lunes, 30 de agosto de 2010

Obituario: Laurent Fignon



El cabello rubio, adornado con una coleta o bien melena al viento, con el que Laurent Fignon se dio a conocer en su eclosión ciclista fue poco a poco dejando paso a un enorme surco sobre su frente. Con los años, su cabeza fue despejándose y sus modales se atemperaron. El joven insolente, de declaraciones altisonantes, mirada altiva y maneras de "enfant terrible" derivó en un ciclista experimentado, amante de su deporte y entusiasta por transmitir sus conocimientos. Es más, muchos aficionados destacan su cercanía y su amabilidad una vez retirado. En una época en la que Michel Platini afirmaba sin lugar a dudas que era "el mejor" futbolista del mundo, Laurent Fignon bien podría haber empleado toda su verborrea emulando a su compatriota.

Nacido el 12 de agosto de 1960 en el Distrito 18 de París, al norte de la capital francesa, Fignon era un corredor de los que hoy ya no quedan. Inquieto, impulsivo, con muchísimo talento y arrestos para atacar en cualquier terreno. Vencerle era toda una hazaña. Él es parte imprescindible de la década de los ochenta en el ciclismo. Su manera de correr, como la de muchos de sus coetáneos -Hinault, Delgado, Parra, LeMond, Kelly, Roche- engrandeció en su momento este deporte. La talla de sus rivales aumentó su categoría como ciclista. Sus magníficas condiciones y su manera de encarar cada puerto, cada cota, cada carrera, hicieron mejores a sus rivales, que fueron muchos y de muy diverso tipo.


Brilló en amateur -más de 50 victorias- y en 1982 dio el salto al profesionalismo de la mano de Cyrille Guimard. En aquel equipo "Renault" la estrella era Bernard Hinault, pero el joven de rubia cabellera iba marcando su propio camino. Ese año ya ganó el Criterium Internacional. Pero fue en 1983, doce meses históricos para el ciclismo, cuando se destapó con etapas en carreras de postín y, por encima de todo, con su primer Tour. Aquel Tour que en España será recordado por la aparición de dos figuras que por fin podrían suceder a Ocaña como vencedores en los Campos Elíseos: Ángel Arroyo, "el salvaje", y Pedro Delgado, "Perico". Aquel año Hinault se exhibió ante todo y ante todos en la Vuelta. Físicamente reventado, renunció al Tour. Vía libre para Laurent, que se exhibe en la etapa de Morzine, cuando el Reynolds español vive la cara y la cruz del ciclismo: colosal el abulense, mientras que al segoviano le abandonan las fuerzas y llega "apajarado". Un Tour que lo cuenta como nadie Jorge Nagore en su libro "No querían ganar el Tour".

Su segundo Tour llegaría al año siguiente. Hinault había emigrado hacia un nuevo equipo, "La Vie Claire". Esta vez el enemigo en el equipo "Renault" no sería francés, sino americano. Greg LeMond, campeón del mundo en ruta. Pero Fignon se mostró intratable, ganando cinco etapas más una contrarreloj por equipos. A París llegó con más de diez minutos de renta sobre "le blaireau". Para completar ese año, dos victorias en el Giro. En su tercera temporada en la élite ya había conquistado etapas en las tres grandes. Le sobraban quilates a sus piernas, pero una lesión en el tendón de aquiles le llevó al quirófano y no pudo defender su cetro en el Tour de 1985. Le había dado tiempo a aparecer por primera vez en los lugares de renombre de las clásicas de las ardenas. Fue un año de transición hacia su nuevo equipo, el "System U", con el que ganó la Flecha Valona. Abandonó en el Tour y renunció por enfermedad a las últimas carreras de aquel año.

Borrón y cuenta nueva, en 1987 Fignon volvió por sus fueros, con un séptimo en la general del Tour y una etapa -victoria en La Plagne-, corriendo de menos a más, siendo protagonista de uno de los mejores tours de la historia. Aunque, en honor a la verdad, llegó a un mundo de Stephen Roche y Delgado. Todo pundonor, nunca se rindió, tan orgulloso era que no podía ir a una carrera para no competir. Tenía que ser protagonista. Lamentablemente, esa forma de concebir el ciclismo está en vías de extinción (el último caso, Andy Schleck ayer en la Vuelta).


1988 fue un buen año para él, no en el Tour, donde su equipo le deja atrás en la crono por equipos para días después abandonar, sino en las clásicas. Ganador en la Milán - San Remo, tercero en Roubaix, demostró así su condición de "todoterreno", con un buen sprint cuando se llegaba en grupos pequeños, capaz de batir a gente como Fondriest o al legendario Séan Kelly. Pero fue en el abismo de los noventa cuando volvió al primerísimo plano de la "Grande Bouclé". Porque en 1989 Fignon volvió a su mejor nivel y cuajó un año espléndido: segunda "classicissima" para el parisino, esta vez venciendo en solitario. Victoria en el Giro de Italia, con poco margen sobre el segundo -Giupponi-. Y, por encima de todo, una actuación excelente en el Tour, aquel Tour del despiste de "Perico" en Luxemburgo que convirtió la carrera en un mano a mano entre el francés y LeMond. Fignon, pletórico de forma, se alterna en el amarillo con el americano y deja para la historia dos exhibiciones en Alpe D'Huez y Villard de Lans (y en menor medida en Superbagnères). Un gesto del peor Fignon, escupiendo a un cámara de TVE, hizo que la antipatía hacia el galo recorriera España. Muchos se alegraron cuando la apuesta tecnológica de LeMond en la crono de París, con el célebre manillar de triatleta, volteó la general . De vuelta al ciclismo tras aquel incidente cazando, LeMond ganaba por 8 segundos su tercer Tour. Un atónito Fignon no se lo podía creer.

Con menos pelo, ya en la treintena, Fignon cambió de aires y fichó por el "Castorama". No volvió a rendir como antaño, pero siempre dio la cara. En una época en la que a Alain Prost ya se le conocía como "le professeur", a Laurent se le aplicaba el mismo calificativo en el pelotón y entre los peridistas. En aquellos años le tocó ejercer de gregario de gente como Luc Leblanc, pero con tiempo para rememorar momentos de aquel ciclista con hechuras y alma de ganador. Se retiró en 1993, previo paso por el "Gatorade" de Gianni Bugno.

Ligado al mundo del ciclismo, estuvo ligado a la creación de varias escuelas para niños. Comentarista en la televisión francesa -donde ha mostrado su cara más humana-, organizador de carreras deportivas. Siempre ligado al mundo del ciclismo. Pero un cáncer de pancreas, uno de los más difíciles de tratar, ha acabado con él a los 50 años. Infructuosa la quimioterapia, la enfermedad se había extendido a los pulmones. Su pérdida es irreparable. Para la historia quedarán sus gafas, su rubia melena y su espíritu. La prensa de su país no puede sino lamentar su pérdida. Lo mismo que el pelotón actual, como Armstrong, Fran Contador (hermano y representante de Alberto), o Magnus Backstedt. Ellos son las voces de los miles de aficionados que en todo el mundo lamentan la muerte de este gran campeón.

Fotos: arueda.com, lequipe.fr

viernes, 27 de agosto de 2010

Óscar "Ringo" Bonavena: a un suspiro de tumbar a Alí (3ª Parte)




Poco a poco va quedando claro que la vida de "Ringo" Bonavena es digna de película. Alguien tuvo esa idea y pronto muchos jóvenes sabrán de las andanzas del del barrio de Boedo a través de la gran pantalla. Su carácter, fanfarrón a veces, niño en otras tantas, sus gestas y su legado le hacen merecedor de tal homenaje. Llegó a cometer excentricidades tales como cantar en televisión al son del "pío pío" o actuar en alguna obra de teatro. En las muchas victorias y en las pocas -pero muy dolorosas- derrotas. El "pies planos" era así.

