viernes, 30 de abril de 2010

Cómo cambiar plantillas en blogger



No resulta nada difícil cambiar la plantilla de mi blog (aunque yo no lo haya hecho, ya que la actual me resulta muy útil y me gusta bastante por su diseño): hemos tomado como ejemplo esta página de plantillas, de la cual hemos seleccionado una al azar (de descarga gratuita y libre). Una vez la hemos descargado, subimos las imágenes de la plantilla nueva a una página de almacenamiento de fotografías (véase Flickr o Picasa), para luego poder linkar la URL de esas fotografías con el código HTML de la plantilla.
A continuación -ya en nuestro blog- seleccionamos la pestaña "Edición de HTML", dentro de la pestaña de "Diseño". Por si acaso, antes de sustituir nuestra plantilla base, guardamos la misma en nuestro disco duro. Una vez guardada, podemos continuar el proceso: clicamos en "examinar" y subimos el archivo .xml de la plantilla nueva. Blogger nos avisa de si la nueva interfaz mantiene o no los widgets originales (hemos de decidir si queremos que estos permanezcan o no). Por último, hay que vincular las fotografías que hemos subido a Flickr o Picasa al código HTML: tecleamos Ctrl. + F, y aparece un cuadro de diálogo en la página sobre el cual pegamos la URL de la imagen (Blogger la detectará y se resaltará en verde una parte del código fuente).
Una vez hayamos vinculado las fotografías a la plantilla, ya podremos emplear correctamente la nueva plantilla. Caso de que no sea de nuestro agrado, en la misma pantalla aparece, en la parte de abajo, la opción "Recuperar la pantalla clásica". Eso sí, si volvemos a la interfaz antigua habremos perdido todos los widgets (a menos que la hayamos guardado previamente).

lunes, 26 de abril de 2010

Triplete de los "Alejandros" en Ans




Alexandre, Alexandr, Alejandro. Vinokourov, Kolobnev y Valverde. El nombre de la estirpe de los zares dominó la Lieja - Bastogne - Lieja del pasado domingo, una carrera en la que el protagonismo final se lo llevaron los "segundas espadas". Y, ahora que el tríptico de las Ardenas ha llegado a su fin, es momento de hacer balance de lo visto en esta semana. Pero, de momento, hablemos de lo sucedido ayer.

Las caídas, intentos suicidas de gente de renombre (Voigt o Monfort) y las múltiples visitas de algunos favoritos (Gesink, Freire, Frank Schleck o Valverde) a la parte final del pelotón marcaron los kilómetros previos al Mont - Theux y La Redoute. Fue en esta última cota cuando ya se vio quién estaba en condiciones de ganar y quién no. Los favoritos aguardaban a la Roche aux Faucons para moverse, mientras que gente como Barredo, Garzelli o Tony Martin demarraban a fin de formar un grupo con el que poner en apuros al pelotón. En el llano entre La Redoute y la Côte de Sprimont lo intentó Ivanov, pero al campeón ruso el final de carrera se le hizo eterno.


Como si de un calco de la edición de 2009 se tratara, Andy Schleck reventó la carrera con un ataque en las primeras rampas de la "Roca de los Halcones", al que, en principio, sólo un inconmensurable Gilbert pudo responder. Un pequeño grupo perseguidor regulaba las distancias con el luxemburgués y el belga. Casi coronando, un hachazo seco de Contador le acercó en un abrir y cerrar de ojos a la dupla de cabeza. Ya en el descenso se formó un grupo más numeroso, en el que la superioridad numérica de los Astaná (Vinokourov - Contador) y los Katusha (Kolobnev - Rodríguez) era manifiesta. Y fruto de esa superioridad llegó el ataque del kazajo. Un Vinokourov desatado se escapó del pelotón a 17 kilómetros de meta, y sólo Kolobnev reaccionó a seguirle. Obviamente, ni Contador ni el "purito" tiraban del grupo perseguidor. Sólo Gilbert se percató de la gravedad de la situación y, viendo amenazada su posibilidad de victoria, cambió el ritmo de forma brutal. Valverde se le unió. Luego lo haría Cadel Evans. Pero era un intento en vano.


