martes, 10 de enero de 2012

Una Vuelta desequilibrada

Antes del inicio de la pasada Vuelta a España, entrevisté por teléfono a Abraham Olano. Fueron 15 minutos de interesante conversación, en la que el director técnico de la carrera me explicaba que, a la hora de hacer el recorrido, se tenía que tener en cuenta que muchos ciclistas llevan casi 9 meses de competición en las piernas y, consecuentemente, intentan dosificar la dureza. Sin embargo, las incongruencias se mantienen año tras año, he aquí la rampa inicial del Mirador de Ézaro, un escalofriante 30%, o los tramos de la Bola del Mundo y el Cuitu Negru al 25% de desnivel.

Quedan menos de 24 horas para que Unipublic desvele el recorrido de la tercera "grande" del año (Teledeporte, 12:00 horas), pero los compañeros del diario As han ofrecido en primicia el recorrido final, al que sólo le faltan los kilometrajes. Como siempre que la organización que comanda Javier Guillén presenta el trazado de la Vuelta, ésta no deje indiferente a nadie. Habrá a quien le entusiasme el regreso a Pamplona y a Barcelona o la consolidación del País Vasco, otros estarán encantados con los 10 finales en alto. En mi caso, me apena la reiterada falta de variedad.

Siempre teniendo en cuenta la noticia del As -con el riesgo de no reflejar exactamente el recorrido original-, no entiendo por qué en ninguna de esas 10 etapas se ha pensado en finales en bajada o con falso llano tras la subida final. Respeto la filosofía de Unipublic -finales de etapa vibrantes y que deparen pocas diferencias para que la general se mantenga viva hasta la última etapa-, pero no me canso de ver a Contador y Andy Schleck destrozando el Tour 2010 en la Madeleine -cuesta arriba y en el llano final-, a Arroyo jugándose el tipo camino de Aprica ese mismo año en el Giro, o a Samuel Sánchez arriesgando en el descenso desde el Puerto de Navacerrada a La Granja de San Ildefonso en 2009. La épica se impone siempre a cinco minutos de ciclismo concentrado.

¿Por qué no acabar la etapa de Ancares en Navia de Suarna, por ejemplo? Un pueblo que apenas supera los 1.000 habitantes, pero ¿no lo ha hecho el Giro alguna vez? ¿Por qué no también la Vuelta? En tres días, se suceden tres etapas que deberían marcar la clasificación general: Ancares, Lagos y Cuitu Negru, las tres en alto. ¿Qué tal algo de variedad para obligar a directores  y ciclistas a algo más que esperar a la pancarta de 5 kilómetros a meta para "mover el manzano"? Puede que la apuesta sea un éxito para Unipublic, pero corren el riesgo de que los últimos kilómetros de las etapas de Valdezcaray, Fuerte Rapitán, Mirador de Ézaro y Fuente Dé sean iguales: último kilómetro explosivo y mismo ganador.

Etapas como las de Valdezcaray o Ézaro -mucho ojo al viento costero- componen un kilometraje de terreno "pestoso" interesante para los aficionados, pero la Vuelta adolece de media montaña. De un plumazo, se pasará de finales explosivos a la alta montaña. Falta por saber qué puertos jalonarán los recorridos de Arrate, Coll de la Gallina, Ancares, Lagos -espero que no sea el único puerto del día- o Cuitu Negru. Dos contrarrelojes -la previsiblemente corta crono por equipos del primer día en Pamplona y una dura prueba individual entre Cambados y Pontevedra- en un recorrido demasiado favorable a los escaladores. Una segunda crono individual, por ejemplo en Madrid, haría el recorrido más compensado.

Valverde y Contador (dependiendo del veredicto del TAS) serán, a tenor de sus intenciones y  los mensajes que han lanzado, los dos corredores españoles que luchen por la victoria final. Con interrogaciones estarían Joaquim Rodríguez y los Euskaltel Antón y Nieve. A todos ellos favorece un trazado desequilibrado por el norte y centro de la Península. Un traslado desde Barcelona a Pontevedra permitirá al pelotón seguir su andadura. Sobre el mapa se dibuja un arco discontinuo que lanza pequeñas flechas. Las llamaradas de una carrera extraña que innova pero siempre se repite.

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