lunes, 21 de enero de 2013

El Madrid vuelve a ser tirano

Creo que Essien sonreía más de lo normal, que en sus dientes brillaba la sorpresa al descubrir el mejor Madrid del año, por primera vez en el curso tirano en el césped ante un rival distinto a su némesis azulgrana. Vertical y sutil para quebrar una defensa, la del Valencia, con Guardado desubicado, Ricardo Costa pidiendo árnica a gritos desde el primer quiebro de Ronaldo y posiblemente la zaga que peor haya visto que traza el fuera de juego este año. No deja de ser paradójica la similitud entre el estado del Valencia y el Sevilla, tercera y cuarta aficiones por nivel de exigencia en la Liga. Cuesta demasiado digerir el tránsito del tuteo con Madrid y Barça a actores secundarios en la “Guerra Fría”.

Demasiado sencillo el partido para Özil, de regreso a su faceta óptima, la del pasador exquisito al espacio libre de la defensa rival; el de la dejada a Cristiano con la cara externa de su zurda. El jugador asociativo que no se encontraba. Pero el ganador es Di María, quizá por la laxitud del oponente más que por su propia evolución física. Dos goles, una asistencia y el regreso de un jugador que sabe combinar por bajo como muy pocos en esta Liga cuando se ha pasado estos meses sin dar un pase a cinco metros a derechas. Si Xabi Alonso es el termómetro del Madrid, el rosarino es el corazón que palpita en cada presión a la primera línea rival, pero también la sangre fría al elegir, como en el servicio del cero a uno para Higuaín.

Su homólogo Soldado se vio obligado a caer a la banda para entrar en juego en el inexistente ataque 'ché'. Por más que Banega y Tino Costa se ofrecían, no había manera de traspasar el centro del campo madridista. Gago, superado por un allegro inadecuado a su fútbol, se diluyó cual azucarillo. La mirada de Ernesto Valverde cuando sacó del campo a su capitán, humillado e impotente, decía “perdón” con toda la sinceridad que puede haber dentro de un vestuario profesional.

Sube enteros Albiol, más rápido y atento que en sus últimos partidos. Tiene mérito su aportación cuando es el "feo" del baile y le toca siempre cambiar de pareja. Ayer fue Varane, un imán por arriba con más serenidad que en días precedentes, bien colocado siempre para compenetrarse en la marca del correoso Valdez, cuyo arreón final apenas obtuvo el calor de una grada exasperada con su equipo y con el juez de línea que no quiso ver la mano clarísima de Coentrao en la reanudación. No hubiera cambiado nada, pero sirve para alimentar la “leyenda negra” de estos duelos que tanto gustan en la prensa valenciana. Quizá la próxima vez, el miércoles, Essien no ría tanto.

viernes, 18 de enero de 2013

La confesión de Lance Armstrong

Decía Bryan May, guitarrista de Queen, que los diez primeros minutos de un concierto son para ensordecer y cegar al público con el mayor despliegue posible. Oprah Winfrey entró a matar, preguntas directas, sin ambages y el sí de Armstrong que reconocía el pecado. Los tres pecados, el de la EPO, las transfusiones sanguíneas y el dopaje con otras sustancias. A partir de ese momento, los restantes cincuenta minutos apenas valieron para ver a un Lance que, pese a su notoria incomodidad, apenas cambió ese semblante frío y distante que ha mantenido desde su eclosión como ciclista.

En algo estoy de acuerdo con el texano: el dopaje en el U.S. Postal no fue el mayor sistema de dopaje de la historia, como se empeñan en vender la USADA y su cabeza más visible, Travis Tygard. Pero está cerca de competir con el de la R.D.A. -Lance iba con la lección bien aprendida-. Anoche, desgraciadamente, se perdió una enorme oportunidad de saber cómo funciona realmente el pestífero camerino del ciclismo a través del testimonio del actor icónico de su tiempo, más de quinientos controles inmaculados -también dijo que el positivo en el Tour de Suiza en 2001 es una historia falsa-. Armstrong echó balones fuera cuando Winfrey le inquirió sobre el modus operandi descrito por Hamilton -un lacónico “No he leído su libro” bastó-, y excusó a su amigo Michele Ferrari, del que dijo que no era el cerebro ni el líder en la sombra del programa de dopaje de su equipo. Entonces, ¿quién, Lance?

Ni una sola referencia a Bruyneel, ningún detalle sobre cómo superó inmaculado todos esos controles de un sistema viciado. Morbo al confesar que fue la propia UCI quien le pidió que realizara aquella donación millonaria, casualmente la misma que con otro jerifalte pero el mismo espíritu dijo del americano que “no tiene lugar en el ciclismo”. No quiso entrar en la conversación íntima que mantuvo hace semanas con Betsy Andreu y exculpó a su íntimo George Hincapie de la confesión a la USADA. “Él es la voz más creíble en todo esto”; poco antes, había confesado que las acusaciones de su exmasajista Emma O'Riley sobre el uso de cortisona eran ciertas. En uno de los vídeos locutados por la periodista, aparecía España. Buena publicidad cuando la Ley Antidopaje está a gatas y es año de elección de sede olímpica. Alberto de Mónaco debe estar anotando ya en su bloc un par de cosas.