Conforme se acercaba Saint - Nicolas, la rémora de tener a un Valverde que no pasaba a los relevos disparó la distancia con la dupla ex-soviética. Más de medio minuto, un guarismo casi insalvable. Por detrás, el grupo de Contador, Andy Schleck, Rodríguez y Antón era absorbido por un numerosísimo pelotón en el que marchaba un gris Damiano Cunego. Mientras tanto, en plena subida a la durísima Côte de Saint - Nicolas, Vinokourov lanzaba un primer ataque sobre Kolobnev, durísimo, interminable para el ruso, pero infructuoso para el kazajo en ese momento, pues el dúo no se deshizo. En el trío perseguidor, Valverde parecía predestinado a atacar. Así lo hizo, pero fue un ataque de gaseosa, al que respondió Gilbert, que iba sin cadena. El belga contratacó de manera explosiva y se fue en solitario. La ventaja se redujo hasta los veinte segundos con el dúo de cabeza y, por un momento, parecía que podía enlazar. Andy Schleck, Contador e Igor Antón atacaban en el durísimo muro y tomaban unos metros de ventaja sobre el pelotón.

Kolobnev agonizaba, y un espléndido Vinokourov le remató en plena subida a Ans. El ruso, combativo hasta el final, se despegó de su sillín en un último intento por alcanzar al renacido kazajo, pero no pudo lograrlo. El final se le hizo muy duro, sin embargo su segunda plaza fue justo premio para él y para su equipo, que ha dado lustre a las tres clásicas de la semana pasada y que mereció al menos un triunfo. Ahora sobrevuelan las dudas en algunos periodistas y aficionados sobre la "limpieza" del flamante ganador de la Lieja. Evans y Valverde alcanzaron a Gilbert y el tercer puesto fue al final para el español. Igor Antón, fantástico, fue séptimo al final, y Contador décimo. Ambos mostraron en la Flecha y la Lieja que tienen condiciones para optar a la victoria en ambas clásicas, y lo que es más importante, acumularon una experiencia impagable de cara a futuras participaciones. Barredo (20º), Dani Moreno (25º), Tondo (26º) y Luisle Sánchez (28º) redondearon la buena participación de los nuestros, en el día en que un hombre que resurgió de la oscuridad, Alexandre Vinokourov, ganó su segunda Lieja - Bastogne - Lieja, tras su triunfo en 2005. La cara negativa la pusieron Freire, que no tuvo su día y abandonó, y Joaquim Rodríguez, que se hundió en el tramo final y llegó a más de cinco minutos del ganador.

Más allá de particularizar en unos y otros, bajo mi punto de vista los equipos Saxo Bank, Liquigas y Rabobank son los grandes perdedores de esta semana de clásicas. Unos, porque se han dejado ver pero les ha faltado coordinar estrategias y afinar la forma de cara a las tres carreras, otros porque tenían mucho nombre a priori de lo que han hecho, y otros porque no han hecho nada de lo que se esperaba. La cara de la moneda se la llevan Astaná, Katusha, Omega Pharma - Lotto y Euskaltel: los kazajos, porque dejaron un buen sabor de boca en la Amstel con Gasparotto, y mantuvieron el nivel con Contador y Vinokourov. Igual que la escuadra rusa, sin suerte este año, pero con la mayor notoriedad de todos los equipos en la parte final de las clásicas, siempre al ataque. Los belgas ganan sencillamente porque tienen a Gilbert, que se deja el alma, con o sin suerte, en todas y cada una de las carreras de este corte, y los vascos de naranja porque han conseguido que nos olvidemos de la baja de Samuel Sánchez con la aparición estelar de Igor Antón. Y vosotros, ¿qué opináis?

