domingo, 10 de abril de 2011

Laissez faire, laissez passer

El titular es la premisa básica de una popular teoría económica. Pero ese "dejad hacer, dejad pasar" se puede aplicar también a la París - Roubaix 2011, en la que Thor Hushovd y Alessandro Ballan, por causas diversas, dilapidaron sus opciones a la victoria y las de Fabian Cancellara, permitiendo la victoria de un fortísimo Johan Vansummeren.


Semana redonda para el ciclismo belga, que triunfa en "su" clásica -el Tour de Flandes- y completa el doblete con una espectacular victoria del corredor del Garmin - Cervélo en el velódromo de Roubaix. Vansummeren, un auténtico percherón de 1,97 m., ya había demostrado en años precedentes su valía sobre el pavés, como escudero de Leif Hoste en el Lotto. Sin salir de ese trabajo oscuro, de brega constante, el belga de Lommel ha brillado con luz propia. Partiendo desde la escapada del día, con corredores peligrosos para los grandes clasicómanos, como Quinziato o él mismo, el compañero de Hushovd ha aprovechado su experiencia y su excelente condición física para salir victorioso de una París - Roubaix en la que los favoritos han jugado al enroque con Cancellara.

Pocas veces en los últimos años los segundos espadas han tenido un papel tan relevante como en la edición de este año. Desde la victoria de O'Grady, en 2007, apenas había habido margen para la sorpresa. Las fuerzas, el azar y las tácticas han traído el viento del cambio al "infierno del norte". Tanto Cancellara como Ballan se han visto completamente solos en la parte final de la carrera. Se esperaba del Leopard - Trek, donde tan solo O'Grady pudo proteger al suizo, no así del BMC. Las caídas y averías de Burghardt e Hincapie aislaron a un gran Alesandro Ballan del resto de su equipo. Salvo la meritoria actuación de Quinziato en la escapada, el resto de compañeros tuvieron un papel testimonial en los últimos cincuenta kilómetros. Pero el suspenso mayúsculo lo ha protagonizado el Quick Step, que culmina una "semana negra" en la que sólo Chavanel ha puesto algo de lustre para la escuadra belga. La avería mecánica de Tom Boonen en pleno Bosque de Arenberg le hizo correr a la desesperada a la caza del resto de favoritos. Una caída de un corredor de Rabobank frenó toda aspiración del belga, justo en el momento en que estaba más cerca de reintegrarse en el grupo principal. Y como si la mala suerte se hubiera transmitido entre Boonen y Chavanel, luego fue el francés quien sufrió primero una avería mecánica, para luego caerse de forma espeluznante luego de haber vuelto al pelotón. Domingo horrible para ambos corredores, al igual que para el invisible Pozzato, que se vio envuelto en otra caída junto con Peter Sagan, y ahí perdió todas sus opciones a los puestos de honor. Chavanel tiró de orgullo para llegar al velódromo. Boonen y Pozzato abandonaron.

Garmin - Cervélo jugó para ganar y ganó. Su estrategia, con dos corredores en la escapada y otro acompañando a Hushovd, ofrecía múltiples variantes y dejaba al resto de equipos la responsabilidad de recortar distancias con la fuga. Arriesgado planteamiento que les salió perfecto. Siendo el foco de todas las miradas, Cancellara asumió su responsabilidad y seleccionó la carrara cuando así le convino. Flecha -noveno- aguantó con soltura el primer arreón serio del suizo, pero el segundo ataque fue demasiado para el español. Sólo Hushovd y Ballan soportaron la tortura a que les sometía Cancellara. Con dos corredores en la escapada de cabeza, Hushovd le negó el relevo al ganador de 2010. Ballan, en plan convidado de piedra, le imitó. La ira de Cancellara la pagó con el coche del Garmin. Viendo que sólo él ponía de su parte para alcanzar a los fugados, el trío de favoritos se paró y permitió la entrada de Flecha, Boom y Eisel. Pero la situación para Cancellara era la misma, y su intento a la desesperada en el Carrefour de l'Arbre fue en vano. La racanería de los demás corredores dejó la carrera en manos de la escapada. Dejaron hacer, dejaron pasar su oportunidad. Sólo cuando el triunfo de Vansummeren era ya claro pudo atacar Cancellara, sin que ni Hushovd ni Ballan pudieran aguantar su ritmo. El excelso rodador alcanzó al primer grupo perseguidor, para luego batirles en el velódromo por el segundo puesto. "La manera en que he corrido es como una pequeña victoria", señaló el suizo en Sporza, recalcando que "hacer más de lo que hice hoy era imposible". Marten Tjallingii, holandés del Rabobank, acabó tercero.

Las averías y las caídas han abundado la carrera, como suele ser habitual. Este año se han cebado, de forma especial, con algunos favoritos: Boonen, Pozzato, Leukemans. Flecha estuvo muy cerca de irse al suelo en el Carrefour de l'Arbre. El hispanoargentino aguantó el equilibrio como pudo en la misma curva que en 2009 acabó con las aspiraciones de Hushovd. El pique con Boom -primera Roubaix que acaba, 12º- en los kilómetros finales queda en anécdota desagradable de la prueba.
Sin Boonen, la dualidad entre favoritos daba lugar a un abanico de posibilidades más amplio para la victoria. Hushovd ha perdido muy probablemente la mejor oportunidad de su carrera para ganar en el velódromo. Ballan ha renacido al fin después de tanto calvario. Pero la imagen del día la representa Johan Vansummeren, lágrimas en los ojos y emoción incontenible en la entrevista con los compañeros belgas. Los dos "monumentos" de pavés nos dejan el triunfo de dos corredores de un perfil menor que el de los favoritos, en dos carreras de gran espectáculo. Porque el hecho de que los primeras espadas no hayan conseguido ganar ni en Flandes ni en Roubaix prueba lo difícil que es para los mejores llegar a lo más alto.


PD2: Victoria de Cunego en los Apeninos. El italiano afina la forma para la trilogía de las ardenas. Será uno de los que marquen la pauta a partir del fin de semana que viene. Por su parte, Jonathan Hivert se ha hecho con la Klásika de Primavera en el País Vasco. Gran victoria para el Saur - Sojasun.

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