Peralta, Folley, Ellis, Frazier,... A Bonavena le tocó coexistir con la época dorada en la historia de los pesos pesados del boxeo. Contra los grandes había dado lo mejor de sí pero en muchas ocasiones la talla de sus rivales se imponía al empuje de su zurda. Cayó siempre en buena lid, resistiendo hasta el último asalto. Pero faltaba probarse contra el más grande entre los grandes: Cassius Clay o Muhammad Alí, que tanto monta. Después de caer por segunda vez contra "smoking Joe", Bonavena encaraba el recién nacido año 69 de la mejor manera: victoria ante Luis Pires tras retirada en el octavo asalto del brasileño. Luego viajó a Alemania, país que le traía buenos recuerdos, para despachar al local Von Honburg en tres asaltos. Sufrió la incertidumbre de la primera pelea de su carrera que acababa en empate, ante un viejo conocido: "Goyo" Peralta, en Montevideo. Fue descalificado ante Miguel Ángel Páez (la tercera vez en su carrera) y cosechó seis victorias a caballo entre las dos orillas del Río de la Plata: cinco victorias en el Luna Park porteño y otra en la capital uruguaya. Todas por KO. Tras casi dos años de lucha, la herida de Frazier había cicatrizado definitivamente.


Con su ego crecido después de tan positiva racha, Bonavena iba a la caza del número uno. Imploró al manager del americano y el sueño dejó de ser algo quimérico. Habría combate. Sería a quince asaltos y en el sancta sanctorum del deporte mundial: el Madison Square Garden. Alí, después de sus más de tres años de sanción, permanecía invicto. Y seguía siendo tan provocador en las ruedas de prensa como antaño. No conocía a "Ringo". El argentino decidió poner en juego toda su plática y se disfrazó del propio Alí. Retador pero con la sangre fría, por primera vez el gran campeón no era quien golpeaba primero. "Chicken, chicken, pi pi pi", le espetó Bonavena con ese timbre de voz tan peculiar. Le llamó "Clay", mientras que el púgil negro le respondía con un "I'm Alí" ("soy Alí"). Cada vez más crispado, el americano se pavoneaba de las ganas que tenía de acabar con un "Ringo" que, en su salsa, le respondía con un escueto pero definitivo "Relax, relax" ("relájate, relájate").

Lunes, 7 de diciembre de 1970. Tarde de boxeo en el frío y húmedo invierno de la capital del mundo. 4 combates preceden al gran duelo de la noche. Con algo más de peso de lo que habían dado en la balanza (204 libras Bonavena por las 212 de Alí, todo hay que decirlo, 12 centímetros más alto que el argentino), el combate empezó a las 20.30. Los focos de toda la ciudad se concentraban en el Madison. Casi 20000 personas esperan que Alí refrende su condición de campeón mundial de los pesados. Bonavena es el aspirante, pero no lo va a poner fácil.
Se tantearon en el primer round, pero ambos ya dejaron pinceladas de la calidad de sus puños izquierdos. Bonavena, además, soltó algún que otro golpe antirreglamentario. Fue advertido por el árbitro Mark Conn. El juego de pies de Alí no fue tan efectivo como lo solía ser. Cuentan las crónicas de la época que al boxeador de Louisville se le vio pesado. Era, decían, un "bigfoot" contra un "pies planos" como Bonavena. En cualquier caso, era la zurda de Alí la que dictaba el ritmo del combate. El centro del cuadrilátero era para Muhammad; Óscar, por contra, se refugiaba cada tanto en las cuerdas para frenas los envates del americano.

En el quinto round, "Ringo" salió agresivo, tardó menos de un segundo en conectar un derecha-izquierda en el costado y la cara de Alí. El intercambio es cada vez más fluido entre ambos púgiles. El gran campeón americano acierta con dureza un directo a la cara del porteño. Bonavena se tambalea, pero no cae. Se abraza al cuerpo de Alí como quien busca el oxígeno para aguantar la próxima envestida. La gente comienza a runrunear. "Alí no parece estar bien", responde el comentarista para la televisión. El asalto expía tal y como partió, con el argentino encerrando a Alí en la cuerda y conectando dos izquierdazos sobre el toque de campana. Un directo seco, relampagueante, de Bonavena sobre el rostro de Alí abre el sexto asalto. Ahora es él quien domina el centro del ring, mientras Alí baila infructuosamente en derredor suyo, pero recibe otro directo. Su cara está cada vez más desprotegida. Por un momento, se oye el nombre de "Ringo" varias veces coreado por parte del público. Son sus mejores momentos en el combate.



Toque de campana, persisten los focos. Se reanuda el combate. Séptimo asalto. Visiono las imágenes y viene a mi cabeza el "Dúo de las flores" de la ópera Lakmé. La pelea cobra una nueva dimensión. Intercambios cada vez más constantes entre ambos. Algunos espectadores abuchean a Alí. Son pocos, residuales, pero crean una situación inimaginable para la gran mayoría, que enmudece ante lo que allí contemplan. Con un latigazo eléctrico de Bonavena sobre el rostro de Alí se termina el octavo round. Flanqueado el ecuador de la pelea, Argentina sueña, el mundo tiembla. Todo la fuerza de "Ringo" concentrada en el interior de su guante izquierdo se proyecta sobre la cara de Alí. El campeón se tambalea, queda a gatas sobre la lona. Rápidamente se incorpora. Ha sido un segundo. Ha sido infinito. El Madison comienza a animar y Alí muestra su mejor cara. Consigue desequilibrar al argentino, pero se muestra cansado y Bonavena sigue encontrando con suma facilidad golpes a su cara. El americano intenta bailar sobre el cuadrilátero, pero sigue recibiendo.

"Ringo" había prometido tumbar a Alí en el undécimo asalto. Fue el americano quien golpeó primero, con una derecha seca, relampagueante, sobre el rostro del argentino. Pero Bonavena se rehízo y contraatacó con una espectacular sucesión de golpes: derecha-izquierda-derecha-izquierda. Directos a la cara del de Kentucky. Resistía Alí, Bonavena perdía su osada apuesta y el sino del combate poco a poco se aclaraba. El físico privilegiado de Muhammad comenzaba a imponerse. Alí danzaba y picaba cual abeja rodeando a Bonavena. Y cuando el combate agonizaba en el último round, el campeón mundial de los pesos pesados ejecutó uno de los mejores ganchos de su carrera, a quemarropa, que hizo tambalearse a "Ringo". Cayó sobre la lona. Alí estaba al acecho -el árbitro debió haberle mandado al otro extremo del cuadrilátero, pero no lo hizo-. Se levantó tan rápido como volvió a caer, esta vez de nalgas. Segundo aviso. A los dos minutos y dos segundos del decimoquinto asalto, el cuerpo de Bonavena tocaba tierra por tercera vez. KO técnico. Todo había terminado. Argentina soñó con la proeza, el mundo vislumbraba un cataclismo, pero fue "Ringo" quien quedó sobre la lona. Alí mantenía su cetro de los pesados. 3 meses después, en una pelea ya pactada antes de este gran combate, perdería su primera pelea y su título mundial ante Joe Frazier.


Levantarse tras cada golpe se hizo una constante en la carrera de Bonavena. Esta vez todo fue muy rápido. Continuó "en la brecha", ganando peleas -12 por 2 derrotas- tras ese momento cumbre en el Madison Square. En Roma o en Hawaii, donde hiciera falta. Su último combate fue en febrero de 1976. El 22 de mayo de aquel año"Ringo" -ya 33 años, mujer y dos hijos-, está en Reno (Nevada). De madrugada acude al "Mustang Ranch", un club - prostíbulo propiedad de Joe Conforte, su por entonces representante. La relación "amistosa" entre la mujer de éste, Sally, y Bonavena, era un secreto a voces. Visiblemente alterado, salió de su vehículo crispado, ignorando las llamadas de atención de los guardaespaldas de conforte. Uno de ellos, W. Brymer, le disparó con su Remington 30-06 en el corazón. Óscar Bonavena, "Ringo", el chiquilin del barrio de Boedo, cayó para siempre. En 2007, las instalaciones se incendiaron. Entre las cenizas quedaron miles de recuerdos para la historia del boxeo, para un país que suspira por sus héroes.

Bonavena descansa en el Cementerio de la Chacarita. Murió al poco de comenzar la terrible dictadura argentina. Pero ni los militares fueron óbice para que miles de personas le rindieran homenaje en el Luna Park. El cortejo fúnebre pasó por la cancha de Huracán. En su barrio, aún hoy la gente le recuerda con un cántico eterno:

"Somos del barrio, del barrio de la quema. Somos del barrio de "Ringo" Bonavena.





