viernes, 27 de agosto de 2010

Óscar "Ringo" Bonavena: a un suspiro de tumbar a Alí (3ª Parte)




Poco a poco va quedando claro que la vida de "Ringo" Bonavena es digna de película. Alguien tuvo esa idea y pronto muchos jóvenes sabrán de las andanzas del del barrio de Boedo a través de la gran pantalla. Su carácter, fanfarrón a veces, niño en otras tantas, sus gestas y su legado le hacen merecedor de tal homenaje. Llegó a cometer excentricidades tales como cantar en televisión al son del "pío pío" o actuar en alguna obra de teatro. En las muchas victorias y en las pocas -pero muy dolorosas- derrotas. El "pies planos" era así.

Peralta, Folley, Ellis, Frazier,... A Bonavena le tocó coexistir con la época dorada en la historia de los pesos pesados del boxeo. Contra los grandes había dado lo mejor de sí pero en muchas ocasiones la talla de sus rivales se imponía al empuje de su zurda. Cayó siempre en buena lid, resistiendo hasta el último asalto. Pero faltaba probarse contra el más grande entre los grandes: Cassius Clay o Muhammad Alí, que tanto monta. Después de caer por segunda vez contra "smoking Joe", Bonavena encaraba el recién nacido año 69 de la mejor manera: victoria ante Luis Pires tras retirada en el octavo asalto del brasileño. Luego viajó a Alemania, país que le traía buenos recuerdos, para despachar al local Von Honburg en tres asaltos. Sufrió la incertidumbre de la primera pelea de su carrera que acababa en empate, ante un viejo conocido: "Goyo" Peralta, en Montevideo. Fue descalificado ante Miguel Ángel Páez (la tercera vez en su carrera) y cosechó seis victorias a caballo entre las dos orillas del Río de la Plata: cinco victorias en el Luna Park porteño y otra en la capital uruguaya. Todas por KO. Tras casi dos años de lucha, la herida de Frazier había cicatrizado definitivamente.


Con su ego crecido después de tan positiva racha, Bonavena iba a la caza del número uno. Imploró al manager del americano y el sueño dejó de ser algo quimérico. Habría combate. Sería a quince asaltos y en el sancta sanctorum del deporte mundial: el Madison Square Garden. Alí, después de sus más de tres años de sanción, permanecía invicto. Y seguía siendo tan provocador en las ruedas de prensa como antaño. No conocía a "Ringo". El argentino decidió poner en juego toda su plática y se disfrazó del propio Alí. Retador pero con la sangre fría, por primera vez el gran campeón no era quien golpeaba primero. "Chicken, chicken, pi pi pi", le espetó Bonavena con ese timbre de voz tan peculiar. Le llamó "Clay", mientras que el púgil negro le respondía con un "I'm Alí" ("soy Alí"). Cada vez más crispado, el americano se pavoneaba de las ganas que tenía de acabar con un "Ringo" que, en su salsa, le respondía con un escueto pero definitivo "Relax, relax" ("relájate, relájate").

Lunes, 7 de diciembre de 1970. Tarde de boxeo en el frío y húmedo invierno de la capital del mundo. 4 combates preceden al gran duelo de la noche. Con algo más de peso de lo que habían dado en la balanza (204 libras Bonavena por las 212 de Alí, todo hay que decirlo, 12 centímetros más alto que el argentino), el combate empezó a las 20.30. Los focos de toda la ciudad se concentraban en el Madison. Casi 20000 personas esperan que Alí refrende su condición de campeón mundial de los pesados. Bonavena es el aspirante, pero no lo va a poner fácil.
Se tantearon en el primer round, pero ambos ya dejaron pinceladas de la calidad de sus puños izquierdos. Bonavena, además, soltó algún que otro golpe antirreglamentario. Fue advertido por el árbitro Mark Conn. El juego de pies de Alí no fue tan efectivo como lo solía ser. Cuentan las crónicas de la época que al boxeador de Louisville se le vio pesado. Era, decían, un "bigfoot" contra un "pies planos" como Bonavena. En cualquier caso, era la zurda de Alí la que dictaba el ritmo del combate. El centro del cuadrilátero era para Muhammad; Óscar, por contra, se refugiaba cada tanto en las cuerdas para frenas los envates del americano.

En el quinto round, "Ringo" salió agresivo, tardó menos de un segundo en conectar un derecha-izquierda en el costado y la cara de Alí. El intercambio es cada vez más fluido entre ambos púgiles. El gran campeón americano acierta con dureza un directo a la cara del porteño. Bonavena se tambalea, pero no cae. Se abraza al cuerpo de Alí como quien busca el oxígeno para aguantar la próxima envestida. La gente comienza a runrunear. "Alí no parece estar bien", responde el comentarista para la televisión. El asalto expía tal y como partió, con el argentino encerrando a Alí en la cuerda y conectando dos izquierdazos sobre el toque de campana. Un directo seco, relampagueante, de Bonavena sobre el rostro de Alí abre el sexto asalto. Ahora es él quien domina el centro del ring, mientras Alí baila infructuosamente en derredor suyo, pero recibe otro directo. Su cara está cada vez más desprotegida. Por un momento, se oye el nombre de "Ringo" varias veces coreado por parte del público. Son sus mejores momentos en el combate.



