martes, 2 de octubre de 2012

Giro 2013: un caramelo engañoso para Wiggins (II)

A la espera de la publicación en España de un libro sobre Marco Pantani que pinta muy bien, el Giro ya ha puesto fecha a su particular homenaje a la victoria del de Cesenatico en el Tour del 98. Será el 19 de mayo, sin la Croix-de-Fer pero con el Mont Cenis y el tradicional encadenado del Télégraphe y el Galibier, en el que Pantani se hizo leyenda en un día de perros. El Giro premia la cara amable de un corredor que al año siguiente protagonizaría el mayor escándalo desde el 'caso Festina'. Imposible olvidar la mano vendada del 'Pirata', su cara taciturna en aquel hotel de Madonna di Campiglio y la voz de Ana José Cancio. Aquel día Pantani se dio de bruces con la realidad y comenzó el declive que le llevó a una muerte tan desgraciada como predecible.

Segundo día de descanso. Ya no habrá más tregua. Desandando el Mont Cenis por su vertiente francesa, el Giro regresará al Piamonte para subir el Andrate y jugarse la victoria en el descenso a Ivrea tras una paliza de 237 kilómetros. La 'Corsa rosa' se gana a los puntos, como un combate igualado de boxeo. Todo esfuerzo de más sin premio y cada oportunidad desaprovechada cuentan. El llano entre Caravaggio y Vicenza -203 km.- parece irrelevante ante la magnitud del tríptico de etapas final. Para abrir boca, una cronoescalada a Polsa, una subida de 20 kilómetros sin rampas de entidad pero en la que se pueden abrir diferencias. El último ejemplo, la “exhibición – espejismo” de Alberto Contador en Nevegal hace año y medio.

El Galibier, final más alto en la historia del Tour de Francia (Andy Schleck, 2011), queda eclipsado por dos gigantes que nunca han coincidido. Gavia y Stelvio son vecinos que, para el ciclismo, no parecen llevarse bien. O lo parecían. El único año en que ambos formaron parte del Giro, en 1988, el Gavia se subió en una auténtica “animalada” que hoy es épica de este deporte. El Stelvio esperaba al día siguiente pero el tiempo desaconsejó su ascenso. En 2013 coincidirán y, además, lo harán juntos, encadenados, porque aunados multiplican su grandeza. La subida larguísima a Val Martello acabará con los sueños de algunos y afianzará el idilio con la 'maglia rosa' de otros. En solo 128 kilómetros, el pelotón superará más de 7.000 metros de desnivel, con un desajuste térmico brutal. Sobre el papel, una de las etapas más duras de toda la historia del ciclismo.

Acostumbrados a jornadas a veces interminables, a la vieja usanza, el Giro también apuesta por etapas explosivas. Como ejemplos, en 2009 el Blockhaus se coronó tras solo 83 kilómetros, sin puertos previos. El Tour apostó por un recorrido exprés entre Modane y Alpe-d'Huez en 2011 -109 km.- y Alberto Contador puso patas arriba la carrera en la subida al Télégraphe (otra “carrera – espejismo”). Pero en 2013 no habrá terreno de aproximación. La salida en Ponte di Legno dejará a los corredores en plena brecha shakesperiana. Alguno querrá volverse al hotel o despertar de esa pesadilla.

El contraste con la brevedad llegará el último sábado. La batalla final. 202 kilómetros y nuevamente 7.000 metros de desnivel para tocar el cielo en las Tre Cime di Lavaredo, corazón dolomítico, tras 140 kilómetros sin pausa. Un subir y bajar entre el Passo Costalunga, San Pellegrino, el durísimo Giau -el Giro también se puede decidir en su bajada, donde Nibali atacó en 2011 tras un ataque tímido de Contador a poco de coronar-, y el Passo Tre Croci antes de llegar a los tres macizos más famosos del ciclismo mundial. Allí donde el 'Tarangu' sigue volando vestido con la 'maglia verde' de la montaña, quizá silbando la canción del precioso documental 'The greatest show on earth'.

La última imagen de las Tre Cime, en 2007, es la de Riccardo Riccó, 'cobra' hoy convertida en víbora apestada. El ciclismo es un deporte más limpio que hace quince años, pero por desgracia sigue siendo una fábrica de juguetes rotos.

El domingo, cuando todo haya acabado en Brescia tras siete vueltas a un circuito final, para muchos habrá terminado la pesadilla; otros lamentarán las ocasiones perdidas, el conservadurismo. Sólo uno disfrutará del confeti y del trofeo más bonito del ciclismo. Si es español, que no vuelvan a cantar el himno, por favor.

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