Fuentes:

www.easybuenosairescity.com/biografias/bonavena.htm

http://boxrec.com/list_bouts.php?human_id=009386&cat=boxer

http://www.taringa.net/posts/imagenes/834796/Oscar-%28Ringo%29-Bonavena,-mi-humilde-homenaje.html

http://www.taringa.net/posts/videos/2119270/bonavena-vs-muhammad-ali.html

http://boxeoveleno.blogspot.com/2008/11/simplemente-ringo.html

http://www.elgrafico.com.ar/2009/10/29/C-2064-el-ultimo-dia-de-bonavena.php

lunes, 23 de agosto de 2010

Óscar "Ringo" Bonavena: a un suspiro de tumbar a Alí (2ª Parte)




Un mes después de ganar a "Goyo" Peralta en el Luna Park, "Ringo" Bonavena inició con éxito su defensa del título argentino de los pesos pesados. KO técnico en el primer asalto a Pablo Sagrispanti. Los últimos meses de ese gran año de 1965 para el del barrio de Boedo conllevan peleas contra rivales inferiores -Héctor Wilson y el americano Billy Daniels- a los que despachó por sendos KO en el primer y segundo asalto, respectivamente. La misma tónica siguió en los albores del año 66, vapuleando a Bruno Segura. Pero en marzo es descalificado contra José Giorgetti en Mar del Plata. Segunda descalificación para Bonavena, esta vez frente a un rival con el que luego mantendría una buena relación fuera del cuadrilátero. En cualquier caso, tardaría poco en llegarle la revancha a "Ringo"; en abril ganaría al "gigante de Queuquén".

A mitad de aquel año, Bonavena viajó de nuevo a la costa este de Estados Unidos. Consiguió concertar dos combates. El primero, ante el campeón canadiense de los pesos pesados, George Chuvalo, un rival difícil, del que dicen quienes saben algo de boxeo que tenía una barbilla durísima, de las mejores en la historia del boxeo. Pero eso no fue obstáculo para el púgil argentino. 2 de los 3 jueces dictaminaron a su favor una vez el combate expió en el décimo y definitivo asalto. Victoria para Bonavena. Fue la cara de su breve periplo americano. Repitió escenario, el Madison Square Garden neoyorquino, pero el rival era un joven de 22 años con un historial inmaculado de 11 victorias y ninguna derrota. Joe Frazier: palabras mayores. El porteño tumbó por dos veces al de Philadelphia en el segundo asalto, pero Frazier resistió hasta el final. Esta vez los jueces dieron ganador al americano.


De vuelta a Argentina, Bonavena se resarció del amargo final de su gira americana con una serie de diez combates sin perder. Comenzó peleando en Mar del Plata contra Alberto Benassi, al que batiría en dos de esas diez veladas. Ganaría a los puntos en el Luna Park al americano Amos Johnson, un boxeador de cierto empaque. Ya en 1967, se reencontraría en el ring con su amigo José Giorgetti, al que derrotaría por KO en el noveno asalto. A finales de aquel año viajó a Alemania para tomar parte en un torneo organizado por la Asociación Mundial de Boxeo. 4 eliminatorias, 8 boxeadores, 1 objetivo: suceder a Muhammad Alí como campeón mundial de los pesos pesados. El americano había sido desposeído del título en plena controversia por su negación a participar en la guerra de Vietnam. Así las cosas, a "Ringo" Bonavena le tocó pelear contra el local Karl Mildenberger. Durísimo rival: seis veces campeón europeo de los pesos pesados, había luchado en 1966 contra Alí por la supremacía mundial, siendo derrotado por KO técnico. Pero para el argentino no había barreras. En estado de gracia, tumbó al zurdo alemán en el primer, cuarto, séptimo y décimo asaltos. Al término del duodécimo y último asalto no hubo discusión por dictaminar vencedor. Bonavena ganó a los puntos. Ya era semifinalista del torneo.

Quedaban 4 púgiles, uno de ellos era Bonavena. Dos meses y medio después de su primer combate en Europa, Bonavena regresaba a la tierra de las oportunidades para buscar la suya ante Jimmy Ellis. Bajo la tutela de Angelo Dundee, técnico de Alí, Ellis se había convertido en su habitual sparring. Venció con facilidad a Leotis Martin en la ronda previa y ahora tenía una ocasión irrrepetible para pasar a la historia.
Freedom Hall State, Louisville (Kentucky). Dos de diciembre. "Ringo" quería pelear en la tierra natal de Ellis, seguro de derrotarlo "en el segundo asalto". Pero se hizo la sorpresa. Bonavena besó la lona dos veces (tercer y décimo asaltos) y finalmente los jueces dieron la victoria al americano. Ellis sería a la postre el campeón mundial de los pesos pesados, cetro que ostentaría hasta 1970.


Borrón y cuenta nueva. Tocaba levantarse de nuevo. Era su quinta derrota (tres a los puntos y dos descalificaciones). Y para reponerse Bonavena buscó, como siempre, rivales de poca entidad para recuperar sensaciones. Su primera pelea tras su encuentro ante Ellis sería ya en el año 68. Fue ése un buen año para "Ringo". Se reencontró con Lee Carr, aquel púgil contra el que fue descalificado allá por 1963. KO en el tercer asalto, Bonavena sin piedad.
Pero también tuvo veladas muy complicadas el de Boedo durante aquel año. Su confianza iba en aumento y el nivel de sus rivales, también. En el Luna Park de Buenos Aires tuvo que emplearse a fondo para vencer a tres boxeadores de tronío: Roberto Dávila, un peruano capaz de ser el primer boxeador en aguantar sin caer al mismísimo George Foreman -decisión unánime de los jueces-. Luego a Zora Folley, un boxeador de no muy buen recuerdo para Bonavena, pues con el americano había sufrido la primera derrota de su carrera (sin contar la descalificación ante Carr). Esta vez el sino cambió. "Ringo" estaba en lo más alto de su trayectoria, mientras que Folley iniciaba el declive de la suya, tras haber perdido con Alí en 1967 por el título mundial de la categoría. Bonavena venció por decisión mayoritaria de los jueces (2-1). Y, por último, ante otro americano, Leotis Martin, uno de los ocho boxeadores que pelearon en aquel torneo por el título de los pesados de la WBA. Ganó, una vez más, a los puntos.

Victorioso y pleno de moral, Bonavena tenía la mira puesta de nuevo en el horizonte americano. Cuando el año 68 llegaba a su fin, el frío y húmedo invierno de Philadelphia recibió al argentino, que llegaba para enfrentarse de nuevo con Joe Frazier. Más maduro pero magnífico como siempre, "Smokin' Joe" seguía invicto (21 combates ganados). Trayectoria intachable. Un objetivo común: el título mundial de los pesos pesados de la Comisión Atlética del Estado de Nueva York (NYSAC). Era la primera vez que Bonavena luchaba al mejor de 15 asaltos, y ante uno de los más grandes de la historia aguantó hasta el toque de campana final. Fueron los árbitros los que unánimemente otorgaron la victoria a Frazier. Como le ocurrió en 1967, al hombre con el cabello a lo "Beatle" le tocaba renacer de nuevo.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Óscar "Ringo" Bonavena: a un suspiro de tumbar a Alí (1ª Parte)




Somos muchos los que hemos entrado en el hall del Madison Square Garden y hemos quedado prendados de la historia que alberga. En el corazón de occidente, el pabellón de tan característico diseño es uno de los templos modernos de la humanidad. Allí ,quien suscribe estas líneas se hizo una foto junto al enorme cartelón que dejaba constancia del duelo sin cuartel entre Muhammad Alí y Joe Frazier. "El combate del siglo", rezaba la pancarta. Fue precisamente allí, en el Madison, donde un argentino con apodo de Beatle y pegada de hierro estuvo muy cerca de tocar el cielo ante el más grande entre los grandes. Porque no sólo de Carlos Monzón vive el boxeo en el país de las grandes veladas en el Luna Park.

A Óscar Natalio "Ringo" Bonavena ya de joven le decían que iba para boxeador. Con once años ya pesaba sesenta kilos. Una barbaridad. Y así fue. Se inició en las instalaciones del San Lorenzo de Almagro. Le echaron y se marchó al eterno rival, el Huracán. Pronto coqueteó con las mieles del éxito. Fue campeón amateur en 1959 y ganó dos torneos suramericanos. También se inició su idilio con la polémica. En pleno combate con Lee Carr en Sâo Paulo, al del "barrio de la quema" no se le ocurrió otra cosa que morderle el pecho a su adversario. Impotente ante el respaso que le estaba propinando uno de los sparrings de Muhammad Alí, Bonavena fue descalificado. No sólo eso, recibió una dura sanción de dos años de la Federación Argentina (FAB). Las puertas de su tierra se habían cerrado, era momento de probar lejos, en el país de las oportunidades: Estados Unidos.

