lunes, 22 de abril de 2013

El día de gloria de Daniel Martin

Lo de ayer de Daniel Martin fue como una falla que espera a que la de su vecino arda y se consuma para después arder más alto, más tiempo, borrando en segundos el efecto de la llamarada anterior. A Joaquím Rodríguez le tocó ser el primer plato y la malicia de la televisión, de ese plano que nunca se abre y del convencimiento propio de que la distancia era ya insalvable para los otros, le hizo por unos segundos el vencedor de la edición 99 de la Lieja-Bastogne-Lieja.

Es raro ver al catalán fallar en el cálculo de la distancia óptima para saltar y no ser cazado con esa agilidad explosiva tan característica. Pero erró el tiro y el irlandés de Birmingham le respiró en la nuca, cambió y demarró para ser el primero y malograr así la primera victoria de 'Purito' frente al Carrefour de Ans. En el camino se quedó Alejandro Valverde, que quiso cambiar y no pudo en el momento decisivo, después de haber jugado con sangre de hielo su última baza en Saint-Nicolas frente al intento desesperado de Nibali tras dejarse Fuglsang todas sus energías, y después de Gilbert.

Se puede decir que Valverde tenía las piernas para ganar, como las tuvo Rodríguez, como Ulissi, como Ryder Hesjedal, constante en su esfuerzo temerario por llevar a Martin hasta la banderola del último kilómetro tras demarrar a todos en la cota de Colonster. También a Alberto Contador, que había saltado antes en interés de un Roman Kreuziger que acabó hundido a más de 9 minutos, casi en el mismo tiempo que Taaramae. Las clásicas no perdonan un día de flaqueza. Y menos la “decada” de todas ellas.

La de este año fue una etapa del último Tour, quizá del próximo. Un simulacro del ajedrez del equipo Sky con un fantástico David López volando en La Redoute para que luego Urán y Porte allanaran el camino al ataque de Sergio Henao. Pero el colombiano se llevó los flashes fue Betancur, domador de las rampas italianas y atacante capaz de romper pelotones, todavía con el punto de juventud que debe madurar antes de saber cuándo atacar para que los daños sean irreversibles.

No recuerdo una edición con tanto peso del juego de equipos como esta de 2013. No, al menos, hasta el último kilómetro, con Hesjedal vaciándose por Martin como antes hicieron Rui Costa y Quintana por Valverde o Cunego por Scarponi. El daño en La Redoute fue relativo y el guión se cumplió relativamente para Movistar y BMC: todos o casi todos juntos hasta Saint-Nicolas. Y, a partir de ahí, cada gallo con su pico y sus garras. Las fuerzas de Philippe Gilbert se quedaron frente a la serpiente de asfalto al cielo repleta de banderas italianas. El maillot arcoíris no brilló en la Bélgica valona y, en estos tres días de ciclismo, se ha visto expuesto a la presión que conlleva ser el vigente campeón del mundo y el ganador del último triplete en las Ardenas, entre los primeros pero no en su mejor forma. España acaba con una victoria, dos segundos puestos y un tercero. Un balance soñado durante décadas que, con la generación de ciclistas que posee el ciclismo nacional, incluso parece exiguo.

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