martes, 3 de agosto de 2010

La "cara B" del Tour de Francia




"Estamos haciendo del ciclismo una patraña de niñatos"
. Carlos Sastre se despachó a gusto en la meta del Tourmalet. La neblina y algo de lluvia dominaban los Pirineos, como dominan las escenas de suspense de muchas películas. Tocaba una jornada de ciclismo del bueno, y eso parecía en principio, hasta que Alberto Contador y Andy Schleck firmaron una tregua tácita que derivó en palmadas mutuas y un guiño cómplice del madrileño al luxemburgués una vez el pupilo de Bjarne Rijs hubo ganado la etapa. A Sastre Contador trató de frenarle en su intento por atacar en los primeros kilómetros de aquel húmedo día, a lo que el abulense se negó. Las declaraciones del abulense no fueron sino el culmen de lo que ha sido un Tour descafeinado por el "buenrollismo" (permítaseme la expresión) en el pelotón.


Subiendo el Balès, Andy Schleck lanza un acelerón durísimo. El maillot amarillo está muy fuerte y se nota. Contador está encerrado en el grupo y tarda un par de segundos en reaccionar. Al luxemburgués le gusta hacer alardes de superioridad en sus palabras y en sus gestos. Sólo a él se le ocurre bajar al coche del equipo en plena subida, aún a riesgo de ser atacado. Y sólo a él se le ocurre jugar con el cambio en plena aceleración, levantado, "out of the saddle", que dirían los anglosajones. Una maniobra infantil provoca que se le salte la cadena. Contador, ya lanzado a por él, contempla la escena y decide seguir. En la meta el pinteño se viste de amarillo. Se rompe el ying-yang tácito entre los dos. En la meta, Contador niega haber visto lo sucedido. Es pitado en el podio. Por la noche pide perdón. ¿Perdón por qué? ¿Por no reconocer lo evidente, es decir, que le había visto? ¿Por no haber esperado a Andy? ¿O para evitar los pitos los días venideros?

Federico Martín Bahamontes ganó gran parte de su Tour de 1959 atacando en el avituallamiento. Algunos han querido establecer paralelismos entre sus luchas y las del "águila de Toledo" con Charly Gaul, "el ángel de las montañas". Pero es imposible, eran otros tiempos, otro ciclismo más puro, más épico. Así lo resume el seis veces ganador de la montaña en el Tour en esta entrevista a AS. Claudio Chiappucci se unió a Induráin en aquella mítica fuga hacia Val Louron atacando también en los kilómetros habilitados para comer e hidratarse. Eddy Merckx esprintaba por cualquier premio, tanto es así que una vez llegó a demarrar para pasar por debajo de una pancarta del Partido Comunista Italiano. ¿Desde cuándo se deben dejar las migajas para los demás?

Nadie duda de que, sin el incidente mecánico de Schleck, Contador habría luchado por el triunfo en el Tourmalet. Por desgracia, sus declaraciones post-etapa encolerizaron a muchos seguidores, no por lo que había hecho, sino por que negó haber visto a Andy clavado sobre el asfalto. Los corredores de generaciones pasadas (el propio Bahamontes, Hinault, Jalabert, Bruyneel) respaldaron la conducta del madrileño. Lance Armstrong fue uno de los pocos que discrepó -¡sorpresa!- con la línea de su director. Evidentemente hay un componente emocional en su trato con el pinteño que condiciona al texano.

