viernes, 29 de octubre de 2010

Cincuenta años entreniendo al mundo




Para muchos argentinos fue duro aquel invierno del año 79. Los Ford Falcon no tenían tanto protagonismo como en los primeros años de la durísima dictadura de Videla. La situación, además, se encontraba en un impás casi completo ante la inminente visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Aún así y todo, era duro. El frío austral se hacía notar en las madrugadas, pero no importaba. Millones de argentinos quedaban pegados al televisor para contemplar el nacimiento de una generación llamada a seguir la estela marcada por los Kempes, Fillol, Bertoni o Passarella. Una camada imberbe que, a pesar de su juventud, elevó su juego a los más altos cánones estéticos e hizo del fútbol una oda al arte. En aquel Mundial Juvenil de Japón, Ramón Díaz se hinchó a marcar. Le arropaba un equipo en el que brillaba un jugador superlativo, un elegido. Diego Armando Maradona. Menotti armonizaba las piezas, el eterno diez albiceleste disponía sobre el campo, haciendo mejores a sus compañeros, jugando por encima del resto. Una constante en su carrera. Nació para destacar. En la final, pasaron por encima de la desaparecida U.R.S.S.

"En una villa nació, fue deseo de Dios..." La canción que Rodrigo Bueno le dedicó y que se hizo mundialmente famosa retrata de forma simple pero certera la infancia de Maradona. Un niño con un don que desarrolló en los potreros de Villa Fiorito -al sur de Buenos Aires-, y por el que la gente pagaba por ver jugar ya desde chico. Quemaba etapas futbolísiticas a la velocidad de un rayo, el de su zurda de terciopelo. Debut a los quince años en Primera, con Argentinos Juniors. A los dieciséis ya lo había hecho con la selección argentina absoluta. Se quedó a las puertas de jugar el Mundial 78. Tendría tiempo para desquitarse.



Diego es el hombre que alumbra futbolísiticamente a todo un país. No logró su segundo sueño en España. Harto de patadas y de oscuros marcajes, descargó toda su ira contra Batista. Los genios también saben golpear. De la Boca a Barcelona, a dominar Europa, encontrarse con Goikoetxea y habituarse al consumo de cocaína. Era una máquina de hacer dinero, más para su interesado entorno que para él mismo. Su periplo ibérico acabó como el mundial 82: a la gresca. En Nápoles le esperaban como a un mesías. Dos Scudettos y una Copa de la UEFA para un club con dinero para escribir su historia. Todo se truncaría con su primer positivo por cocaína en marzo de 1991.

"Después vino el Diego y tocamos el cielo, nos trajo la Copa cumpliendo su sueño". Así reza el "Tanta gloria, tanto fútbol" la proeza de Argentina en México 86. No tenían el mejor equipo, pero bajo las órdenes de Bilardo y la batuta de Maradona, Burruchaga llevó la algarabía a un país que en diez años había igualado a sus vecinos del otro lado del Río de la Plata. Uruguay ya no podía mirarlos por encima del hombro. Cuatro años más tarde, San Paolo rompe su magia con Maradona al pitar el himno argentino. En la final, más de lo mismo. aLs gradas del Olímpico de bullían de agitación. La pitada al himno argentino enerva al "diez", que no se contiene. Después llegó aquel penalti inexistente y las lágrimas. Amarga derrota.


Su zurda permanecía intacta mientras su cabeza perdía todo contacto con la realidad. Cada vez más metido en las drogas, el amor a sus hijas le salvó de una muerte segura. Cuesta abajo y sin frenos, el positivo en el Mundial 94 fue la puntilla. Inolvidables los instantes del sonriente Maradona de la mano de aquella enfermera. Fue el principio de su inevitable fin futbolístico.


Siempre se le perdonado todo. No hay pueblo más piadoso en el mundo que el argentino, capaz de vivir en continuas crisis económicas a costa de los mismos políticos de siempre. Cuba fue su tabla de salvación para desintoxicarse. A cambio, descubrió los habanos y abrazó el comunismo de su tatuado Ché Guevara. Al borde de la muerte en varias ocasiones, hoy parece completamente rehabilitado, lejos de la imagen que dejaba aquel rechoncho "barrilete" andante con bigote de hace unos años.

Sin embargo, hay quien no le perdona su gestión en el pasado mundial. Para algunos argentinos, Maradona ha perdido su condición de deidad por haberse entrometido en un terreno inabarcable para su brevísima carrera de entrenador. Dios o no, el hombre de melena rizada con el diez a la espalda cumple hoy cincuenta años. No podrá celebrarlos en San Paolo, como pretendía en principio, por sus problemas con la Justicia italiana. Con sus salidas de tono, sus enfrentamientos constantes con Pelé, su relación de amor - odio con la prensa. Diego. Con todo y con eso, Diego sigue entreteniendo al mundo. Para todos los mortales el tiempo se cobra su justo peaje. Incluso para quienes durante medio siglo han alimentado la leyenda de este deporte de equipo llamado fútbol, en el que por siempre brillará con luz propia.

Fuentes: http://www.el10.com/carrera-japon.shtml

http://www.xenen.com.ar/JUVENIL%201979.htm

http://www.afa.org.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=10074:hace-30-anos-argentina-ganaba-el-mundial-juvenil-de-japon&catid=166:seleccion-sub-20&Itemid=68

http://es.wikipedia.org/wiki/Diego_Armando_Maradona

http://www.spanishred.com/foro/showthread.php?t=10710

http://www.publico.es/deportes/198486/asi-paramos-a-maradona-asi-se-para-a-messi

http://www.marca.com/2010/06/29/futbol/mundial_2010/selecciones/italia/1277828090.html

http://elcomercio.pe/deportes/494913/noticia-maradona-se-enfrentara-quien-le-propino-patada-asesina-mexico-86

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