Toque de campana, persisten los focos. Se reanuda el combate. Séptimo asalto. Visiono las imágenes y viene a mi cabeza el "Dúo de las flores" de la ópera Lakmé. La pelea cobra una nueva dimensión. Intercambios cada vez más constantes entre ambos. Algunos espectadores abuchean a Alí. Son pocos, residuales, pero crean una situación inimaginable para la gran mayoría, que enmudece ante lo que allí contemplan. Con un latigazo eléctrico de Bonavena sobre el rostro de Alí se termina el octavo round. Flanqueado el ecuador de la pelea, Argentina sueña, el mundo tiembla. Todo la fuerza de "Ringo" concentrada en el interior de su guante izquierdo se proyecta sobre la cara de Alí. El campeón se tambalea, queda a gatas sobre la lona. Rápidamente se incorpora. Ha sido un segundo. Ha sido infinito. El Madison comienza a animar y Alí muestra su mejor cara. Consigue desequilibrar al argentino, pero se muestra cansado y Bonavena sigue encontrando con suma facilidad golpes a su cara. El americano intenta bailar sobre el cuadrilátero, pero sigue recibiendo.

"Ringo" había prometido tumbar a Alí en el undécimo asalto. Fue el americano quien golpeó primero, con una derecha seca, relampagueante, sobre el rostro del argentino. Pero Bonavena se rehízo y contraatacó con una espectacular sucesión de golpes: derecha-izquierda-derecha-izquierda. Directos a la cara del de Kentucky. Resistía Alí, Bonavena perdía su osada apuesta y el sino del combate poco a poco se aclaraba. El físico privilegiado de Muhammad comenzaba a imponerse. Alí danzaba y picaba cual abeja rodeando a Bonavena. Y cuando el combate agonizaba en el último round, el campeón mundial de los pesos pesados ejecutó uno de los mejores ganchos de su carrera, a quemarropa, que hizo tambalearse a "Ringo". Cayó sobre la lona. Alí estaba al acecho -el árbitro debió haberle mandado al otro extremo del cuadrilátero, pero no lo hizo-. Se levantó tan rápido como volvió a caer, esta vez de nalgas. Segundo aviso. A los dos minutos y dos segundos del decimoquinto asalto, el cuerpo de Bonavena tocaba tierra por tercera vez. KO técnico. Todo había terminado. Argentina soñó con la proeza, el mundo vislumbraba un cataclismo, pero fue "Ringo" quien quedó sobre la lona. Alí mantenía su cetro de los pesados. 3 meses después, en una pelea ya pactada antes de este gran combate, perdería su primera pelea y su título mundial ante Joe Frazier.


Levantarse tras cada golpe se hizo una constante en la carrera de Bonavena. Esta vez todo fue muy rápido. Continuó "en la brecha", ganando peleas -12 por 2 derrotas- tras ese momento cumbre en el Madison Square. En Roma o en Hawaii, donde hiciera falta. Su último combate fue en febrero de 1976. El 22 de mayo de aquel año"Ringo" -ya 33 años, mujer y dos hijos-, está en Reno (Nevada). De madrugada acude al "Mustang Ranch", un club - prostíbulo propiedad de Joe Conforte, su por entonces representante. La relación "amistosa" entre la mujer de éste, Sally, y Bonavena, era un secreto a voces. Visiblemente alterado, salió de su vehículo crispado, ignorando las llamadas de atención de los guardaespaldas de conforte. Uno de ellos, W. Brymer, le disparó con su Remington 30-06 en el corazón. Óscar Bonavena, "Ringo", el chiquilin del barrio de Boedo, cayó para siempre. En 2007, las instalaciones se incendiaron. Entre las cenizas quedaron miles de recuerdos para la historia del boxeo, para un país que suspira por sus héroes.

Bonavena descansa en el Cementerio de la Chacarita. Murió al poco de comenzar la terrible dictadura argentina. Pero ni los militares fueron óbice para que miles de personas le rindieran homenaje en el Luna Park. El cortejo fúnebre pasó por la cancha de Huracán. En su barrio, aún hoy la gente le recuerda con un cántico eterno:

"Somos del barrio, del barrio de la quema. Somos del barrio de "Ringo" Bonavena.





Fuentes:

www.easybuenosairescity.com/biografias/bonavena.htm

http://boxrec.com/list_bouts.php?human_id=009386&cat=boxer

http://www.taringa.net/posts/imagenes/834796/Oscar-%28Ringo%29-Bonavena,-mi-humilde-homenaje.html

http://www.taringa.net/posts/videos/2119270/bonavena-vs-muhammad-ali.html

http://boxeoveleno.blogspot.com/2008/11/simplemente-ringo.html

http://www.elgrafico.com.ar/2009/10/29/C-2064-el-ultimo-dia-de-bonavena.php

1 comentario:

  1. Una gran crónica sobre la vida y obra de Ringo Bonavena.
    Pensar que con 33 años pudo caerse y levantarse tantas veces el admirable.

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