sábado, 12 de enero de 2013

La Vuelta 2013 o cómo rizar el rizo

La Vuelta a España es como esos chistes que dicen: “tengo dos noticias, una buena y otra mala”. La buena noticia es que el 'Ciclismo de Youtube' definitivamente se ha ganado el corazón de Unipublic (caretas fuera). La mala es que el aficionado purista ha dejado de entender el rumbo de la ronda española y lo mejor que puede hacer es buscar la típica cuesta de cabras de su pueblo y proponerla para futuras ediciones. Quizá hasta la bauticen con su nombre y todo.

Javier Guillén ha conseguido que La Vuelta interese, que televisiones, radios y prensa nacional regresen a la carrera y los aficionados a las cunetas, partiendo de la base de que se buscan veinte minutos de tensión que produzcan mínimas diferencias hasta el último día y, a poder ser, constantes cambios de líder. Tal es así, que del momento decisivo de la carrera no hay documento visual. Mi primer pálpito es pensar que nadie se había planteado que alguien pudiera atacar tan lejos de la meta en Fuente Dé; pasó y volvimos a los años 30. Me encuentro en las antípodas de su concepción ciclista, pero admito que está en una empresa privada y tiene derecho a planificar la carrera a su antojo e imprimir su propia filosofía. Perfecto. La realidad, por mucha lobotomía que se haga, es que en 2012 volvió a ser la tercera gran ronda por etapas del año por detrás de Tour y Giro.

Es un acierto el regreso del Monachil y su encadenado con el alto de Hazallanas, aunque la organización se exceda y lo venda como “alta montaña”; el bloque pirenaico -Collada de la Gallina, Peyragudes y Aramón Formigal- está diseñado para producir diferencias reseñables. En la etapa granadina y en las dos primeras del tríptico de los Pirineos se incluyen duros puertos de paso -Monachil, Envalira y Balès- como preámbulo a la subida final. Son, por tanto, etapas que van más allá de los diez minutos finales de fuegos artificiales y el ver a los ciclistas subir haciendo eses por rampas como la de Valdepeñas de Jaén. Lo que yo entiendo por una etapa de una gran vuelta por etapas y no un Montelupone de una Tirreno – Adriático, por ejemplo.

El Angliru cobra una magnitud elevadísima para la organización, que ha corrido un enorme riesgo poniéndolo el penúltimo día de carrera cual Stelvio. Con los Pirineos precediendo la diagonal asturiana hacia el cielo, se corre el riesgo de que las diferencias sean lo suficientemente elevadas (algo insólito estos últimos años) como para que el champán sea un espumante del montón. O, visto del otro lado, que el segundo en la general deba arriesgar tanto que la etapa cobre un tinte más épico aún del que supone para cualquier profesional del ciclismo pasar indemne por La cueña les cabres. La meta en el Naranco es otro aliciente más para la promoción de una ciudad maravillosa como Oviedo.

Me gusta la contrarreloj por equipos inicial, desde la idea de salir de una batea en Vilagarcía de Arosa y el recorrido hasta Sanxenxo. Por su longitud, es algo más que el tradicional prólogo. Y las diferencias pueden aumentar en la subida a A Groba, en Baiona. En Finisterre, la realización -si sabe lo que tiene entre manos-, debería jugar con el faro, las cortadas y el pequeño islote tras el “fin del mundo”, al que se llegará por una de las rutas más bonitas de España, pasando por la tortura del mirador de Ézaro. Igual sucederá con el lago de Sanabria, tras el cual La Vuelta pondrá rumbo sur -no hay guiño a Ponferrada, como sí ha hecho el Giro con Florencia- hacia el calor de Extremadura y Andalucía a finales de agosto. Las bonificaciones y Hazallanas harán las primeras diferencias antes de la crono individual de Tarazona, que incluye una incursión en las faldas del Moncayo y lo que eso supone con el viento. El espíritu de la crono de Menchov en Zaragoza rondará aquel día en más de alguna cabeza.

Antes de los Pirineos, un nuevo paso por Cataluña para llegar a Tarragona y homenajear a Xavi Tondo en Valls. Ese día se subirá el durísimo pero intrascendente por su colocación Rat Penat. Y, por fin, la alta montaña. Así vende Unipublic la etapa de la Collada de la Gallina:
“El entonces inédito puerto de la Collada de la Gallina nos permitió ver una de las batallas más atractivas que se recuerdan en el ciclismo moderno. Valverde, Joaquim Rodríguez y Contador hicieron que los aficionados se engancharan definitivamente a una carrera que batió todos los records”. (Me confieso fan del ciclismo antiguo).

Entre el bloque pirenaico y las etapas asturianas, se encuentra Peña Cabarga; para muchos aficionados, un aliciente perfecto para creer en el resurgir de Juanjo Cobo tras un 2012 por el que ha pasado sin hacer ruido. Madrid espera a los valientes el domingo 15 de septiembre, tras salir de uno de los numerosos centros comerciales que pueblan el extrarradio de la capital. Por el camino, 13 finales en alto entre cuestas de cabras, media y alta montaña, 10 finales inéditos y ni una sola etapa con final más allá de la cima a la que llegue el pelotón. La Vuelta 2013 explota hasta la hilaridad su apuesta por el ciclismo fugaz, aunque por el camino se deje al aficionado español de toda la vida y olvide al resto del mundo.
Web oficial: http://www.lavuelta.com/

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