Fotos: Sirotti/Roberto Bettini

sábado, 24 de abril de 2010

La hora de la verdad: Lieja - Bastogne - Lieja




Tercer monumento del año, la mística y la heroica del deporte se fundieron en 1892 para concebir a la Doyenne (domingo, 14:15 h en Teledeporte y Eurosport), la "decana" de las clásicas. Como sus otras cuatro compañeras dentro del selecto club de "monumentos" del ciclismo, la "Liège" ha escrito algunas de las páginas más gloriosas de la historia de este deporte, siempre en colaboración con Bastogne, ciudad en la que el general Patton contuvo el avance nazi a cargo de Von Rundstedt, "el último prusiano". Por la tierra y el asfalto valón Hinault sobrepasó sus límites y perdió el tacto en los dedos de las manos, en un año -1980- en el que le petit blaireau se fue en busca de la historia a casi 80 kilómetros de meta. En un año de aire gélido y nieve en cantidades industriales, el francés se impuso en una prueba con más de 110 abandonos. Mismas condiciones climáticas en 1950. La primavera belga nada tiene que ver con la ibérica, aunque en los últimos tiempos el sol brilla año tras año.

Vimos al malogrado Vandenbroucke atacar en Saint - Nicolas en 1999, después de haberse exhibido en La Redoute frente a todo un Michele Bartoli. Desde entonces, ya nada es igual en la mítica cota. O, por qué no, vimos a un español triunfar por primera vez en 2006. Alejandro Valverde, hombre de innatas condiciones para la práctica del ciclismo, repitió en 2008, siempre haciendo gala de su velocidad terminal en grupos pequeños. Un seguro de vida para el ciclismo nacional.



Se mantiene fiel el recorrido a las ediciones anteriores, duro, exigente, sólo para los elegidos, más aún desde la irrupción de la "Roca de los halcones" (Roche aux faucons, kilómetro y medio a casi el 10% de desnivel), una cota que ha decidido siempre qué corredores llegarían con opciones de victoria a la meta de Ans. Es una subida enormemente selectiva, por estar a sólo diecinueve kilómetros de meta, porque los corredores llevan ya una eternidad en las piernas -230 km.- y porque es la traca final a la sucesión del Mont - Theux y la ya mencionada Côte de la Redoute. Esta última ya provocará una selección natural por su dureza, y en el llano hasta la roca de los halcones algún outsider tratará de buscar la gesta en solitario. No sería descabellado pensar en un ataque de Ivanov o Kolobnev, como ya hiciera Bettini en 2008. Si la "roche" no es decisiva per se, la autopista al cielo de Saint - Nicolas (un kilómetro al 11%, a sólo cinco de la meta) será la última oportunidad antes del repecho final en Ans, más tendido pero igualmente duro después de la distancia acometida. Después, un giro a izquierdas para mirar con ansias la meta, donde es más que probable que alguno de los siguientes favoritos se haga con la edición de este año:

2006, 2008,... Si seguimos la progresión, Valverde debería ganar este año. Pero las matemáticas no hacen el ciclismo. Es la forma de cada corredor la que les coloca en su lugar. Y, por lo visto hasta ahora, el murciano llega con buenas piernas a la "Liège". Ya con el rocambolesco viaje desde su tierra en el olvido, el del Caisse D'Epargne conoce el trazado al dedillo y tiene de su parte su poderoso sprint. Tácticamente a veces tiene deslices impropios de un ciclista de su categoría (el chubasquero de Suances se me viene a la cabeza), y este año no tendrá a Joaquim Rodríguez de escudero. En su lugar estará su paisano Luis León Sánchez. Aun así, debería llegar con opciones al repecho de Ans sí o sí. A la espera del veredicto sobre su "affaire" con el CONI, no puede dejar escapar ninguna carrera pensando en una hipotética participación en el Tour.


Philippe Gilbert vive por y para la Lieja. Se crió cerca de La Redoute y ha mamado la tradición e historia de la clásica valona desde la cuna. No hace falta decir que su estado de forma es óptimo, a la vista de su victoria en la Amstel. Estuvo arriba en el Muro de Huy, pero seguro que decidió ahorrar algo de fuerzas de cara a mañana. Conociendo la mentalidad del belga, doy por hecho que nos brindará un gran espectáculo, siempre al ataque, como a él le gusta. En caso de llegar en grupo, es otro de los que tampoco se desenvuelve mal, pues tiene una buena punta de velocidad al sprint. Samu Sánchez o Tom Boonen pueden dar fe de ello. Habrá de mantener la cabeza fría para no desperdiciar fuerzas antes de los momentos decisivos.

