lunes, 21 de marzo de 2011

Son muchos...

Aquel poema de Ángel González que aprendí de niño, llamado Inventario de lugares propicios al amor, comenzaba así: "Son pocos." La rotundidad de esas dos palabras me da pie para invertir los términos de la misma y así poder adentrarme en la situación del ciclismo español, sana en cuanto a corredores, peligrosa a nivel de carreras. 


Igor Antón, último vencedor en Urkiola (2009)

Son muchas las carreras que hemos visto perecer en estos últimos años. La Subida a Urkiola, la Vuelta a Galicia, la Clásica de los Puertos, la Vuelta a Aragón, la Setmana Catalana han desaparecido del panorama internacional. Nombres que a los aficionados más veteranos evocan a buen seguro grandes recuerdos, y que en los jóvenes encarnan las añejas tradiciones que muchos no llegaron a ver, o que por la cortedad de su memoria novel no recuerdan. Carreras, como la Euskal Bizikleta, que hoy subsisten en la matriz de sus otrora competidoras, como último recurso para permanecer. Para ser recordadas. 

Son muchas las crisis que ha sufrido el ciclismo español en los últimos trece años, desde aquel verano del 98 que lo cambió todo. Cualquiera que siga con detenimiento los entresijos del ciclismo actual llegará con certeza a la conclusión de que nunca ha sido un deporte tan regulado, tan controlado y tan limpio -al menos de puertas hacia afuera-. Por eso cada mazazo es más duro que el anterior, porque nunca el sistema estuvo tan cerca de sincronizar sus movimientos con quienes mueven y usan la trampa del dopaje. Tenemos figuras de renombre mundial, capaces de ganar cualquier prueba del calendario profesional. Seguimos teniendo tres equipos en la élite, pero la triste relación parasitaria del ciclismo y el dopaje ha frenado la marcha de muchos patrocinadores. Los equipos y las carreras se resienten. Unos no pueden afrontar las fichas de corredores y personal, los otros carecen de fondos para cubrir la organización y los premios de una prueba profesional. Así las cosas, el descenso de categoría -y de prestigio- o la desaparición. La Vuelta a Galicia es hoy una prueba amateur. La Subida a Urkiola murió en 2010 sin visos de poder reaparecer. En ambos casos, la financiación es clave, y lleva aparejado un problema de credibilidad. El del patrocinador que invierte su dinero para asociar directa o indirectamente su imagen a la del dopaje.

Son muchos los beneficios de organizar una carrera. Promoción turística de la región, acuerdos con sponsors, acceso de los más jóvenes a los ciclistas profesionales, el enganche perfecto para que se aficionen definitivamente a este deporte. Pero es imprescindible la ayuda de la televisión. Es la única manera de poner en el mapa a aquellas carreras que, pese al buen elenco de participantes, apenas suscitan más que un "breve" en los periódicos y una pésima colocación en las cabeceras de los medios digitales. Sí, ya sé que es más barato traducir un programa sobre juegos extremos o curling que realizar un directo. Pero en el caso español el ciclismo, coto exclusivo de Televisión Española y de demás televisiones autonómicas, podría ajustarse a lo que se conoce como "servicio público". Es loable la atención que las cadenas regionales prestan a sus carreras. Es una pena la poca repercusión de la centenaria Volta a Catalunya en TVE, treinta minutos a deshora. El ciclismo es uno de esos productos que están hechos por y para el directo. 

Sirgas castellanas: ¿posible escenario del pelotón?

Son muchos -y ahora en modo positivo- los patrocinadores que siguen fieles a este deporte. Auténticos masoquistas que se mantienen pese a todo, que permiten que el ciclismo siga existiendo. Me encantaría ver, por ejemplo, a "Loterias y apuestas del Estado" competir contra la "Française des Jeux" y "Lotto". No soy economista, desconozco cuánto tardaremos en salir de este túnel económico al que España no le ve la luz. Me gustaría creer que, una vez pasada la crisis, hablaremos del retorno de las carreras olvidadas, incluso, por qué no, de nuevas iniciativas. La romántica idea del GP Canal de Castilla es una interesante iniciativa que podría convertir las sirgas de la meseta norte en el Tro Bro Leon español. Una nueva forma de concebir el ciclismo en nuestro país y que podría ser muy sugestiva para los espectadores. Para que podamos seguir diciendo que son muchas.

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