madridista para el cabezazo a placer del brasileño. Momento de flashes como en el tanto inicial de Cristiano Ronaldo, ingrávido en el aire tras sortear a Godín; goles ambos avalados por fallos defensivos de las dos defensas a balón parado. Sin embargo, el Atlético perfeccionó sus mecanismos de asedio hasta golpear y el Madrid, una vez golpeado, fue incapaz de replicar. Se invirtieron los términos y Neptuno es una vez más el que celebra en casa de la Cibeles. Con dos jornadas de Liga por disputarse, los dos equipos han terminado el curso en las antípodas.