Armstrong se rascó la cabeza dos, tres, cuatro, veces. Mutaba de postura sin patrón fijo, la pierna derecha siempre sobre su rodilla opuesta, la cara bailando sobre el plano fijo desafiando la quietud del cámara. Lo último interesante que dijo en la parte final del show fue que le gustaría regresar al día en que se abrió la investigación de la USADA para haber actuado de forma diferente, haber llamado a dos o tres personas y haber hecho tres o cuatro cosas. ¿Alguna de dentro del ciclismo? Pero el caso es que ayer se dio la vuelta a un gran trozo de la mierda que esconde este deporte. Lo malo es que Armstrong no quiso quitar la manta y descubrir la verdad de su época. Quizá esta noche sepamos más cosas.

sábado, 12 de enero de 2013

La Vuelta 2013 o cómo rizar el rizo

La Vuelta a España es como esos chistes que dicen: “tengo dos noticias, una buena y otra mala”. La buena noticia es que el 'Ciclismo de Youtube' definitivamente se ha ganado el corazón de Unipublic (caretas fuera). La mala es que el aficionado purista ha dejado de entender el rumbo de la ronda española y lo mejor que puede hacer es buscar la típica cuesta de cabras de su pueblo y proponerla para futuras ediciones. Quizá hasta la bauticen con su nombre y todo.

Javier Guillén ha conseguido que La Vuelta interese, que televisiones, radios y prensa nacional regresen a la carrera y los aficionados a las cunetas, partiendo de la base de que se buscan veinte minutos de tensión que produzcan mínimas diferencias hasta el último día y, a poder ser, constantes cambios de líder. Tal es así, que del momento decisivo de la carrera no hay documento visual. Mi primer pálpito es pensar que nadie se había planteado que alguien pudiera atacar tan lejos de la meta en Fuente Dé; pasó y volvimos a los años 30. Me encuentro en las antípodas de su concepción ciclista, pero admito que está en una empresa privada y tiene derecho a planificar la carrera a su antojo e imprimir su propia filosofía. Perfecto. La realidad, por mucha lobotomía que se haga, es que en 2012 volvió a ser la tercera gran ronda por etapas del año por detrás de Tour y Giro.

Es un acierto el regreso del Monachil y su encadenado con el alto de Hazallanas, aunque la organización se exceda y lo venda como “alta montaña”; el bloque pirenaico -Collada de la Gallina, Peyragudes y Aramón Formigal- está diseñado para producir diferencias reseñables. En la etapa granadina y en las dos primeras del tríptico de los Pirineos se incluyen duros puertos de paso -Monachil, Envalira y Balès- como preámbulo a la subida final. Son, por tanto, etapas que van más allá de los diez minutos finales de fuegos artificiales y el ver a los ciclistas subir haciendo eses por rampas como la de Valdepeñas de Jaén. Lo que yo entiendo por una etapa de una gran vuelta por etapas y no un Montelupone de una Tirreno – Adriático, por ejemplo.

El Angliru cobra una magnitud elevadísima para la organización, que ha corrido un enorme riesgo poniéndolo el penúltimo día de carrera cual Stelvio. Con los Pirineos precediendo la diagonal asturiana hacia el cielo, se corre el riesgo de que las diferencias sean lo suficientemente elevadas (algo insólito estos últimos años) como para que el champán sea un espumante del montón. O, visto del otro lado, que el segundo en la general deba arriesgar tanto que la etapa cobre un tinte más épico aún del que supone para cualquier profesional del ciclismo pasar indemne por La cueña les cabres. La meta en el Naranco es otro aliciente más para la promoción de una ciudad maravillosa como Oviedo.

Me gusta la contrarreloj por equipos inicial, desde la idea de salir de una batea en Vilagarcía de Arosa y el recorrido hasta Sanxenxo. Por su longitud, es algo más que el tradicional prólogo. Y las diferencias pueden aumentar en la subida a A Groba, en Baiona. En Finisterre, la realización -si sabe lo que tiene entre manos-, debería jugar con el faro, las cortadas y el pequeño islote tras el “fin del mundo”, al que se llegará por una de las rutas más bonitas de España, pasando por la tortura del mirador de Ézaro. Igual sucederá con el lago de Sanabria, tras el cual La Vuelta pondrá rumbo sur -no hay guiño a Ponferrada, como sí ha hecho el Giro con Florencia- hacia el calor de Extremadura y Andalucía a finales de agosto. Las bonificaciones y Hazallanas harán las primeras diferencias antes de la crono individual de Tarazona, que incluye una incursión en las faldas del Moncayo y lo que eso supone con el viento. El espíritu de la crono de Menchov en Zaragoza rondará aquel día en más de alguna cabeza.

Antes de los Pirineos, un nuevo paso por Cataluña para llegar a Tarragona y homenajear a Xavi Tondo en Valls. Ese día se subirá el durísimo pero intrascendente por su colocación Rat Penat. Y, por fin, la alta montaña. Así vende Unipublic la etapa de la Collada de la Gallina:
“El entonces inédito puerto de la Collada de la Gallina nos permitió ver una de las batallas más atractivas que se recuerdan en el ciclismo moderno. Valverde, Joaquim Rodríguez y Contador hicieron que los aficionados se engancharan definitivamente a una carrera que batió todos los records”. (Me confieso fan del ciclismo antiguo).

Entre el bloque pirenaico y las etapas asturianas, se encuentra Peña Cabarga; para muchos aficionados, un aliciente perfecto para creer en el resurgir de Juanjo Cobo tras un 2012 por el que ha pasado sin hacer ruido. Madrid espera a los valientes el domingo 15 de septiembre, tras salir de uno de los numerosos centros comerciales que pueblan el extrarradio de la capital. Por el camino, 13 finales en alto entre cuestas de cabras, media y alta montaña, 10 finales inéditos y ni una sola etapa con final más allá de la cima a la que llegue el pelotón. La Vuelta 2013 explota hasta la hilaridad su apuesta por el ciclismo fugaz, aunque por el camino se deje al aficionado español de toda la vida y olvide al resto del mundo.
Web oficial: http://www.lavuelta.com/