miércoles, 19 de septiembre de 2012

Demasiadas cuentas pendientes en el Cauberg

¡Cómo hemos cambiado!, que dirían 'Presuntos Implicados'. En 1998, España vivía de las contrarrelojes de Melcior Mauri y Abraham Olano, dos bazas de primer nivel en los Mundiales. Aquel fin de semana en Valkenburg, mientras Camenzind se vestía de arcoíris, Armstrong confirmaba que su metamorfosis no le hacía perder un ápice del clasicómano que fue antes del cáncer, al tiempo que un pinchazo amargaba al pobre Michael Boogerd, 'Chente' García Acosta, acostumbrado gregario, llegaba duodécimo a la meta, primer español en la prueba de línea. Decimoséptimo, a un mundo -14:46-, aparecía empapado Óscar Freire, el hombre que lo cambió todo.

Sea cual sea el resultado, España cuenta de nuevo con el tricampeón cántabro en un recorrido cuyo circuito es clavado al de aquella edición. Diez vueltas por el Limburgo holandés, después de una primera parte inicial de cien kilómetros en constante tobogán para que se forme la fuga y el pelotón decida si permite el esperpento de ser doblado por los cabeceros. Estuvo a punto de pasar en Melbourne, fue un aviso para los organizadores; estos prefieren, empero, correr el riesgo con tal de promocionar la región. Si el pelotón es doblado, lo habrán conseguido: quedarán para la historia.

Bemeleberg y Cauberg harán las selecciones progresivas del grupo. A Freire se le cruza de nuevo el Cauberg, ese montículo urbano en pleno Valkenburg que ofrece año tras año la pintoresca escena de miles de holandeses, cerveza en mano, esperando el paso de la Amstel Gold Race, una carrera que ningún español ha ganado todavía, quizá minusvalorada por el peso de la Lieja-Bastogne-Lieja y del nuevo arraigo de la Flecha Valona; otrora terreno de sprinters que vieron cercenadas sus opciones con la inclusión del Cauberg. Y en Freire aparece el recuerdo de lo que pudo haber sido este año, volando en solitario por sus rampas, sin un piñón más, atrancado al final, cazado en el final más agridulce que puede haber para un ciclista que ve la meta y atisba el podio y su nombre gritado por la megafonía.

Aquélla fue una estrategia inusual de carrera que, salvo hundimiento general de la selección, no debería darse. José Luis de Santos cuenta con Joaquím Rodríguez y Alejandro Valverde para saltar a cualquier movimiento de las demás selecciones en las últimas vueltas. La falta de comunicación o la dejadez -véase la prueba olímpica de Londres 2012- llevarán al fracaso, en mayúsculas a tenor del nivel de los dos corredores en la Vuelta a España. La carrera y las fuerzas de cada uno decidirán en último término, pero estos tres corredores -Freire, Rodríguez y Valverde- deberían ser los líderes del equipo.

Y deberían serlo por ascendencia y por opciones reales de ganar. España no puede especular con sus nueve corredores; el único objetivo en la cabeza de todos ellos ha de ser el maillot arcoíris. Solo hay un problema: no se duda del buen trabajo que harán Flecha, Moreno, Castroviejo y Lastras, pero Contador y Samuel Sánchez suscitan ciertas reservas. A saber, el estado del asturiano, tras una segunda parte de la temporada caótica por las caídas y la falta de continuidad, y el problema de qué hacer con el pinteño. En Pekín, Contador apenas contribuyó en su rol de gregario; por otro lado, su pobre sprint le resta cualquier opción de ganar a menos que sea en solitario. ¿Qué hará De Santos: lo usará para infiltrarse en una fuga a cuatro, tres vueltas del final o le exhibirá en el grupo como elemento disuasorio para otras selecciones? Esta última hipótesis está cogida con pinzas, toda vez que a pesar de la victoria en la Vuelta, 'Purito' Rodríguez le hizo un corredor vulnerable en subidas explosivas y de poca longitud.

En Segovia, Valverde comprobó de primera mano cómo Philippe Gilbert aprovecha cualquier metro a su favor. Habrá que marcar de cerca al belga, renacido en este final de campaña. Su primer año en el BMC, a razón de casi cuatro millones de dólares al año, ha sido mediocre. Fue un arranque de furia del valón el que desató las hostilidades en el Cauberg y finalmente dejó a Freire con la miel en los labios en la Amstel. A su lado emerge la impresionante talla de Tom Boonen, en un circuito demasiado exigente para el de Mol. Así que, como Freire y el resto de velocistas, buscará que le lleven hasta la base del Cauberg. Si los demás equipos endurecen la carrera, sus opciones se desvanecerán pronto.

Bélgica y España parecen los dos equipos más potentes. Italia siempre asoma, este año con Capecchi y Nibali, pero la 'azzurra' ha naufragado desde el nombramiento de Bettini como seleccionador. Froome, en una decisión controvertida, prioriza la ruta y no disputará la crono, en la que sus posibilidades de obtener una medalla eran mayores. Sagan afirma que no está en su mejor momento, pero si llega con opciones al último paso por la cima del Cauberg, será el favorito número uno. Voeckler y Chavanel cargarán con la responsabilidad de Francia; Holanda, salvo que se mueva de lejos, tiene opciones remotas de ganar. La cota más famosa de Valkenburg pondrá a cada cuál en su sitio.

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