Se estrenó en tierras norteamericanas el 3 de enero de 1964, en el Madison Square. Irrumpió con mucha fuerza, con la rabia de quien ha de pelear lejos a miles de kilómetros de su hogar. KO en el primer minuto del primer asalto ante Lou Hicks. 1 minuto y veintitrés segundos exactamente. Repitió victoria en sus siete combates siguientes por tierras americanas, cuatro de ellos con el templo neoyorquino como telón de fondo. Al poco de cumplirse un año por la costa este, Bonavena besó la lona ante Zora Folley en el octavo asalto. El bonaerense se levantó cuanto el árbitro ya iba por el octavo segundo de la fatídica cuenta, pero fue en vano. Perdió por decisión unánime de los jueces al término del décimo asalto. Con la derrota aún caliente, el púgil decidió regresar a Argentina.


Tras el final de su sanción, "Ringo" volvió al cuadrilátero en su país. Victoria tras victoria ante rivales de no mucha entidad, de entre los que destacaba Rodolfo Díaz, con la mira puesta en arrebatar a Gregorio Peralta el título de los pesos pesados nacional. Un "Goyo" Peralta que le había aguantado a todo un George Foreman diez asaltos para luego perder por decisión de los jueces y que era, en aquel entonces, aspirante al título mundial de la categoría. No fue fácil para Bonavena conseguir aquel combate. Tuvo casi que rogarlo. Pero lo logró. El 4 de septiembre de 1965 el Luna Park porteño albergó tan esperado duelo. Peralta fue aplaudido hasta rabiar. "Ringo" Bonavena recibió una pitada ensordecedora. Su facilidad para generar titulares polémicos le había generado muchas enemistades. Pero a él le era indiferente. Motivado como nunca, tumbó a Peralta en el quinto asalto, pero el campeón no cedió su corona hasta el final. Ganador a los puntos, Bonavena ya tenía su ansiado título.

Por aquel entonces, Bonavena ya disfrutaba de su Mercedes blanco, con el que volaba en el asfalto a imagen y semejanza de lo que él ejecutaba sobre el cuadrilátero. Tenía un boxer llamado Ringo -"tiene cara de boxeador como yo", confesaría en una entrevista-. Empezaba a hacerse famoso por su carácter fanfarrón y provocador (en su primer encuentro con Muhammad Alí, en un gimnasio, le espetó un "I kill you" ("Te mato") al más grande de todos los tiempos. No obstante, si a las peleas acudía lo más enrabietado posible, una vez éstas concluían alentaba al púgil derrotado. Siempre en el recuerdo su infancia y la gente de su barrio de Boedo, a la que cuidaba y de la que se sentía orgulloso. Con los que no tenía reparos en mostrar sus cinturones de campeón nacional de los pesos pesados. Pero, por encima de todo, mantenía un apego terrible a su madre, a quien le compró una casa Ya estaba en la cresta de la ola "Ringo" Bonavena, pero aún quedaba su mayor hazaña, por la que será recordado siempre.

martes, 17 de agosto de 2010

Eneco Tour 2010: sabor flamenco en pleno agosto




En el mismo día en el que Riccardo Riccó se ha comprometido dos años con el "Vacans'Oleil" (y hasta ha posado con el maillot de su nuevo equipo) y Roman Kreuziger ha hecho lo propio con el Astaná, comienza una nueva prueba en el calendario Protour. Coto privado de caza de José Iván Gutiérrez. El Eneco Tour. Es una pena que no veamos a Tom Boonen en una prueba hecha como anillo al dedo para el de Mol.
Svein Tuft ("Garmin - Transitions") se ha adjudicado la etapa prólogo de hoy. 5,2 kilómetros con salida y llegada en Steenwijk (Holanda), en los que los "Rabobank" Van Emden y Lars Boom han secundado al canadiense en el Top3 de la etapa. Un prólogo muy técnico en el que la lluvia y el asfalto mojados han sido los grandes protagonistas de la jornada. Boasson Hagen, quinto, Geraint Thomas, sexto, Tony Martin, séptimo, y Richie Porte, noveno, son otros nombres relevantes entre los diez primeros. El décimo, Nicolás Castroviejo ("Euskaltel"), ha sido el primer español clasificado, a diez segundos de Tuft.


Aún por tierras holandesas, la etapa de mañana discurrirá rumbo al sur hacia la meta en Rhenen. En principio parece un día señalado para que los Greipel, Boasson Hagen, Haedo, Bozic, Weylandt y compañía se disputen la etapa al sprint. Y lo mismo podría decirse de la segunda etapa en línea, ya con final en Bélgica, concretamente en Ardooie. No suele ser el Eneco Tour una carrera propicia para hacer diferencias, sino que es la crono final del último día la que dictamina el vencedor final.


El viernes veremos la primera oportunidad para hacer diferencias. Por tierras flamencas el pavés no podía faltar. Salida y llegada en Ronse, con una especie de circuito final en el que se subirán dos veces -por este orden - el Kanarleberg y, más conocidos, el Kruisberg y el Oude - Kwaremont. Será este "Viejo Kwaremont" la última dificultad del día, a sólo once kilómetros de meta. Sólo nos faltan el Koppenberg y el Muur para confeccionar una pequeña "De Ronde". Esperemos ver diferencias en meta y, sobre todo, ciclismo del bueno. Devolder, desaparecido toda la temporada, Maaskjant, Boom o el propio B.Hagen aparecerán a buen seguro. Continuando con el desglose del recorrido, al día siguiente la carrera retornará a Holanda. Nueva oportunidad para los velocistas en la meta de Roermond. Con casi 215 kilómetros, es la etapa más larga de esta edición, la sexta de la carrera desde que se la conoce con esta denominación de "Eneco Tour".

La quinta y sexta etapas presentan un perfil escarpado, con las típicas cotas que poblan Flandes, pero serán, a priori, jornadas para los sprinters, debido a la poca dureza de las subidas y a su distancia de las metas de Sittard (Holanda) y Heers (Bélgica de nuevo), respectivamente. Y, a menos que la etapa de Ronse provoque diferencias insalvables, será la crono final la que corone al vencedor del Eneco Tour. Diecisiete kilómetros con salida y llegada en Genk, intercalados con una pequeña cota a mitad del recorrido. Con toda seguridad veremos brillar a Boasson Hagen (vigente campeón de la carrera) y Tony Martin, dos jóvenes llamados a copar la élite del ciclismo durante la próxima década. De los jóvenes a todo un veterano como Andreas Klöden, sobre quien recaen los galones de líder en el "Radio Shack" del "retirado" Lance Armstrong (sólo hasta fin de temporada). Pero esperemos que quien acapare todos los "flashes" sea José Iván Gutiérrez. Flamante campeón de España, el pupilo de Eusebio Unzué busca el triplete por tierras flamencas. Ya triunfó el cántabro en 2007 y 2008. El noruego del "Team Sky" y el "Quick Step" serán sus más serios rivales. De la escuadra de Patrick Lefevre y Wilfred Peeters destaca un nombre: Stijn Devolder. Con el maillot tricolor de campeón belga a su espalda, está obligado a hacer un buen papel ante sus aficionados. Por el bien del espectáculo, esperemos verle en la "pomada".


lunes, 16 de agosto de 2010

Briznas de aire nuevo en el ciclismo



No sólo el mercado futbolístico se mueve en verano. Pendientes muchos de si Özil acaba de blanco madridista o no, los culebrones veraniegos también trascienden al mundo de las dos ruedas. Nuevos patrocinadores y nuevos fichajes para nuestros equipos. En la carretera, de momento, agosto nos deja muy buenas noticias.