Damiano Cunego llega, al contrario que en sus participaciones anteriores en las clásicas ardenenses, con el punto de forma perfecto para luchar por la "Liège". Quizá sea una carrera demasiado dura para el veronés, pero ya cuenta con un podio en Ans (tercero en 2006) y varios top-10. Sería raro verle atacar por esta razón, pero tiene clase de sobra para llegar con opciones a la victoria final.
Dicen los hermanos Schleck que su equipo va a tratar de endurecer la carrera al máximo. Buscan eliminar, más que previsiblemente, a Contador. Pero los luxemburgueses son dos tipos con una más que contrastada experiencia en estas lides. Frank es un clasicómano puro, y en la Amstel desaprovechó su oportunidad cuando su estado de forma era mejor que el de su hermano. No siempre la estrategia de atacar uno y esperar el otro resulta, y al mayor de los Schleck le eclipsa en muchas ocasiones Andy. Es paradójicamente el pequeño quien se ha hecho con esta clásica -defiende la victoria del año pasado-. El estado de forma de los dos es una incógnita: Frank parece estar más fino que Andy, a tenor de lo visto en Valkenburg y Huy. Mañana será otro cantar. O llegan en solitario o difícilmente ganen, pues esprintar no es lo suyo.

El Team Katusha (Ivanov- Kolobnev y Rodríguez) presenta una escuadra potentísima, con tres candidatos a la victoria. La dupla rusa demostró que está en un estado de forma excelente en las dos primeras clásicas del tríptico ardenés, y el "purito" estuvo peleando por la victoria en la Flecha. El sitio que le corresponde por los galones que le ha otorgado la escuadra rusa, y por su magnífica forma física. Segundo el año pasado, el de Parets del Vallès busca la que sería la victoria más prestigiosa de su carrera. Le sobran condiciones, pues siempre ha estado con el grupo de favoritos, aunque no de primera espada, sino de gregario de Valverde. Las tornas este año han cambiado y está en un equipo cuya única estrategia ha de ser atacar, atacar y atacar. No veo una jerarquía definida en el equipo, aunque quizá Kolobnev sea el peón que se sacrifique por su compatriota y por el ex-campeón de España.

Tras su victoria el miércoles en Huy, Evans afronta la Lieja sin lugar a dudas con la vitola de favorito. No tendrá la libertad de que gozaba hasta ahora en estas carreras, y por ello será difícil que el maillot arcoiris realiza el dificilísimo doblete Flecha - Lieja. Muchos aficionados le tindan de ser un mero "chuparruedas", pero la realidad es que es un corredor que sabe estar en el momento preciso y, lo más importante, que sabe cuándo atacar, justo en el clímax de la duda entre sus compañeros de grupo o en el pelotón. Ya lo demostró en Mendrisio el año pasado. ¿Por qué no podría hacerlo en Ans?

Nibali y Kreuziger conforman un ataque temible. Comandando la Liquigas, son dos jóvenes llamados a encabezar la nueva generación del ciclismo, y cuya experiencia en este tipo de carreras crece año a año. El checo se desenvuelve muy bien en este tipo de terrenos, no menos que el italiano. Son dos outsiders de lujo para la Lieja. Habrá que estar atentos a sus movimientos.

¿Y Contador? Después del buen sabor de boca que nos dejó el miércoles en las rampas del muro de Huy, queda claro que el actual ganador del Tour no ha venido como una mera comparsa de las clásicas ardenenses. Sin embargo, pecó de inexperiencia en la Flecha Valona al cebarse en su esfuerzo por perseguir a Igor Antón. Su entrega le valió el podio, pero le alejó de la victoria. Hay que aplaudir el hecho de que, por fin, tras muchos años, todo un ganador del Tour decida volcarse en las clásicas, o al menos muestre cierto interés. Personalmente, confío en que el madrileño estará entre los primeros clasificados, pero creo como algo quimérico que repitiera el podio del miércoles. Me conformo con que se deje ver. Además, habrá dualidad de líderes en el Astana, con un Vinokourov que acaba de ganar in extremis el Giro del Trentino al renacido Riccò. Sin dejar de lado a los Gesink, Gerrans, Gavazzi, Chavanel o el propio Igor Antón (que lo puede hacer muy bien a tenor de su estado de forma), la Lieja de este año promete espectáculo del bueno. Tal abanico de favoritos debe redundar en una gran carrera. Suerte para los nuestros.

