viernes, 16 de abril de 2010

Ciclismo con sabor a cerveza: Amstel Gold Race




Las alarmas han saltado en Holanda: la nube de humo procedente del volcán islandés que tan famoso se ha hecho desde el miércoles ha provocado la cancelación de miles de vuelos al norte de Europa. A día de hoy, viernes, es difícil saber qué repercusión tendrá esto sobre la participación de la Amstel Gold Race. Gente como Freire ha tenido que viajar en tren y en coche para llegar a los Países Bajos. Otros, como Quinziato, harán trayectos más que respetables por las autopistas europeas. Sabor a los viejos tiempos.

A expensas de lo que pueda suceder en la tarde de hoy y en el día de mañana, este previo está pensando en una carrera con circunstancias extradeportivas normales.

Uno es joven y no ha vivido per se más que los últimos tres lustros de historia ciclista. Afortunadamente, hay muchos vídeos hoy en día que permiten retrodecer en el tiempo hasta la esencia misma de este deporte. Pero, en lo que a tiempos recientes se refiere, he de decir que muchos de los peores momentos -la brutal caída del pobre Scott Sunderland, la de Frank Schleck del año pasado o el incidente con la moto de Zberg y Missaglia en 1999- y también muchos de los mejores, siempre de la mano de uno de mis ídolos, el combativo Michael Boogerd, los he vivido a través de la Amstel.

Durante un día, Holanda deja de ser en el imaginario colectivo un país llano, sobre el nivel del mar (en ocasiones incluso por debajo de éste), para convertirse en un sinfín de tortuosas cuestas en el que el color predominante deja de ser el verde y, en su lugar, brilla con luz propia el naranja Rabobank. Es la "clásica de la cerveza" una de las carreras en las que, por tradición, el aficionado local no busca la victoria de un corredor en particular. Prevalece la escuadra holandesa sobre los nombres, pero, si gana un corredor de casa, y además viste el maillot del banco holandés, obviamente la fiesta será doble. Cada año que pasa, la presión sobre los "orange" es mayor. Son ya nueve años -desde 2001- sin que uno de ellos consiga cruzar la meta sobre el Cauberg en primer lugar. Erik Dekker busca sucesor y éste puede ser el año, con una gran generación de ciclistas holandeses que promete dar mucha guerra en todos los terrenos. Añádasele a un Óscar Freire en estado de gracia (siempre se le hace un poco dura la carrera, pero acaba en puestos de mérito), y el domingo probablemente los Rabobank ofrecerán una lucha sin cuartel, hasta el final, con Gesink, Nuyens y Boom en la "pomada".


Compartió Jan Raas con varias generaciones de ciclistas del Rabobank su experiencia. Con cinco victorias, es el hombre más laurado. Holandés tenía que ser. La vocación por destacar en la carrera holandesa de más renombre en el calendario ciclista se hereda generación tras generación. La afición holandesa, que disfruta de la cerveza -Amstel, por supuesto- en los bares de Valkenburg, sale en masa a la cuneta para presenciar, in situ, las tres subidas al Cauberg. Son bulliciosos como sus corredores. Incondionales seguidores, incansables bebedores (que esto no se tome como ofensa, pero es que en el norte de Europa el ritmo de consumición va varias velocidades por delante del español).
La terna de favoritos es extensa. Lo mejor de lo mejor. Sólo faltan Cancellara (merecidísimo descanso el suyo), Samu Sánchez (injustificable e incomprensible su baja. Mal Euskaltel) y Pozzato, que tiene bastante claro que el Katusha llega con el arsenal a punto. Ivanov, vigente ganador, ha afilado su forma sobre el pavés, y "Purito" Rodríguez llega, por fin este año, sin el yugo de tener que ayudar a Valverde, porque él es ahora el co-líder para la Amstel. Su forma y sus últimos resultados le avalan. Conoce de sobra el trazado y siempre lo ha hecho bien en la primera clásica del tríptico de las Ardenas. Tiene, además, una buena llegada, por lo que se desenvuelve bien en los grupos pequeños. Serias opciones para el catalán el domingo.


La otra opción española es, como siempre, Alejandro Valverde. Si el de Las Lumbreras antaño empleó la Amstel como banco de pruebas para la Flecha Valona y la "Lieja", este año parece que llega a punto para ganarla. En una gran forma tras la Vuelta al País Vasco, tendrá como escuderos a Luisle Sánchez y al incombustible Kiryienka. De las tres clásicas ardenenses, es la única que aún no ha ganado. Por ello, ha de ser una obligación intentarlo este año, más aún cuando gente como Cunego no llega en su mejor momento. El veronés, que se retiró en el País Vasco por problemas intestinales, llegará con la forma física mermada y la moral por los suelos, tras conocerse en las últimas semanas que está siendo investigado por la fiscalía italiana por dopaje.

Es raro que Valverde no mencione como favoritos a los hermanos Schleck. Bien es cierto que Andy mostró en el País Vasco que estaba aún corto de forma comparado con Joaquim Rodríguez, Samuel Sánchez o el propio corredor murciano, pero el tándem luxemburgués tiene calidad de sobra en las piernas para romper todo un pelotón en los muros de cualquier clásica. Sí, el sprint no es lo suyo, pero uno o los dos seguro que llegarán con opciones de victoria al Cauberg. Más aún si, como ha afirmado en las últimas horas Andy, el Saxo Bank endurece la carrera. Voigt será su hombre de confianza. Otro de los "capos" será, sin lugar a dudas, Philippe Gilbert. El valón llega en estado de gracia tras su podio en Flandes, y éste es su terreno. En las cotas de rampas imposibles es donde el corredor del Omega Pharma-Lotto da lo mejor de sí. Dani Moreno será su escudero de lujo. Por último, Gesink ha de estar con los mejores sí o sí. Holandés en el equipo holandés, el de Rabobank se ha entrenado a conciencia para ganar. Su mal endémico es el mismo que el de los Schleck: no es un "finalizador". Pero si ataca en un muro, es muy difícil seguirle.


Kreuziger y Nibali darán presencia al Liquigas en la parte final de la carrera. Iglinskiy, Leukemans, Evans, Gerrans, Wiggins y Sastre (testimonial inicio de temporada el de ambos), serán también objetivos de fotógrafos y cámaras de televisión. Como lo serán los treinta y un muros de la carrera, algunos de ellos durísimos, como el Keutenberg, siempre decisivo por su cercanía -doce kilómetros- a la meta. Juez y parte en una carrera larga, infinita, de fondo puro y duro (257 kilómetros), en la que, por si fuera poco, este año el tortuoso Eysenbosweg se sube dos veces.

Domingo, a eso de media tarde: decenas de miles de holandeses esperarán, Amstel en mano, el último paso de los favoritos por el Cauberg. Los corredores llegarán en racimos, será un goteo continuo en el que muchos zigzaguerán por la durísima pendiente de Valkenburg. El público local venerará al ganador ese mismo día. Yo espero hacerlo, también Amstel en mano, el lunes en la facultad. Es la ventaja de que los holandeses nos provean de cerveza. Es una pena que el botellín haya dejado paso a la lata. Las victorias no saben igual a través del aluminio...

NOTA: para algunos episodios del artículo, además de las fuentes citadas, he empleado el magnífico libro de la revista Ciclismo en Ruta, Grandes Clásicas (Especial 2). Una delicia.

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