domingo, 1 de abril de 2012

Retazos del Tour de Flandes

A veces, una carrera puede decir más con dos números que con el carrusel de kilómetros acumulados en las piernas. 106 corredores cruzaron la amplia línea de meta en Oudenaarde; 93 de sus compañeros quedaron por el camino. Calambres, fatiga, inexperiencia, falta de forma, caídas y bajarse de la bici buscando el refugio cómodo del coche de equipo como remedio al dolor punzante y continuo. Eso los más afortunados. Otros encuentran sin solución de la continuidad la camilla de una ambulancia mientras los fotógrafos retuercen sus cuerpos para captar la mueca más perfecta del sufrimiento ajeno. Para Fabian Cancellara y Sebastian Langeveld, se acabaron por este año los planes de futuro sobre las piedras. Sus clavículas requieren un parón obligado.

En el plató de entrevistas de la Sporza -gracias, televisión flamenca, por cuidar el producto-, Filippo Pozzato ejercía de hombre-milagro. Al tercer día de haberse roto y operado el hueso maldito de todo ciclista ya montaba en bicicleta; al cuarto no sentía dolor. Era mediados de febrero y el estilete de la Farnese Vini arriesgaba para ganar. Discreto en el último mes -salvo su sexta posición en la Milán-San Remo-, apareció el día esperado y su ataque en el último paso por el Oude Kwaremont estremeció al pelotón. Reducida la lucha a tres balas, el italiano tensó la cuerda en el Paterberg y llevó al límite a Tom Boonen. Alessandro Ballan, en su mejor forma en años, quedaba intercalado entre ambos antes de dejar atrás, hasta el año próximo, el pavés de De Ronde.

Nick Nuyens, forzado analista para la cadena belga por su lesión, era preguntado por la diferencia de recorridos. ¿"Oude" o "Nieuw"? ¿Viejo o nuevo? Mi total desconocimiento del neerlandés me impide traducir lo que dijo. Pozzato, en clarividente italiano, lo tenía claro. En 2012 la prueba ha sido "más selectiva y dura". Tanto, que el italiano fue incapaz de superar al ídolo local, a la leyenda mundial. Lejos de aquel sprint de hace tres temporadas en la E3 Prijs, Boonen explotó sus piernas y su talla de coloso para ser el único con permiso para levantar los brazos. Todo un país contraído en escasos cinco segundos, tensión entremezclada con adrenalina y, finalmente, la euforia de compartir el triunfo de un ciclista irrepetible. Y sin techo por ahora. Quizá esta noche se imagine a sí mismo entrando victorioso en el velódromo Jean Stablinski de Roubaix el próximo domingo.

Una carrera dice mucho con sus números. Dos corredores españoles se filtraron en la escapada buena de la jornada. Peio Bilbao (Euskaltel-Euskadi) y Pablo Lastras (Movistar). Pese a ser absorbidos por el gran grupo dos horas antes del final de la carrera, los dos quisieron completar los 255 kilómetros del día más fascinante de la temporada. El primerizo ilusionado y el veterano risueño, los dos a más de 15 minutos del nuevo 'León de Flandes'. Desde aquí todo el respeto para ambos.

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