miércoles, 22 de febrero de 2012

Fallida inteligencia conservadora

Al Real Madrid le sobraron 30 segundos de película. Se levantó del cine, como el 90 por ciento de los espectadores de un cine, al intuir los créditos finales todavía en la penumbra de la sala y olvidó que la proyección no acaba hasta que el negro se apropia por entero de la pantalla. Encajó un gol evitable, que no cambia en absoluto la eliminatoria -el C.S.K.A. está igualmente obligado a marcar en el Bernabéu-, pero que lastra el buen resultado que había mantenido durante casi una hora de gris fútbol.

Costó demostrar que el equipo se había estudiado la lección. Doumbia, Musa y Tosic rompieron la salida del balón madridista con un poderoso desgaste, generando superioridades en ataque. Ramos y Pepe entendieron el juego, nada de exquisiteces, mejor perder el balón en el campo rival con una patada a ninguna parte, como los recurrentes despejes de Casillas. Khedira, en cambio, pecó de relajación con dos pases en horizontal, paralelos a la línea divisoria. Por suerte para sus compañeros, recuperaró su sitio y se desdobló como siempre, entre los dos centrales en defensa, apareciendo en la segunda línea en el ataque. Hacia el alemán se dirigía el centro de Coentrao que, gracias a un pésimo despeje de Schennikov, Ronaldo pudo definir a gol.

Se abría la eliminatoria para el Madrid, al que le bastó la tercera llegada al área para marcar. El primer intento, una volea desviada a cargo de Benzema, provocó la lesión del francés. Tres semanas de baja, el tiempo justo para regresar en el partido de vuelta. Higuaín cargó con el ataque con su característico juego bravo aunque sin premio de cara a la portería. Callejón, perdido en los instantes iniciales del segundo tiempo, recobró el sentido y dejó una exquisitez sin premio antes de dejar su puesto a Kaká, tan intermitente como Özil.

Algunos jugadores criticaron con la boca pequeña al árbitro, el holandés Björn Kuipers, que bien es cierto se mostró a veces demasiado permisivo en las acciones de contacto. Pero Xabi Alonso -Dzagoev fue un quebradero de cabeza para el tolosarra- y Fábio Coentrao -muchos problemas en defensa- deben agradecerle a su criterio el que no acabaran en la calle. Tarjetas propias del juego, no así como la de Sergio Ramos, "pico de oro", que aún no ha entendido que la Champions deja muy poco margen de error a los defensas y su comportamiento puede condicionar eliminatorias futuras.

Tuvo que llegar el gol del empate cuando Raúl Albiol estaba ya sobre el astroturf del Estadio Luzhniki y los españoles decidieron blindar su zaga con cinco unidades. Para Arbeloa y Coentrao, la raya divisoria tenía una segunda dimensión; había una pared de cristal invisible que les impedía el paso al ataque, aleccionados desde la banda por Mourinho. El entrenador portugués, que estuvo a 30 segundos de repetir el resultado obtenido con el Inter hace dos años, jugó pensando en 180 minutos con la mentalidad más austera del Real Madrid en 2012. El gol de Wernbloom es una nueva enseñanza en el camino hacia la perfección colectiva.

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