sábado, 27 de abril de 2013

El derbi a largo plazo

Imaginen un círculo de fuego con una única salida hábil por la que no quemarse; imaginen un cazador dentro herido, sin balas que usar en su escopeta. En el perímetro, lobos que aúllan y huelen la sangre y adentran sus hocicos dentro del círculo. Así está el Real Madrid hoy, cercado; así el Atlético, babeando intuyendo la fiesta. Esto es lo que se podría decir a priori del partido, uno de esos días en los que la estrategia marca la gestión de las expectativas de aquí a final de temporada.

Nunca Mourinho había encajado 4 goles en un partido de Champions League. Su futuro está lleno de brumas como hace meses y hasta la medianoche del martes no se retomará este tema. La prensa ha hecho suya la causa común del club de convertir el Bernabéu en la respuesta igual al fantástico ambiente del Signal Iduna Park. Los partidos se empiezan a ganar desde la grada. Que la gente vaya de blanco. Juanito que sale de la lámpara no se sabe si con o sin milagro. Pase lo que pase esta noche, la tormenta sólo arreciará tras la visita del Borussia Dortmund. Si hoy se le gana al Atlético, la victoria será el mejor preparativo moral -es muy necesario que también futbolístico, técnico y táctico- para clavar la daga en la cuenca del Rühr. Perder sólo implicará ciertas gotas de lluvia y quizá daños colaterales para el martes.

Que nadie se lleve a engaño: hoy se juega la primera parte de la final del día 17. No hay trofeo; sólo la posibilidad de romper una barrera construida con la propia idiosincrasia del Atlético. Demasiados años sin ganar al Madrid, demasiados buenos jugadores impotentes y camino de la segunda generación de niños que el viernes llevan al colegio su camisetita rojiblanca y el lunes no quieren levantarse de la cama. Simeone es un motivador, tiene el apoyo de la grada desde antes de firmar su contrato y un equipo de gente rocosa, con calidad, solidaria que juega para que Falcao finalice. Hay que hacer sufrir a Arbeloa, frenar las superioridades blancas por el lateral izquierdo y taponar el centro del campo. Evitar los errores pueriles en defensa, blindar a Gabi y forzar al Madrid a no pisar el área de Courtois. Sólo Cristiano, Di María y Modric suelen tirar desde fuera; Xabi únicamente lo intenta si le llega algún rechazo. La baja de Ronaldo equilibra la balanza y obligará a Benzema o Higuaín a multiplicarse y acercar su posición a la media para reducir la distancia que sólo el portugués consigue salvar con sus galopadas. De ellos se esperan sus goles para mantener la racha de 14 años martilleando al rival del Manzanares.

La victoria es un acto de fe y el Borussia enseñó el camino justo a los rojiblancos. Aunque no se tenga el talento asociativo ni físico alemán, se debe luchar cada balón, confundir al Madrid, obligarle a jugar en largo desde la defensa sin que los medios huelan los envíos rasos. Si el Atlético vence hoy, la final de la Copa del Rey seguirá llena de los fantasmas que han creado al “pupas”. Pero el círculo de fuego con el sello madridista se habrá apagado. Y el anciano de 110 años recién cumplidos volverá a mirar a su vecino de igual a igual, con respeto pero sin miedo.

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