lunes, 13 de febrero de 2012

Doce magníficos en Zagreb

Ya no sé qué más tiene que hacer el fútbol sala para ganarse por derecho propio la apertura de una portada y no un hueco reducido junto a ventanas abiertas al SEXO con mayúsculas. Quizás la próxima Eurocopa deba jugarse un lunes de noviembre en horario de máxima audiencia -pongamos las cuatro de la mañana-, o que los árbitros no concedieran un gol legal de penalti, como sucediera con Rusia hace dos años. El escándalo vende y los guiñoles de Canal + Francia han elevado el histerismo de un país con cinco millones de parados. Sería paradójico que una selección hexacampeona de Europa tuviera más minutos en el aire en un país que no es el suyo, pero todo puede suceder en una España pendiente del nuevo corte de pelo de Mourinho o del constipado del Barcelona en el Reyno de Navarra.

El caso es que la selección lleva 106 partidos sin perder y ya suma 2 Mundiales y 6 Eurocopas en su asombroso palmarés. Sí, se perdió en el Maracanazinho ante Brasil, pero en los penaltis. Falló Marcelo y todavía recuerdo sus lágrimas, pero fue una nueva exhibición de supervivencia de un equipo que se reiventa cada dos años. El mérito de España radica en que sus triunfos son cada vez más valiosos porque los otros equipos evolucionan y acortan distancias con los hombre de José Venancio López. Eslovenia, Rumanía, Italia, Serbia, Ucrania, la eterna Rusia y una pujante Argentina se asoman a la élite de la que Brasil y España son rey y reina.

España revalidó el Europeo de 2010, tras el que Javi Rodríguez y Daniel Ibañes se despidieron de la selección, con una nueva camada de prometedores futbolistas. Lin ya estuvo hace dos años y ahora es todo un veterano escoltando a Miguelín, Rafa Usín, Alemao, Aicardo y Sergio Lozano. La guardia pretoriana -Luis Amado, Kike, Torras, Ortiz y Borja- aporta lucidez en los momentos decisivos e impregna con su sapiencia a los nuevos. En el banquillo, Juanjo o Cristian para guardar la portería. Sin el lesionado Álvaro y sin la referencia de Fernandao en ataque, el equipo se perfiló para un juego vistoso, sin pivote estático.

La calidad y una dosis de fortuna en el gol primer gol de Sergio Lozano ante Rusia empujaron a la selección hacia una remontada casi irrealizable tras el golazo de Pula. Confundir al guardameta Gustavo requirió toda clase de ardides futbolísticos; el brasileño tapó todos los huecos hasta que un mal apoyo tras su enésima parada le relegó al banquillo. Con Zuev sobre el campo, Lozano consiguió marcar el tanto que había buscado desde el debut frente a Eslovenia. El máximo goleador de la Liga apareció en el momento determinante. Su eclosión me recordó a la de Pedja Mijatovic, huérfano de goles hasta la final de aquella séptima Champions.

Algunas cabezas pensantes se niegan a dar cabida al fútbol sala en los Juegos Olímpicos. "Demasiado parecido al fútbol", dicen, sin darse cuenta de que lo mismo se podría pensar del ping-pong y el tenis por esa Reductio ad absurdum. En algún momento, la gente que ama este deporte le ha dado vueltas a esta injusticia. Mientras España sigue dando alegrías y agigantando su leyenda, los medios se olvidan de reivindicar este sueño. Sin duda es más importante que un autobús se haya llevado la puerta del coche de Gerard Piqué. ¿Quién osa cuestionarlo?

No hay comentarios:

Publicar un comentario