Joxean Fernández "Matxin" presentó recientemente a su nuevo patrocinador, la marca de zapatos italiana "Geox". El director basauritarra dejaba claro que el nuevo equipo tiene en mente cotas muy altas. Así lo demuestran con el fichaje de Carlos Sastre. El ciclista de Leganés no está ya para ganar el Tour, pero si se lo propone puede brillar tanto en el Giro como en la Vuelta. Con la marca bandera del equipo -"Footon"- asegurada también para el año que viene, el nuevo equipo de Mauro Gianetti maneja cifras cercanas a los 10 millones de presupuestos por año. Y comienzan a sonar posibles fichajes: se han puesto manos a la obra para intentar la contratación de Filippo Pozzato y Damiano Cunego. El ex-campeón italiano abandona el "Katusha", mientras que Cunego está a la espera de una oferta de la "Lampre". Aunque con el impulso económico que ha sufrido la estructura de Matxín, las posibilidades de ver a los dos ciclistas transalpinos bajo sus órdenes son muy altas. Por si fuera poco, también están en negociaciones con Menchov, Kreuziger, Horner y Lorenzetto. Confirmados para el año próximo ya están Felline y Rafa Valls, dos jóvenes que apuntan maneras. Estaremos atentos al futuro del equipo.

El aficionado al ciclismo ha seguido con bastante incertidumbre -y algo de tensión- la situación del "Caisse D'Epargne" de Eusebio Unzué. Con el fin del patrocinio de la caja francesa a la vuelta de la esquina, la estructura navarra que tantos éxitos ha traído al ciclismo español veía peligrar su supervivencia a corto plazo. Más aún tras la sanción de Alejandro Valverde. Escrutando cada rincón del mercado se ha conseguido que una marca conocida -y española- como "Movistar" sea la que aporte la mayor parte del presupuesto de la entidad el próximo año. Pendientes de conocer la duración del patrocinio, sí se saben las cifras que se manejan, cercanas a los 10 millones de euros por año. "Telefónica" es una firma que ya conoce el mundo ciclista: patrocinadora de algún maillot de la Vuelta y fondo de muchos podios de nuestra carrera más internacional. ¿Quién no se acuerda, además, del anuncio de "Perico" Delgado para "Moviline"?

Se van perfilando, además, las altas y bajas del nuevo equipo: los cuatro franceses (Moreau, Perget, Jeanneson y Coyot) abandonan el equipo y se habla de posibles incorporaciones como la de Beñat Intxausti, que seguro va a dejar muestras de su calidad en la Vuelta. Está ya confirmado que el joven corredor vasco dejará el Euskaltel al final de la temporada. Pedía una ficha demasiado alta de asumir para la estructura de Madariaga y Galdeano. El enfado de ambos con el corredor de Múgica, especialmente del primero, fue tal que a punto estuvo Intxausti de quedarse fuera del 9 naranja para la ronda española. Si nos atenemos a las informaciones del diario "Deia", está muy difícil su fichaje, pues los equipos anglosajones -Sky y BMC- le llevan la delantera al flamante "Team Movistar". Suena también con fuerza Branislau Samoilau, un corredor biolorruso con mucho futuro por delante.

Mientras la rumorología sigue su curso natural, Unzué está pendiente del "sí" de Luis León Sánchez y José Joaquín Rojas para continuar en su equipo. Los dos murcianos tienen ofertas tentadoras de fuera (Rabobank y Garmin, respectivamente) pero estudiarán las propuestas de su todavía director. Después de adjudicarse, el uno, la Clásica de San Sebastián y de hacerse su hueco, el otro, en los sprints del pasado Tour, ambos se han revalorizado. La "vieja guardia" navarra, formada por "Chente" García Acosta, Zandio y Erviti está pendiente también de confirmar su continuidad. El futuro de Kyrienka está también en el aire. Sí se sabe, en cambio, que Pasamontes, Bruseghin, Rui Costa, Arroyo, Plaza, Amador, Soler, Urán y Madrazo continúan el año próximo pues tienen contrato en vigor.


Ya pensando en 2011 está Alberto Contador. Después de ganar algunos criteriums por Burdeos y Holanda, la temporada casi ha finalizado para el pinteño. Son ya tres los años en los que el futuro, tanto suyo como de la estructura para la que trabaja, están en juego. En vista de los problemas del Astaná, ha decidido apostar por la estabilidad de una estructura segura como la de Bjarne Rijs. Sigue "Saxo-Bank" como patrocinador -la contratación de Contador les ha hecho posponer su retirada del ciclismo un año más-, pero es ahora la empresa "Sungard" la que llevará el peso económico del equipo en su mayoría. Jesús Hernández, Dani Navarro y Benjamín Noval le acompañarán en su nueva aventura. Tiralongo deshojó la margarita y finalmente prefirió permanecer al abrigo de Giuseppe Martinelli. Falta por saber qué hará Cancellara, pues Breschel (Rabobank) sale del equipo, así como O'Grady, Voigt y Fuglsang, rumbo los tres al nuevo equipo luxemburgués. Los Schleck, mientras tanto, aún no han hecho público su patrocinador para el año próximo.

Dani Moreno al "Katusha", Greipel y Reynés al "Omega Pharma - Lotto" o Devolder al "Vancans'Oleil" son otros fichajes sonados del verano. Barredo suena para el "Rabobank" o como compañero de Contador. Pero sin duda el que se lleva la palma es el de Riccardo Riccò. El viernes la Gazzetta publicaba una entrevista con el díscolo italiano en la que afirmaba abiertamente que una vez rescindido su contrato con el Flaminia, el año próximo correría con el "Quick Step". Este extremo aún no ha sido confirmado por el equipo belga, por lo que las especulaciones que vinculan al segundo clasificado en el Giro 2008 van en aumento. Habrá que estar atentos en los próximos días a cualquier noticia.


Deportivamente hablando, el pelotón no para. Si Samuel Sánchez vencía en la Vuelta a Burgos hace una semana -gran Mosquera, por cierto-, este fin de semana David Blanco hacía historia en Portugal. Nuestro país vecino se ha convertido en la tabla de salvación para muchos de nuestros ciclistas, la mayoría desterrados tras la mal gestionada "Operación Puerto". Blanco, un gallego con las ideas claras, se ha hecho con su cuarta Vuelta a Portugal, igualando la histórica marca de Marco Chagas. Victorioso en las subidas al Santuario de Nuestra Senhora de Graça y al Alto de Torre, el corredor del "Palmeiras Resort" estuvo inconmensurable, como David Bernabéu y Sergio Pardilla, segundo y tercero respectivamente. Blanco y Bernabéu provienen ambos del "Kelme" de Vicente Belda. Son dos de los muchos "apestados por la famosa OP". Pardilla es un joven que pide a gritos un equipo de mayor entidad que le permita correr a mayor nivel por toda Europa. Por último, Tyler Farrar revalidó ayer su título en la Vettenfal Classics, venciendo a Boasson Hagen. Gran noticia ver de nuevo al americano volver por sus fueros tras un terrible Tour para él. Ahora sólo falta que Boonen y Haussler regresen al máximo nivel después de aquel desafortunado incidente con Cavendish en la Vuelta a Suiza.

jueves, 5 de agosto de 2010

Europeo de Atletismo 2010: No hay predicción que valga



Conforme pasan los años, uno ya se acostumbra a oír en los mundiales y europeos de turno a José María Odriozola. Y se pregunta si alguien en sus cabales debería realizar ese tipo de afirmaciones antes y después de cada competición de renombre. Los atletas, jóvenes o veteranos, son humanos y no todos soportan la presión de igual manera. Hasta que no apareció Marta Domínguez con su plata en el 3000 obstáculos el deporte español vivió tres días en vilo ante la ausencia de preseas. El atletismo hacía aguas frente a las 15 medallas que el Presidente de la federación había pronosticado. Éste, nuestro europeo, ha sido un campeonato de luces y sombras -como no podía ser de otra manera- en el que hemos salido a flote más que dignamente.

Acostumbrados a que el ahora sancionado "Paquillo" Fernández abriera la veda de medallas para nuestra delegación, cayó sobre los medios una ola de pesimismo que inundó las previsiones de los especialistas. Y es cierto que se ha hecho raro no ver a ningún medallista español en marcha, pese a que Garcia Bragado estuvo en su papel, de menos a mas, como Juanma Molina. La mala fortuna se cebó con María Vasco, que pensaba en rendir al máximo ante su gente pero a la que una inoportuna lesión la dejó destrozada en un mar de lágrimas. Sufrimos en el 10000 con la agonía sin premio de Lamdassem, al que Mo Farah destrozó sin piedad camino de un histórico doblete con su victoria en el 5000 sobre Jesús España, que lo dio todo y al que la plata, como a todos nosotros, nos supo a oro.