Ezequiel Mosquera aún recuerda el esfuerzo ímprobo que realizó en Fuentes de Invierno (San Isidro). Él solo cribó a medio pelotón, sacó de punto a Valverde y a otros muchos. A su espalda sólo Leipheimer y Contador aguantaron. Había bonificaciones de por medio y el pinteño no se lo pensó. Soltó un latigazo seco en el último kilómetro y se hizo con la etapa. Es un ciclista muy ambicioso -siempre lo ha sido- y por eso resulta extraña su actitud para con Andy Schleck. Es comprensible que quiera mantener su cordial relación con el luxemburgués, pero en último término ha de entender que el deporte de élite es egocentrismo puro y duro. Incluso en los deportes de equipo. A Eddy Merckx se le recordará como al más grande por lo que ganó, no por los amigos que hizo en el pelotón -que también los tendría, claro está-. En cualquier caso, de seguir la amistad entre ambos por los mismos derroteros de este Tour, el ciclismo de los próximos años va a acabar siendo una organización orientada a la caridad y ayuda al prójimo. Ni mucho menos estoy en contra de que se lleven bien, pero sí censuro el conformismo que comienza a reinar en el pelotón.Nadie esperó a Evans en Sierra Nevada, cuando pinchó en el peor momento. Armstrong no se paró en plena crono para que Ullrich recuperara el tiempo que había perdido por una caída inoportuna, cuando el alemán lo daba todo para recuperarle tiempo al americano. Sin embargo, "Ulle" y Tyler Hamilton sí esperaron a Mayo y al propio Armstrong tras aquel incidente de ciencia ficción en Luz Ardiden. ¿Acaso Rominger esperó a Zulle cuando éste se cayó bajando La Cobertoria? Las caídas y las averías mecánicas son parte inherente de este ciclismo, como lo son de los deportes de motor. Son parte del ADN de este deporte y, como tal, pueden ocurrirle a cualquiera. El ciclista juega a diario a la ruleta rusa. Quien tiene suerte y pericia esquiva el infortunio, quien se levanta con el pie izquierdo o es nervioso puede ver arruinado ese día o esa carrera.
Todo esto viene a colación de la bochornosa situación del día de Spa. Lamento profundamente lo sucedido ese día. No sólo por la actitud de Cancellara,que hizo lo que tenía que hacer, es decir, ralentizar la marcha para que tanto Frank como Andy se reincorporaran al grupo. Por encima de todo, me encoleriza la falta de personalidad de quienes recibieron órdenes desde los coches de los equipos de mantener la marcha y prefirieron esperar. Joxean Fernández "Matxin" se quejó en su twitter de que los ciclistas hicieron caso omiso a sus directrices. Pero lo peor fue que una vez todos se hubieron reintegrado en el grupo -lo cual es mentira, porque nadie esperó a Vande Velde o a Farrar, por ejemplo-, el pelotón decidió que los últimos treinta kilómetros serían de "protesta".

Últimamente nos estamos acostumbrando a ver al pelotón protestar demasiado. Muchas veces tienen razón (véase este ejemplo espeluznante del Tour de Polonia). Pero son las menos. Refiriéndonos al día de Spa, ¿qué sentido tenía protestar por la caída de una moto que había evitado atropellar a un compañero ciclista -Gavazzi- caído y que involuntariamente había dejado un reguero de aceite en el ya mojado asfalto? Me desagradan en exceso las cacicadas del pelotón en los últimos tiempos. Como muestra un botón: en el Giro del año pasado, el pelotón se quejó en la etapa de Milán (Milán Show) de la peligrosidad de los coches aparcados en las cunetas. Decidieron marchar despacio hasta que, a falta de un par de vueltas, la carrera se lanzó. Nadie se quejó en esas últimas vueltas de los peligros de los coches. Hay mucha hipocresía en el ciclismo. Entiendo que los corredores exijan seguridad. Es absolutamente comprensible. Pero no veo bien que el vaso esté medio vacío y luego medio lleno. Quizá los grandes campeones de antaño deberían contar más a menudo sus hazañas por carreteras semiasfaltadas, en las que el peligro era lo de menos.


Cuando Frank Schleck se dejó la clavícula sobre el pavés, el Saxo Bank (con Voigt, Breschel y Cancellara al mando) no esperó al pelotón perseguidor de Contador y Armstrong. Como nadie esperó al americano cuando éste sufrió un pinchazo. Es decir, que los ciclistas interpretan la carrera según les conviene. No hay una línea clara en el pelotón, pero luego algunos se escudan en el "fair play" o en las relaciones personales entre unos y otros.

Cierro el círculo. Cae Samuel Sánchez e inmediatamente el Astaná ralentiza la marcha del pelotón. Sastre está nervioso porque Konovalovas, su compañero, marcha delante, a la espera de su movimiento. El de El Barraco acelera, Contador llega a su altura, traba algunas palabras con él, pero Sastre le manda a paseo. Luego soltará espuma por la boca en meta. Aunque entiendo la camaradería de Contador, Schleck y el propio Menchov para con Samuel, el ciclismo necesita figuras con "mala leche", capaces de atacar hasta cuando medio pelotón está orinando. Riccardo Riccò ha sido el último exponenete de estos "bad boys". El italiano sigue pululando por las carreteras y, créanme, yo cada vez le echo más de menos. Me estoy cansando de tanto "rollo hippie" colectivo. No es bueno para el deporte.

PD: Aprovecho para dejar enlaces a algunas fotos interesantes de este Tour, que recogen las satisfacciones y las penurias de muchos de sus protagonistas. Disfrutad con ellas. Recomiendo especialmente las instantáneas de Laurent Fignon, al que la quimioterapia le ha borrado su mítica cabellera rubia.

http://www.boston.com/bigpicture/2010/07/2010_tour_de_france_-_part_i.html
http://www.boston.com/bigpicture/2010/07/2010_tour_de_france_-_part_ii.html

http://forodeciclismo.mforos.com/30984/9337661-tour-2010-solo-fotos/

1 comentario:

  1. Post muy duro pero consiso.
    Igual como soy anticontadorista no estoy de acuerdo jajaja

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