domingo, 2 de mayo de 2010

Victoria amarga, dulce derrota




Pasado de fecha por diversos motivos y trágicos aniversarios, ahí va mi análisis del Barça - Inter y del Liverpool - Atleti:
Un espectacular mosaico daba la bienvenida al infierno al Inter de Mourinho. Sin embargo, quien sufrió el calvario fue el Barcelona. Con el mismo once inicial de la ida en el Meazza, Mourinho varió totalmente su esquema. Atrás, dos líneas perfectamente formadas, sin apenas espacios entre ellas, y con una isla llamada Diego Milito a la que acudir en cuanto sus compañeros "nerazzurros" (de blanco el miércoles). Con Eto'o reconvertido casi en lateral izquierdo y Sneijder haciendo lo propio en la banda derecha, fue una amarilla estúpida, infantil de Thiago Motta sobre Sergio Busquets (odio a todos los futbolistas que se tiran o simulan esperando el castigo al contrario. El fútbol ha perdido el poco halo de honor que antaño tuvo. Y lo que digo del catalán se pudo aplicar ese mismo día a Lucio), la que renovó las esperanzas "culés". Así, solo la mano derecha de Julio César, perfecto en el Camp Nou, evitó el primer gol local. Ibrahimovic, desaparecido en combate, fue un estorbo más que una ayuda para sus compañeros.

Los italianos cumplieron a rajatabla con la histórica premisa de Helenio Herrera -que entrenó a ambas escuadras-, cuando el argentino afirmaba aquéllo de "se juega mejor con diez que con once". Salió Ibrahimovic y entraron Jeffren y Bojan, y los cambios surtieron efecto: más movilidad, balones de una banda a la otra, pero aún así poca profundidad en el juego. Tardó demasiado el Barça en darse cuenta de que había que probar suerte desde fuera del área. Sólo tras el espectacular gol de Piqué (parece que ligeramente adelantado), cuando el reloj ya pedía la hora, el Barça varió su estrategia. Xavi y Messi lo intentaron, pero el Inter fue un frontón en todas sus líneas, repeliendo cualquier ofensiva. No les importó ceder el balón, y hasta Julio César sacó en innumerables ocasiones directamente tras la banda derecha del ataque transalpino.

Es encomiable -y hay que reconocérselo- el trabajo mental de Mourinho con su equipo. Es extremadamente complicado mentalizar a once jugadores de que van a salir al campo para no jugar, ni siquiera para salir a la contra. Parecía la única manera de vencer al Barça, pues en un posible intercambio de golpes no habría habido opciones para los de Milán. Otra cosa es su celebración, en la línea habitual de Mourinho en el Camp Nou, llena de aparente rencor, provocación en la que cayó Valdés, primero, y luego el club, con la tonta puesta en marcha de los aspersores. Así, lo único que consiguieron fue aumentar la rabia y el ego del entrenador luso. Ahora, lo único que les queda a los barcelonistas es la Liga, y ayer acallaron muchas dudas sobre su juego barriendo a un Villarreal que desde el primer minuto buscó el cuerpo a cuerpo. Cuando uno juega con Nilmar en vez de Messi, y falla lo que falló el brasileño, es normal que no tengan luego piedad de ti. 1-4, justísimo resultado.



¿Y qué decir del Atleti? Habría que ser "colchonero" -yo no lo soy- para adivinar los procesos mentales de la masa atlética, una masa que piensa como uno solo. Basta con ir al Calderón para descubrir los mismos comentarios en cuarenta mil gargantas. Así, el jueves Madrid era atlética por primera vez en muchos años. Seguidores del Madrid -quien escribe, por ejemplo- apoyamos a nuestro vecino, por simpatía, por ser de la ciudad, por ser español, o porque sencillamente queremos que el Atlético de Madrid vuelva a pelear en la Liga, para recuperar la mística y la grandeza de los derbis de antaño. Y pese a que el Atleti salió dormido, paralizado ante el ambiente de Anfield, pudo haberse puesto por delante en la primera parte antes de que Aquilani, al borde del descanso, metiera miedo en los seguidores rojiblancos. Con Forlán recibiendo pocos balones, Reyes fintándose a sí mismo y Simao desaparecido, Agüero cometió el error de atacar una y otra vez por el flanco diestro de los "reds", donde un inconmensurable Mascherano no dejó pasar a nadie.

Pasaban los minutos y a Gerrard, que tan bien lo había hecho en el primer tiempo, se le veía cada vez menos. Al Liverpool le fallaban las fuerzas, la grada de Anfield gritaba en español. Tres mil valientes retaban a la tribuna opuesta de "The Kop", que sólo respondía con abucheos. Poco a poco, los madrileños empezaron a dominar, el balón circulaba de Antonio López a Valera, de Reyes al medio, y del medio a Simao. No había prisa, era balonmano sobre el 101 x 68 de Anfield, de un extremo al otro, buscando espacios para Forlán o el "Kun", para los interiores o para el golpeo lejano, como así lo interpretó Raúl García. Benítez introdujo cambios en su equipo; Quique, que lo veía todo tan bien, decidió esperar a la hipotética prórroga.


El querer mantener intacto al once que tan bien lo estaba haciendo, cuando ya había gente -Assunçao, por ejemplo- que estaba físicamente muy tocada, se volvió en contra del entrenador rojiblanco. El Liverpool cercó la portería del magnífico De Gea en los primeros minutos de la prórroga, y el gol de Benayoun, previo pase de Lucas Leiva, eliminaba virtualmente a los madrileños. Pero entró Jurado, y su técnica y frescura física voltearon las tornas de nuevo. Un disparo suyo lamió el poste izquierdo de Reina, en lo que fue el preámbulo del gol atlético: Forlán, en el sitio del delantero, fusiló a Reina tras una gran asistencia de Reyes. Nada cambiaría hasta el final del tiempo extra, y de hecho fue el Atlético quien tuvo el balón en los minutos finales y bien pudo haber empatado el partido en sendas ocasiones de Agüero y Salvio.

El fútbol fue justo con el Atlético. Falta ahora que lo sea la historia. El aficionado ha de sentirse contento, pero, como bien exponía José Eulogio Gárate en una columna en el diario El Mundo, debe exigir más: no se puede tirar la Liga sin ton ni son, como se ha hecho en muchos campos este año. Acabará la temporada, con dos, uno o ningún título, y será entonces cuando se tenga que hacer balance. Seguro que éste será positivo, pero con matices: se ha emprendido el camino hacia la historia de antaño, pero un equipo de la entidad del Atlético no se puede permitir desperdiciar una competición, por grande o pequeña que sea. Lo que sí debe mantenerse es el punto de inflexión que estos últimos meses han marcado en una entidad poco acostumbrada -cada vez menos, por desgracia-, a visitar la fuente de Neptuno. En manos del equipo queda que el dios griego no pase otro verano solo.

Fotos: Reuters

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