La recta de meta se nos hizo interminable con el de Valdemoro y con Mayte Martínez. La vallisoletana, bronce en el mundial 2007 de Osaka, llegaba corta de forma pero como siempre se creció en las series para llegar a la final. Premio más que suficiente a su pundonor. Irreprochable actuación. Pero, sobre todo, vimos que la recta no acababa con Marta Domínguez. Otra vez la palentina de la cinta rosa apareció para darnos una nueva clase magistral de saber estar y de clase sobre el tartán. Se planteaba el 3000 obstáculos como un duelo con la rusa Zarudneva, que había sucumbido a la velocidad terminal de Marta en el mundial de 2009. Esta vez las tornas se voltearon y la rusa se marcó un último 100 espléndido para eclipsar a nuestra atleta. Plata de ley para Marta Domínguez, la mejor atleta española de todos los tiempos, perfeccionista hasta el milímetro, que es consciente de que ha de seguir mejorando su técnica de paso por las vallas -y sobre todo por la ría-, para ceder el mínimo espacio posible con sus rivales. En cualquier caso, Marta, como siempre, estuvo a la altura. Siempre rinde, siempre cumple. También cumplió José Luis Blanco, todo un veterano que en la prueba de obstáculos masculina nada pudo hacer ante los dos franceses, que sencillamente estaban en otra liga, en otra dimensión. Oro y récord de los campeonatos para Mehkissi, que remató a un Tahri que había llevado el peso de la prueba. Bronce para el de Lloret, "primer atleta terrenal", justísimo premio para alguien que ha trabajado tanto como él. Eliseo Martín lo intentó todo pero sólo pudo ser octavo. Estar tan arriba con 37 años es suficiente mérito ante chavales de nuevo cuño que traen el viento del cambio.

De la agonía a la fugacidad del 100, que se nos hizo un suspiro con la aparición de Christophe Lemaître, un francés rubio, joven, con porte, que se convirtió en el rey de la velocidad tras su doblete en el 200. Tiene potencial el chico, como ya demostró en el doble hectómetro. Salió penúltimo de la curva y remontó espectacularmente en la recta para ganar por una centésima. Ha de mejorar, por tanto, su paso por curva si quiere aspirar a marcar interesantes en el futuro.


A algunos el final del 1500 se nos hizo aún más corto que la prueba reina de la velocidad. Vimos a Arturo Casado emular a Fermín Cacho sobre el tartán azul de Montjuic. Sin duda fue un acierto programar la temporada a un único pico de forma, como él mismo explicó. El padre de Arturo, Laureano, ha hecho del parapente su vida. Colaborador durante muchos años del equipo de "Al filo de lo imposible", a los mandos de esa tela voladora ha surcado los cielos de España. Este verano su hijo ha ampliado el horizonte y reina en Europa. Su tío estaba preocupado por un posible estancamiento en la evolución de Arturo. Ha quedado demostrado que tiene clase de sobra como para aspirar a grandes metas en el futuro. Es joven -27 años- y con todo el futuro por delante. Como Manuel Olmedo, de la quinta del del barrio de Santa Eugenia, un hombre que seguro ha aprehendido la valiosa lección de la final. Quiso remontar desde la cola del grupo y su velocidad superior -fruto de su época como ochocentista- le llevó hasta el bronce. Pero si busca cotas más altas habrá de saberse colocar mejor en el grupo. Mala suerte la de Reyes Estévez, que estuvo donde tenía que estar, siempre en cabeza, pero que se vio superado por el empuje de una nueva generación de talentos. Nada que reprochar al catalán, que ya vislumbra un posible salto de distancia. Con su talento, seguro que haga lo que haga le irá bien. Nos irá bien.


¿Y qué decir de Nuria Fernández? La atleta torrejonera, suiza de nacimiento, dio a la Comunidad de Madrid la supremacía europea en el "milqui". Todas las miradas estaban pendientes de Natalia Rodríguez, después de su polémica descalificación el verano pasado en Berlín. Ambas llegaban en un estado excelente de forma. Lo mismo se puede decir en el caso de la rusa Alminova. Cuando ésta se abrió a la calle dos a Nuria se le abrieron las puertas del paraíso de par en par. Se abrió hueco, hizo un último 100 fulgurante, siempre mirando hacia adelante, como quien divisa la gloria y camina firme hacia ella. Su triunfo y el bronce de la tarraconense son el justísimo premio a toda una carrera. Nuria sigue una semana después soñando con un oro que va dedicado a su pequeña Candela. A Natalia, en cambio, se la vio feliz pero seria. Se sabía muy cerca del oro pero se le escapó en la recta. En cualquier caso, las perspectivas son muy positivas para ambas atletas de cara a los mundiales del año que viene y, a más largo plazo, para Londres 2012. A partir de entonces no tener relevo para estas dos atletas ya sería -y con razón- motivo para encender la luz de alarma.

Eusebio Cáceres es la grata sorpresa de estos campeonatos, al menos para el público en general. El alicantino venía de ser plata en el mundial juvenil de Moncton, en Canadá, y ni el jet lag ni la presión de competir en un europeo senior en casa pudieron con él. En la clasificación se marcó un impresionante 8.27, récord de Europa junior, con el que soñamos para la final. Pero la falta de descanso y un tobillo maltrecho minaron sus posibilidades de dar la campanada. Los 3 últimos saltos fueron una agonía para que en el sexto y definitivo se resintiera de su lesión. Una pena el pasado, brillante ilusión el futuro. El objetivo es batir aquel ya mítico 8.56 de Yago Lamela en Maebashi. De momento, ese chispazo de clase está ya en el tercer mejor salto de nuestra historia. Luis Felipe Méliz no pudo mejorar tampoco su registro de la clasificación (se quedó undécimo, con 7.90 por los 8.06 de la fase de clasificación), mientras que Joan Lino Martínez se quedó fuera de la final. Nuestro bronce en Atenas llegó lastrado por las lesiones. Mal sabor de boca para el hispanocubano, que tenía muchas ilusiones puestas en Barcelona.

Dos oros, tres platas y tres bronces. Ocho metales. Sólo dos (Olmedo y Casado) por debajo de los 30 años. Evidentemente, el medio fondo es una prueba que en el caso de nuestros atletas siempre ha tenido mezcla de veteranía y juventud, y el relevo está asegurado con los flamantes bronce y oro. Tapar, sin embargo, la huella de Marta, Bragado o Mayte va a ser algo prácticamente irrealizable. Hay que seguir trabajando en los colegios con programas que fomenten el atletismo, ante todo como un juego. Luego -quién sabe- eso podría derivar hacia un nivel profesional. La dedicación de todos y cada uno de los que llegan tan alto es admirable. Vivimos en una sociedad cada vez más sedentaria, en claro declive hacia la autocomplacencia. Salir a correr con un sol de justicia o jarreando sólo está al alcance de personas con un espíritu de superación poco común. Por ello, porque el futuro es de chavales con un ADN tan competitivo como el de los valores de hoy, es imprescindible seguir apostando por la cantera. Para que lo que es divesión se entremezcle con vocación y se convierta en ganas de tocar el cielo


Fuente fotos: bcn10.org

martes, 3 de agosto de 2010

La "cara B" del Tour de Francia




"Estamos haciendo del ciclismo una patraña de niñatos"
. Carlos Sastre se despachó a gusto en la meta del Tourmalet. La neblina y algo de lluvia dominaban los Pirineos, como dominan las escenas de suspense de muchas películas. Tocaba una jornada de ciclismo del bueno, y eso parecía en principio, hasta que Alberto Contador y Andy Schleck firmaron una tregua tácita que derivó en palmadas mutuas y un guiño cómplice del madrileño al luxemburgués una vez el pupilo de Bjarne Rijs hubo ganado la etapa. A Sastre Contador trató de frenarle en su intento por atacar en los primeros kilómetros de aquel húmedo día, a lo que el abulense se negó. Las declaraciones del abulense no fueron sino el culmen de lo que ha sido un Tour descafeinado por el "buenrollismo" (permítaseme la expresión) en el pelotón.


Subiendo el Balès, Andy Schleck lanza un acelerón durísimo. El maillot amarillo está muy fuerte y se nota. Contador está encerrado en el grupo y tarda un par de segundos en reaccionar. Al luxemburgués le gusta hacer alardes de superioridad en sus palabras y en sus gestos. Sólo a él se le ocurre bajar al coche del equipo en plena subida, aún a riesgo de ser atacado. Y sólo a él se le ocurre jugar con el cambio en plena aceleración, levantado, "out of the saddle", que dirían los anglosajones. Una maniobra infantil provoca que se le salte la cadena. Contador, ya lanzado a por él, contempla la escena y decide seguir. En la meta el pinteño se viste de amarillo. Se rompe el ying-yang tácito entre los dos. En la meta, Contador niega haber visto lo sucedido. Es pitado en el podio. Por la noche pide perdón. ¿Perdón por qué? ¿Por no reconocer lo evidente, es decir, que le había visto? ¿Por no haber esperado a Andy? ¿O para evitar los pitos los días venideros?

