martes, 2 de noviembre de 2010

A.S.O. y el Bosque de Arenberg




La semana pasada varios medios digitales se hicieron eco de las palabras de Joel Lainé, Director de la París - Roubaix. Este caballero, cuyo nombre hasta ahora no resultaba para nada conocido, ha generado con sus declaraciones al diario belga Het Nieuwsblad todo un torrente de críticas hacia su persona y hacia la ínclita organización que representa, la Amaury Sport Organisation o A.S.O.

Resulta cuanto menos paradójico que el señor Lainé pusiera en duda la inclusión del Bosque de Arenberg en la París - Roubaix de 2011 nada menos que en el periódico que organiza el otro "monumento" con pavés, el Tour de Flandes. Ya de antemano el mes de abril nos asegura comenzar con las espectaculares imágenes de los mejores flandriennes serpenteando sobre el rocoso adoquinado del Kapelmuur, cada corredor luchando contra su propio límite, concentrando sus fuerzas en subir "a golpe de riñón" hasta la gloriosa capilla de Geraardsbergen.



Sin embargo, poner en jaque la presencia de este símbolo del ciclismo de antaño, cuyo nexo con el tiempo presente es su tardía aparición en el "Infierno del Norte" -1968-, es dar lugar a que uno de los santuarios del ciclismo deje de brindar a los aficionados una imagen. La imagen. Hay carreras cuyo peso está por debajo de la simple imagen de una motocicleta, cámara a ras de asfalto, enfilando a sesenta kilómetros por hora esa recta eterna, infinita, en la que el asfalto deja paso al irregular y traicionero adoquín. Es el pavés en estado puro, es Arenberg, es la París - Roubaix.

Algunos argumentarán que el consabido Bosque es más plástico que decisivo. Puede ser. Ciclismo y belleza son hermanos siameses desde su mismo parto. Pocos deportes transmiten tanta belleza como lo que representa ver a todo un pelotón adentrarse en el mismísimo corazón del infierno. Sin frenos, acelerando más y más hasta que ese binomio tan especial ciclista - bicicleta comienza a temblar y a deslizarse sin rumbo fijo por entre los miles de aficionados que les jalean como a héroes. Arenberg ya no decide la carrera como antaño, pero sí evidencia la primera selección entre quienes se jugarán la victoria en tramos posteriores o, a la postre, en el velódromo de Roubaix.


Entrar en la dinámica de eliminar tramos de pavés per se, sin motivo aparente, puede sumir a la París - Roubaix en una espiral negativa que la haga perder su sabor de antaño. Si el Bosque de Arenberg está dañado, entonces no habrá problema. Pero si los dirigentes de A.S.O. desean suprimir esos casi tres kilómetros de superación personal por las buenas, estarán tirando piedras contra su propio tejado. Seán Kelly afirmó aquéllo de una París - Roubaix sin lluvia no es una París - Roubaix. Sin Arenberg, será menos Roubaix. Si quieren recortar kilometraje en el Tour, adelante. Pero no deben desprenderse del espíritu de las carreras del pasado, carreras que resultan más atractivas que muchas vueltas por etapas. Todo esto quedará visto para sentencia el 15 de diciembre, día de la presentación oficial de la próxima edición de la Roubaix.

PD: Cyclingnews.com que Fabian Cancellara se plantea correr la Vuelta al País Vasco y renunciar a Flandes y Roubaix para preparar su salto a la Lieja - Bastogne - Lieja. La ambición del flamante tetracampeón mundial contrarreloj es respetable y cuanto menos elogiable. Pocos corredores en el pelotón actual -Gilbert es quien surge inmediatamente- comparten similar actitud. Sólo él parece predestinado, por el momento, a intentar lograr los cinco "monumentos". A finales de abril la preparación y la fortuna decidirán si el nuevo fichaje del "Luxembourg Pro Cycling Project" obtiene su objetivo. Con los hermanos Schleck en liza, ¿habrá entendimiento entre los tres?

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