miércoles, 7 de abril de 2010

Imaginación al poder: París - Roubaix




Caen poco a poco las horas que faltan para el próximo domingo. La Place du Palais de Compiègne se llenará de gente, como cada año, que podrá ver de cerca (tocar incluso) a los héroes que van a desafiar a esa dama que el mundo ciclista conoce como "la reina de las clásicas". Con los maillots aún inmaculados, impolutos, los valientes saldrán a las nueve de la mañana de esta localidad francesa, ochenta kilómetros al noroeste de París, rumbo al infierno.
"El infierno del norte". 259 kilómetros de sufrimiento para que sólo un corredor se lleve la gloria. La París - Roubaix suscita respeto, admiración, odio y temor a partir iguales en el pelotón. Sólo la ganan quienes verdaderamente la aman, y por eso sabe tan bien la victoria, porque cortejarla hasta ser el elegido conlleva tanto esfuerzo y dolor que la recompensa impulsa al vencedor a una dimensión que sólo quienes la han ganado conocen. Hay quienes estuvieron enamorados profundamente, como Duclos-Lassalle, que engatusó a la Roubaix dos veces; quienes vencen pero la rechazan, tipos duros como Bernard Hinault, que la corrió sólo una vez y una vez la ganó. "La París - Roubaix es una gilipollez", afirmó el bretón; hay muchos otros que ya no están, como Franco Ballerini, doble ganador en el velódromo, y al cual se homenajeará seguro este año. Su legado lo recogen nuevas hornadas de enamorados y vaqueros del oeste, pero la esencia de antaño pervive.


Pasar por las zonas que acogieron las mayores y más cruentas batallas de la "Gran Guerra", por donde también pasó la Segunda Guerra Mundial, zonas de una belleza inigualable: campos sembrados, zonas rurales por las que el tiempo pasa de largo, bosques mágicos, y el pavés, siempre el pavés. Recomiendo, si no las han visto, dos películas sobre la "Roubaix": "A Sunday in hell", de la época de Merckx, De Vlaeminck, Godefroot y Maertens, y "The Road to Roubaix", que refleja la historia de la edición de 2007 (y que se puede descargar en la extensa base de vídeos del foro Parlamento Ciclista).

Tres tramos de cinco estrellas esperan al pelotón: el Bosque de Arenberg, Mons-en-Pévèle y el Carrefour de L'Arbre, según el orden en que son superados, máxima dificultad sólo al alcance de los especialistas en las piedras. Veintisiete tramos en total para casi cincuenta y tres kilómetros: una eternidad. Los ciclistas montarán bicis especiales, totalmente diferentes a las convencionales, para superar el durísimo pavés, irregular, que nada tiene que ver con el del Tour de Flandes del domingo, como nada tiene que ver la clásica flamenca con la francesa. Son dos universos a años luz el uno del otro. La "dama del norte" espera en la meta del velódromo de Roubaix espera para
ser cortejada. Un velódromo con reminiscencias a principios del siglo XX, cuando la pista era la reina en el ciclismo y el dinero rodeaba cualquier velódromo. Aunque no siempre acabó la Roubaix allí (la sabiduría popular de este foro enriquece los conocimientos propios).
Año 2010: Boonen busca la leyenda, igualar con De Vlaeminck a cuatro victorias y resarcirse, de paso, de la derrota dolorosa en Flandes. En buena forma, como ha demostrado hoy en la Scheldeprijs (cayéndose y volviendo al pelotón), se le nota la ansiedad que tiene. Sin ir más lejos, hoy ha lanzado el sprint muy muy lejos, gastando sus energías demasiado pronto. Enfrente, un Fabian Cancellara que ya ha cumplido con su objetivo, ganar Flandes, pero que siempre quiere más y al que seguro que el hecho de intentar el dificilísimo "doblete" Flandes - Roubaix le estimula lo suficiente para luchar hasta el final. Vuelve, además, Pozzato, después de recuperarse del virus que le apartó de los muros flamencos, en una clásica en la que brilló con luz propia el año pasado. Si los tres se escapan juntos, a Boonen puede que le dé un infarto: uno de los mejores rodadores de la historia del ciclismo junto a un sprinter que sabe cómo ganar al belga. ¡Cuántos quilates en sus piernas! Pero Boonen no es manco, y a buen seguro tratará de dar una exhibición para deleite de los miles de belgas que cruzan la frontera para abarrotar las cunetas de los tramos de pavés (ojalá este año no escupan ni se crucen delante de los ciclistas). Como outsiders de lujo, Flecha, Hoste, Hincapie, Burghardt, Ballan, Van Avermaet, Breschel o Quinziato. La edición de este año es una de las más abiertas de la historia, por la amalgama de favoritos y por el estado de forma en que todos ellos están. Habrá que estar atentos, además, a los progresos del jovencísimo Peter Sagan, el nuevo talento ciclista, que se estrena en la "reina de las clásicas".

Roubaix lleva un año preparándose para el domingo. Velódromo engalanado, cunetas de fiesta, gradas repletas, con o sin lluvia hay una dama esperando al elegido. Año a año, el palmarés se agranda. Toca soñar despiertos. ¡Que reine el espectáculo!


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