Federico Martín Bahamontes ganó gran parte de su Tour de 1959 atacando en el avituallamiento. Algunos han querido establecer paralelismos entre sus luchas y las del "águila de Toledo" con Charly Gaul, "el ángel de las montañas". Pero es imposible, eran otros tiempos, otro ciclismo más puro, más épico. Así lo resume el seis veces ganador de la montaña en el Tour en esta entrevista a AS. Claudio Chiappucci se unió a Induráin en aquella mítica fuga hacia Val Louron atacando también en los kilómetros habilitados para comer e hidratarse. Eddy Merckx esprintaba por cualquier premio, tanto es así que una vez llegó a demarrar para pasar por debajo de una pancarta del Partido Comunista Italiano. ¿Desde cuándo se deben dejar las migajas para los demás?

Nadie duda de que, sin el incidente mecánico de Schleck, Contador habría luchado por el triunfo en el Tourmalet. Por desgracia, sus declaraciones post-etapa encolerizaron a muchos seguidores, no por lo que había hecho, sino por que negó haber visto a Andy clavado sobre el asfalto. Los corredores de generaciones pasadas (el propio Bahamontes, Hinault, Jalabert, Bruyneel) respaldaron la conducta del madrileño. Lance Armstrong fue uno de los pocos que discrepó -¡sorpresa!- con la línea de su director. Evidentemente hay un componente emocional en su trato con el pinteño que condiciona al texano.

Ezequiel Mosquera aún recuerda el esfuerzo ímprobo que realizó en Fuentes de Invierno (San Isidro). Él solo cribó a medio pelotón, sacó de punto a Valverde y a otros muchos. A su espalda sólo Leipheimer y Contador aguantaron. Había bonificaciones de por medio y el pinteño no se lo pensó. Soltó un latigazo seco en el último kilómetro y se hizo con la etapa. Es un ciclista muy ambicioso -siempre lo ha sido- y por eso resulta extraña su actitud para con Andy Schleck. Es comprensible que quiera mantener su cordial relación con el luxemburgués, pero en último término ha de entender que el deporte de élite es egocentrismo puro y duro. Incluso en los deportes de equipo. A Eddy Merckx se le recordará como al más grande por lo que ganó, no por los amigos que hizo en el pelotón -que también los tendría, claro está-. En cualquier caso, de seguir la amistad entre ambos por los mismos derroteros de este Tour, el ciclismo de los próximos años va a acabar siendo una organización orientada a la caridad y ayuda al prójimo. Ni mucho menos estoy en contra de que se lleven bien, pero sí censuro el conformismo que comienza a reinar en el pelotón.Nadie esperó a Evans en Sierra Nevada, cuando pinchó en el peor momento. Armstrong no se paró en plena crono para que Ullrich recuperara el tiempo que había perdido por una caída inoportuna, cuando el alemán lo daba todo para recuperarle tiempo al americano. Sin embargo, "Ulle" y Tyler Hamilton sí esperaron a Mayo y al propio Armstrong tras aquel incidente de ciencia ficción en Luz Ardiden. ¿Acaso Rominger esperó a Zulle cuando éste se cayó bajando La Cobertoria? Las caídas y las averías mecánicas son parte inherente de este ciclismo, como lo son de los deportes de motor. Son parte del ADN de este deporte y, como tal, pueden ocurrirle a cualquiera. El ciclista juega a diario a la ruleta rusa. Quien tiene suerte y pericia esquiva el infortunio, quien se levanta con el pie izquierdo o es nervioso puede ver arruinado ese día o esa carrera.
Todo esto viene a colación de la bochornosa situación del día de Spa. Lamento profundamente lo sucedido ese día. No sólo por la actitud de Cancellara,que hizo lo que tenía que hacer, es decir, ralentizar la marcha para que tanto Frank como Andy se reincorporaran al grupo. Por encima de todo, me encoleriza la falta de personalidad de quienes recibieron órdenes desde los coches de los equipos de mantener la marcha y prefirieron esperar. Joxean Fernández "Matxin" se quejó en su twitter de que los ciclistas hicieron caso omiso a sus directrices. Pero lo peor fue que una vez todos se hubieron reintegrado en el grupo -lo cual es mentira, porque nadie esperó a Vande Velde o a Farrar, por ejemplo-, el pelotón decidió que los últimos treinta kilómetros serían de "protesta".

Últimamente nos estamos acostumbrando a ver al pelotón protestar demasiado. Muchas veces tienen razón (véase este ejemplo espeluznante del Tour de Polonia). Pero son las menos. Refiriéndonos al día de Spa, ¿qué sentido tenía protestar por la caída de una moto que había evitado atropellar a un compañero ciclista -Gavazzi- caído y que involuntariamente había dejado un reguero de aceite en el ya mojado asfalto? Me desagradan en exceso las cacicadas del pelotón en los últimos tiempos. Como muestra un botón: en el Giro del año pasado, el pelotón se quejó en la etapa de Milán (Milán Show) de la peligrosidad de los coches aparcados en las cunetas. Decidieron marchar despacio hasta que, a falta de un par de vueltas, la carrera se lanzó. Nadie se quejó en esas últimas vueltas de los peligros de los coches. Hay mucha hipocresía en el ciclismo. Entiendo que los corredores exijan seguridad. Es absolutamente comprensible. Pero no veo bien que el vaso esté medio vacío y luego medio lleno. Quizá los grandes campeones de antaño deberían contar más a menudo sus hazañas por carreteras semiasfaltadas, en las que el peligro era lo de menos.


Cuando Frank Schleck se dejó la clavícula sobre el pavés, el Saxo Bank (con Voigt, Breschel y Cancellara al mando) no esperó al pelotón perseguidor de Contador y Armstrong. Como nadie esperó al americano cuando éste sufrió un pinchazo. Es decir, que los ciclistas interpretan la carrera según les conviene. No hay una línea clara en el pelotón, pero luego algunos se escudan en el "fair play" o en las relaciones personales entre unos y otros.

Cierro el círculo. Cae Samuel Sánchez e inmediatamente el Astaná ralentiza la marcha del pelotón. Sastre está nervioso porque Konovalovas, su compañero, marcha delante, a la espera de su movimiento. El de El Barraco acelera, Contador llega a su altura, traba algunas palabras con él, pero Sastre le manda a paseo. Luego soltará espuma por la boca en meta. Aunque entiendo la camaradería de Contador, Schleck y el propio Menchov para con Samuel, el ciclismo necesita figuras con "mala leche", capaces de atacar hasta cuando medio pelotón está orinando. Riccardo Riccò ha sido el último exponenete de estos "bad boys". El italiano sigue pululando por las carreteras y, créanme, yo cada vez le echo más de menos. Me estoy cansando de tanto "rollo hippie" colectivo. No es bueno para el deporte.

PD: Aprovecho para dejar enlaces a algunas fotos interesantes de este Tour, que recogen las satisfacciones y las penurias de muchos de sus protagonistas. Disfrutad con ellas. Recomiendo especialmente las instantáneas de Laurent Fignon, al que la quimioterapia le ha borrado su mítica cabellera rubia.

http://www.boston.com/bigpicture/2010/07/2010_tour_de_france_-_part_i.html
http://www.boston.com/bigpicture/2010/07/2010_tour_de_france_-_part_ii.html

http://forodeciclismo.mforos.com/30984/9337661-tour-2010-solo-fotos/

La "cara A" del Tour de Francia 2010




El barón de Coubertain estaría contento con la actitud del pelotón en este Tour de Francia que hace poco más de una semana expió. Que para el pelotón "lo importante es participar" quedó en evidencia en las etapas de Spa y del Tourmalet, no así el temido día del pavés ni en plena subida al Balès. Con suficiente tiempo para haber reposado las alegrías, decepciones y sorpresas, es hora de hacer balance de la Grande Boucle.

