lunes, 23 de enero de 2012

El Bernabéu abre la boca

José Mourinho se pegó al cómodo sillón de su banquillo y no lo abandonó en todo el partido. Ni siquiera cuando Llorente fusiló a Casillas a los diez minutos y adelantaba al Athletic, tampoco cuando el espigado delantero rojiblanco desperdiciaba por un mal golpeo un nuevo mano a mano con el centenario portero madridista -600 partidos oficiales-. La fragilidad defensiva del Real Madrid apenas preocupaba al entrenador portugués, que daba órdenes a través del preparador de porteros Silvino Louro.

A trompicones, sin guión claro, Marcelo empató en el primer tiempo y Cristiano Ronaldo daba dos dentelladas a la red de Iraizoz desde el punto de penalti. Con la expulsión de De Marcos, el centro del campo madridista pudo imponer el fútbol control que no había existido durante la primera hora de partido. Callejón, diez minutos de encuentro jugados, fue de nuevo oportunista, marcó y se besó el escudo. La victoria plácida, incontestable, propició que desde el fondo sur se escuchara el famoso "José Mourinho, José Mourinho". Sorprendentemente, parte del estadio respondió al cántico con pitos.

El respaldo de la afición blanca al técnico luso roza casi el mismo nivel de tolerancia absoluta de que goza desde la junta directiva del club. Pero el miércoles, Mourinho modificó la idiosincrasia del Madrid y eso no gustó al público "soberano", que diría Di Stéfano. El juego simplón y amedrentado que planteó el miércoles ante el Barcelona sorprendió primero y decepcionó a la afición blanca. Pese a la victoria parcial al descanso, el proyecto azulgrana se mantuvo inquebrantable en el Bernabéu, no cambió y de nuevo ganó al eterno rival.

La portada del diario Marca del pasado domingo no fue comentada por el entrenador mejor pagado del mundo, que no acostumbra a leer la prensa y muchos menos en día de partido. Y lo que es peor, se la prohíbe a sus jugadores, mayores de edad todos y con la capacidad mental para discernir entre la verdad y la mentira. Quizá escaldado por la 1-2 del Clásico, quizá pensando en repetir el mismo esquema en el Camp Nou, José Mourinho sacó a Coentrao y Altintop del once inicial que partió ante el Athletic y regresaron Marcelo y Arbeloa. La fragilidad defensiva por las bandas -muy evidente desde que arrancó el año- se mantuvo. Con su compatriota, Cristiano se fundió en un feliz abrazo que consiguió arrancar una de sus pocas sonrisas de la noche. La realización, pendiente de todo, ofreció además el otro perfil del atleta portugués. Miradas de soslayo amenazantes a Xabi Alonso. Lo que pasa en el campo, ¿se queda en el campo o hay algo más?

Pepe, descartado de la convocatoria, comenzó su exorcismo lejos de los terrenos de juego. Tras su desafortunado perdón en los canales oficiales del club, el asunto ha quedado como materia del código interno. Mientras se acrecientan los rumores sobre su salida en verano, el central portugués se aleja del foco de los medios para hacer autocrítica. Pero ¿quién asegura que esta vez vaya a reflexionar cuando no lo hizo antes?

Los pitos resonaban todavía en la sala de prensa. Comparándose con Ronaldo Nazário, Cristiano y Zidane, Mourinho explicó que era la primera vez que esto le sucedía y dejó entrever que en un futuro podría ser la afición la que estuviera "triste". No quiso justificar su cambio de esquema ante la prensa, cosa que sí suele hacer en Valdebebas, y acabó con un dardo gratuito para Manuel Pellegrini. Pero al madridismo poco le importa el pasado. El miércoles quieren que su equipo muera matando en el Camp Nou.

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