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miércoles, 21 de abril de 2010

Triunfó la perseverancia




Gesto inexpresivo, la cara relajada, mirada al frente, con un ligero movimiento en ascenso de su brazo derecho, pulgar hacia arriba. "Thumbs up!". Así ha celebrado Cadel Evans su victoria en la Flecha Valona 2010. Como quien es consciente del peso que supone llevar el maillot de campeón del mundo, como quien siente que ese peso cae sobre sus hombros en el mismo momento de celebrar un triunfo. Así es el ciclista australiano, un hombre en las antípodas latinas de los brazos en alto, tensionados, y de las pistolas al aire. Reprimido en carrera, luego no tiene problemas en sonreír durante una rueda de prensa. Y hoy era uno de esos días en los que lucir sonrisa "profidén". Ha triunfado la tenacidad australiana sobre la fogosidad española. Evans llevaba muchos años a las puertas de una victoria en las clásicas, y este triunfo le hace merecida justicia.

Tiró de veteranía, como bien ha declarado el australiano del conjunto BMC, y guardó energías en el segundo paso por el muro de Huy, tal y como hizo también Valverde. Ambos coronaron la subida a mitad del pelotón. El resto de favoritos, mientras tanto, comandaban el grupo y, tras la ascensión, decidieron jugar al gato y al ratón: Frank Schleck (bajo mi punto de vista, en mejor forma que su hermano), lanzó un ataque que fue secundado por Roman Kreuziger. Con un grupo perseguidor muy reducido en los momentos posteriores al ataque, la diferencia se disparó hasta 25 segundos. Pero se reagrupó el pelotón y el Astaná (buena actuación del equipo de Contador) trabajó a destajo para reducir la diferencia. Con Andy Schleck intimidando en la cabeza del pelotón, en beneficio de su hermano, la agonía de la fuga llegó casi el último kilómetro. Neutralizados ambos, dos favoritos menos para la victoria. Kolobnev probó fortuna antes del muro, pero fue neutralizado por el grupo, esta vez con los Euskaltel en cabeza.

Luisle Sánchez aceleró -con Valverde a su rueda- para posicionar a su jefe de filas en la mejor posición de cara al infierno final. Todos los favoritos en cabeza, espadas en alto, fue Igor Antón (cuarto al final) quien, a ritmo, fue desgranando el grupo: Andy Schleck desaparecía de las primeras posiciones (insisto, creo que Frank podría haber hecho más que su hermano hoy). Contador, siempre saltarín sobre su bici, seguía la estela del vasco, y con él Gilbert, al que el muro se le hizo demasiado largo y duro. Nibali trató de seguir al vasco y al pinteño, pero se desfondó y acabó finalmente decimotercero. Evans y "Purito" Rodríguez aguantaban tras ellos, conservando las fuerzas. Sigilosamente se acercaron a la dupla española en cabeza, y no fue hasta casi coronado Huy cuando el campeón del mundo aceleró para sobrepasar a Contador, fundido tras adelantar a Antón. El catalán del Katusha hizo lo propio, pero Evans estaba demasiado lejos. Al maillot arcoiris ya sólo le quedaba la meta en el horizonte, y gastó sus energías postreras para fundirse con la blanca línea sobre el asfalto, junto a la capilla que corona el muro. Paraíso tras el infierno.


Segundo Rodríguez, tercero Contador, cuarto Antón, octavo Valverde. Magnífico resultado para los españoles en la Flecha. En algún momento de la subida soñé con otro doblete, pero Evans estuvo magnífico y hoy más que nunca dejó claro que, en las clásicas, la veteranía es un grado. Sufrieron el resto de favoritos, quinto Cunego y sexto Gilbert. Bien Horner, séptimo, apuntando -como todos- al objetivo primordial del tríptico de estas clásicas: la Lieja - Bastogne - Lieja. Gran actuación de Bert De Waele, la grata sorpresa del pasado domingo, que hoy ha concluido el duodécimo. Pero, por encima de todo, me quedo con las buenas sensaciones de los españoles, especialmente de Antón y Contador, que traen aire nuevo a las expectativas de victoria del ciclismo nacional en un terreno vetado a los nuestros hasta hace bien poco. Es lógico desear, por tanto, que el domingo se mantenga el listón tan alto, con Valverde como punta de lanza de las aspiraciones ibéricas.

