viernes, 18 de enero de 2013

La confesión de Lance Armstrong

Decía Bryan May, guitarrista de Queen, que los diez primeros minutos de un concierto son para ensordecer y cegar al público con el mayor despliegue posible. Oprah Winfrey entró a matar, preguntas directas, sin ambages y el sí de Armstrong que reconocía el pecado. Los tres pecados, el de la EPO, las transfusiones sanguíneas y el dopaje con otras sustancias. A partir de ese momento, los restantes cincuenta minutos apenas valieron para ver a un Lance que, pese a su notoria incomodidad, apenas cambió ese semblante frío y distante que ha mantenido desde su eclosión como ciclista.

En algo estoy de acuerdo con el texano: el dopaje en el U.S. Postal no fue el mayor sistema de dopaje de la historia, como se empeñan en vender la USADA y su cabeza más visible, Travis Tygard. Pero está cerca de competir con el de la R.D.A. -Lance iba con la lección bien aprendida-. Anoche, desgraciadamente, se perdió una enorme oportunidad de saber cómo funciona realmente el pestífero camerino del ciclismo a través del testimonio del actor icónico de su tiempo, más de quinientos controles inmaculados -también dijo que el positivo en el Tour de Suiza en 2001 es una historia falsa-. Armstrong echó balones fuera cuando Winfrey le inquirió sobre el modus operandi descrito por Hamilton -un lacónico “No he leído su libro” bastó-, y excusó a su amigo Michele Ferrari, del que dijo que no era el cerebro ni el líder en la sombra del programa de dopaje de su equipo. Entonces, ¿quién, Lance?

Ni una sola referencia a Bruyneel, ningún detalle sobre cómo superó inmaculado todos esos controles de un sistema viciado. Morbo al confesar que fue la propia UCI quien le pidió que realizara aquella donación millonaria, casualmente la misma que con otro jerifalte pero el mismo espíritu dijo del americano que “no tiene lugar en el ciclismo”. No quiso entrar en la conversación íntima que mantuvo hace semanas con Betsy Andreu y exculpó a su íntimo George Hincapie de la confesión a la USADA. “Él es la voz más creíble en todo esto”; poco antes, había confesado que las acusaciones de su exmasajista Emma O'Riley sobre el uso de cortisona eran ciertas. En uno de los vídeos locutados por la periodista, aparecía España. Buena publicidad cuando la Ley Antidopaje está a gatas y es año de elección de sede olímpica. Alberto de Mónaco debe estar anotando ya en su bloc un par de cosas.

Armstrong se rascó la cabeza dos, tres, cuatro, veces. Mutaba de postura sin patrón fijo, la pierna derecha siempre sobre su rodilla opuesta, la cara bailando sobre el plano fijo desafiando la quietud del cámara. Lo último interesante que dijo en la parte final del show fue que le gustaría regresar al día en que se abrió la investigación de la USADA para haber actuado de forma diferente, haber llamado a dos o tres personas y haber hecho tres o cuatro cosas. ¿Alguna de dentro del ciclismo? Pero el caso es que ayer se dio la vuelta a un gran trozo de la mierda que esconde este deporte. Lo malo es que Armstrong no quiso quitar la manta y descubrir la verdad de su época. Quizá esta noche sepamos más cosas.

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