Se hablará durante mucho tiempo de la edición de 2010, tanto en su faceta deportiva como en la externa a ésta. Permitidme comenzar con la primera de ellas: sólo una victoria española -Joaquín Rodríguez en Mendé-, en una edición en la que los nuestros han sido muy protagonistas. Muchos días nos quedamos con la miel en los labios. Lamentamos la oportunidad perdida de Luis León Sánchez en Saint Jean de Maurienne, sufrimos durante una hora la agonía de un Carlos Barredo al que un repecho le cortó las alas en el último kilómetro. Ese mismo día, vimos a un Rubén Plaza intentar la heroica sin éxito ante un Fedrigo pletórico en Pau. Vimos a un José Joaquín Rojas cada vez más cerca de los mejores al sprint, mientras que sufrimos con un Freire que sin Flecha ni Horrillo se las ve y se las desea para llegar bien colocado a los últimos 300 metros y al que, por desgracia, las fuerzas le fallaron en este Tour. Recién operado de esos pólipos que tan molestos eran para el cántabro, ojalá al de Rabobank la segunda parte de la temporada le venga sin sobresaltos. Melbourne es su última parada.


Parece mentira que aún no haya hablado de la victoria de Alberto Contador. No por ser algo habitual ver al pinteño en lo más alto del podio su tercera victoria en París tiene menos mérito. Al contrario, ha sido una victoria sufridísima ante un Andy Schleck que ha mejorado sobremanera en montaña. Al luxemburgués el tiempo perdido en el prólogo ante Contador -42 segundos, un mundo- ya le obligó a ir a la contra. Sin embargo, antes de que siquiera pudiera plantear una emboscada, una caída colectiva le dejó contra las cuerdas. El reguero de aceite de una moto, una curva con el asfalto mojado, la carrera lanzada, Andy y medio pelotón al suelo. Cancellara sobrevivió al apocalipsis, y junto a él Sastre, Menchov y Gesink, hombres obligados a poner hombres a tirar del minipelotón que perseguía al escapado Chavanel. Armstrong y Contador marchaban detrás, a un minuto. Andy y Frank, a más de tres minutos. Lo lógico hubiera sido tirar. Y entonces surgió Fabian, maillot amarillo andante, pacificador sobre ruedas, para acongojar a medio pelotón y provocar la reagrupación general. Ese día no hubo pérdidas. Sí las hubo, en cambio, al día siguiente sobre el pavés. Frank Schleck volvió a morder el polvo (nunca mejor dicho) y su caída fragmentó definitivamente el pelotón. Los Saxo Bank iban como motos en cabeza, protegiendo a Andy. Contador y Armstrong se las apañaban como podían en un segundo grupo. Al español se le vio bien sobre el adoquín, hasta el punto de permitirse el lujo de levantarse del sillín en algunos tramos. Al americano, en cambio, las escabechinas que había anunciado se le volvieron en su contra. Un pinchazo en el penúltimo tramo le dejó solo, desarmado, sin equipo. Nunca se le había visto tan vulnerable. Hubo diferencias en Arenberg, pero menos de las que los directores pudieran haber previsto. Pero, por encima de todo, Contador sigue infundiendo ese miedo escénico entre todos sus rivales (Andy inclusive), que hace que en los peores días del madrileño las diferencias se minimicen. Nadie quiere arriesgarse a lanzar ataques lejanos en el último puerto sabiendo que un acelerón de Contador te deja fuera de la lucha por la etapa. Ese efecto ya se vio en el Criterium Internacional y lo hemos vuelto a ver en el Tour.Alberto es un gran campeón, capaz de ganar carreras a lo grande o de sacarlas adelante con oficio. Así ha ocurrido este mes de julio. Él mismo ha confesado que su estado de forma fue mejor en 2009, y sin embargo el "cara a cara" entre Andy y el de Astaná en montaña se ha quedado en tablas. 10 segundos para el luxemburgués en Morzine, otros tantos para Contador en Mendé. Preocupante fue, sin embargo, su rendimiento en la última crono. Evidentemente no era favorito para ganarla, a tenor de la distancia -demasiado larga para el pinteño-, pero si nos fijamos en lo que ha hecho en cronos de distancias y perfiles similares Contador siempre estuvo o rondó el "top 10" de la etapa. El ya tricampeón del Tour ha dejado entrever que variará su preparación el año que viene de cara a la ronda gala. Esperemos que el tríptico de las Ardenas se mantenga en su calendario. A muchos aficionados nos gustaría verle pelear en los muros de la Amstel, la Flecha y la Lieja. Tiró de experiencia para sumar su quinta gran vuelta y ser, junto con Gastone Nencini, el único corredor que ha llegado vencedor a París sin sumar victorias parciales. Lo mismo le sucedió en el Giro 2008.


Al hilo de lo anteriormente comentado del americano, éste ha sido el Tour de su declive definitivo. Era algo que muchos esperaban, bien para ser los primeros en darle la puñalada por la espalda, bien para certificar lo equivocado que el texano estaba cuando en septiembre de 2008 anunció su vuelta al pelotón. Sí que es cierto que desde su regreso se le ha visto -y desde el pelotón así lo han confirmado- más torpe sobre los pedales. Fruto de ello han sido las innumerables caídas en este Tour, por errores suyos o por estar en el lugar equivocado. El halo de corredore "intocable" que antaño le acompañó le ha abandonado por completo. No obstante, hay que elogiar su entrega en carrera, buscando un triunfo de etapa que le fue esquivo.


Lo mismo puede decirse de Carlos Sastre. El de Leganés se conoce mejor que nadie y, como buen veterano que es, supo dosificar sus esfuerzos en pos de una mejor clasificación general. Sin embargo, la edad y la falta de días de competición no perdonan, y el del Cervélo prefirió dar espectáculo antes que pecar de rácano. Dejó ver el maillot negro de su equipo durante varios días, con la inestimable ayuda de algunos compañeros. Por desgracia, el triunfo de etapa resultó una quimera, pero los seguidores valoran positivamente el que siquiera lo intentara desde lejos y no esperara a intentonas postreras en los úlitmos kilómetros. Ahora toca pensar en la Vuelta. Es difícil saber cómo se recuperará el ciclista afincado en El Barraco, pero siendo Sastre, esperamos verle arriba en la general.


No por ser los últimos sobre quienes vaya a escribir hoy serán los menos valorados. Al contrario, Samuel Sánchez y Joaquín Rodríguez han hecho sendos tours de sobresaliente. El campeón olímpico preparó con mimo la carrera y el cuarto puesto es un magnífico resultado, aunque a algunos les sepa a poco después de acariciar durante muchos días el podio. Pero Menchov no flaqueó ningún día (algo poco habitual en el ruso) y en la crono de Burdeos puso tierra de por medio con el campeón olímpico. Se impuso la lógica y el de Rabobank fue quien finalmente compartió foto en París con Andy y Alberto. Bastante que Samuel aguantó después del trompazo que sufrió el día del Tourmalet. Muchos, al verle acunado sobre el asfalto, sin fuerzas para levantarse, pensamos en lo peor. Pero los ciclistas son de un material sobrehumano y Samuel acabó la etapa y el Tour. Y en cuanto a "Purito", su estreno en la ronda gala ha sido de nota. Una etapa -Mendé- y buenísimas sensaciones en montaña nos deja el de Parets del Vallès, aunque la crono sigue siendo una losa muy dura si quiere aspirar a cotas mayores. En cualquier caso, una actuación brillante, que como premio tiene la ampliación de contrato con su equipo, el Katusha.


Este último párrafo quisiera dedicarlo a los detalles. Imposible no hablar de las lágrimas de Cavendish -primero cuestionado, luego imbatible-, o las de Evans y Farrar, de la magnífica actuación del ciclismo francés -excelsos Chavanel y Fedrigo-, o del soplo de aire fresco que nos llega desde el norte de España con el Footon - Servetto y sus nueve debutantes, que han estado espléndidos, con un Rafa Valls todo pundonor. Del fracaso estrepitoso de Wiggins al paso discreto de Basso por Francia, de las ganas de Cunego por brillar a los clases grautitas de kick-boxing a cargo de la "academia Mark Renshaw". De la sangre en el prólogo de Cardoso y Frank al espíritu de superación de todos los que han llegado a París. De la gran actuación en conjunto del Caisse D'Epargne al oscuro futuro de nuestros equipos. Habrá tiempo para hablar sobre ello en los próximos meses. Por el momento, pienso en cómo abordar el lado polémico del Tour. Hasta otro día.