domingo, 31 de marzo de 2013

Maestro y aprendiz

Es posible que esta noche Peter Sagan vea entre sueños la rueda trasera de Fabian Cancellara, inmaculada en el Paterberg mientras la suya, la del niño sin miedo a los desafíos y con hechuras de ciclista de época, parecía patinar sobre esas piedras de color aceitoso, secas un año más. A estas horas ya ha repasado la escena en la televisión y en su cabeza cien veces, casi tantas como las que el purista flamenco ha necesitado para convencerse de que el Atila suizo lo ha vuelto a hacer.

Cancellara llegó a la fiesta con la música ya sonando y con el galón de favorito indiscutible desde casi la salida neutralizada por caída desafortunada de Tom Boonen. Por accidentes de uno u otro, ya van dos años sin que la fiesta de la primavera sienta la estampida conjunta de los dos 'capos' de las piedras en Flandes y Roubaix. Escapadas que fructifican con la tapa del ataúd ya clavada desde su prematura salida del pelotón. Rast que lo controla todo, Devolder que llega más lejos que en los últimos tres años, esta vez como último domestique de Fabian. Entretanto, Chavanel no se decide a atacar y Sagan, se queda sin compañeros en pleno Koppenberg por un espléndido tapón camino de la curva a izquierdas que marca media carrera y significa toda la temporada para unos pocos.

Carrera de conservadores en la que Jurgen Roelandts fue el único que se la jugó, de lejos, a treinta de meta, con el premio del tercer puesto final y la consecuencia de haber desatado la guerra entre el JASP eslovaco y el maestro suizo. Es de agradecer la progresión del excampeón belga tras años de lesiones y baja forma, hasta el punto que en el Lotto llegaron a insinuar que sólo rendía con su novia. Mientras Cancellara volaba, él y Sagan se entendieron para llegar a Oudenaarde por delante del pelotón que no pudo o no quiso darles caza.

Ninguno de los tres protagonistas de 2012 ha pisado el podio este año y eso siempre es una novedad en los “monumentos” de primavera. El único superviviente, Pozzato, ha corrido esta vez en la abulia que tanto exaspera a sus defensores. A la gente como a él, como a Flecha o Leukemans se les acaba el tiempo. Boonen y Cancellara quizá un día se miren y sonrían recordando duelos por callejas tiznadas de polvo a pleno sol. Ellos dos solos. Antes de que llegara un chico con la bandera eslovaca tatuada en su maillot para dominar el ciclismo.