Si en la Amstel fue el Omega Pharma - Lotto quien estrenó su casillero de victorias esta temporada, hoy ha sido el turno de una nueva escuadra. De la mano del experimentado Cadel Evans, el BMC Racing Team ha descubierto en las rampas del muro de Huy el agradable sabor de la gloria. Curioso el caso del equipo americano, que tiene un plantel con ciclistas más que contrastados, en todos los terrenos, pero que no se dejó ver por las carreteras europeas hasta la llegada del pavés. George Hincapie, todo pundonor, siempre de la mano de los infortunios, dejó ver el singular maillot rojinegro de este proyecto recién nacido, eclipsado totalmente por el "pelotazo" del tándem Bruyneel - Armstrong, el Radio Shack, y por el definitivo proyecto inglés de ese pseudo-amante de la libertad de expresión, el señor Rupert Murdoch, a través del Sky Team. Pues bien, sólo el ciclista "aussie" ha conseguido situar al BMC en los puestos de honor en las citas del calendario. Su fichaje post-mundial de Mendrisio fue todo un acierto por parte de la marca americana, pues aparte de la repercusión mediática que supone tener a todo un campeón del mundo en tu nómina de corredores, se une el hecho de que es uno de los mejores vueltómanos del pelotón. Aún con sus días aciagos, sus guardaespaldas y su pizca de mala suerte a cuestas.


Foto: AFP PHOTO / BELGA PHOTO BENOIT DOPPAGNE

martes, 20 de abril de 2010

Flecha Valona: Huy, Huy, Huy




Suena el título a un juego de palabras con el mítico muro, cuyo nombre e historia provoca el respeto, la admiración y en muchos, temor, por la entidad de sus rampas. También es un guiño al recorrido tradicional de la clásica belga, que osa año tras año subir por la inhumana cota valona tres veces. Después de la Amstel, y ya por fin con todos los favoritos en liza, el espectáculo llega a la Bélgica valona. Las dos veces que han ganado ciclistas españoles ha habido doblete de los nuestros (Astarloa-Osa, en 2003, Valverde-Samuel Sánchez, en 2006). ¿Habrá "doblete" este año?
Bromas aparte, observa uno en la wikipedia que Huy está hermanada con Compiègne. No me extraña. Son dos localidades que han escrito la historia del ciclismo. De las clásicas, esas citas que tanto interés atraen en Europa pero que mueren al sur de los Pirineos, minusvaloradas por el gran público, que sólo degusta el ciclismo en las sobremesas de julio. Aunque, en honor a la verdad, este año los diarios sí se hacen eco de la Flecha Valona de mañana, por honor y gracia de Alberto Contador. Un viaje, el suyo, "de los de antes", desde Santiago de Compostela a Lieja (bien recogido en este artículo de J. A. Ezquerro en As), como el de Alejandro Valverde y Luis León Sánchez desde su Murcia natal. "Carretera y manta", al estilo de Pozzato y Joaquim Rodríguez. Hablamos, en ambos casos, de casi 2.000 kilómetros por el corazón de la vieja Europa.

Viendo los resultados de "Pippo" y, sobre todo, el de "Purito" en la Amstel, después de toda la distancia salvada en los "incómodos" coches de alquiler, es lógico extrapolar el caso de los dos corredores del Katusha al supuesto de Contador y la dupla murciana. Es más que posible que aún no se hayan recuperado del viaje. No obstante, han llegado con un par de días para poder descansar y entrenarse por el recorrido de la Flecha y la Lieja. La aclimatación que no tuvo el otrora compañero de Valverde sí existirá en los casos anteriormente citados.


Si se cumple la lógica y Valverde llega descansado a mañana, el murciano ha de ser favorito indiscutible para triunfar en la meta de Huy. Su estado de forma es óptimo para afrontar mañana y el domingo las dos clásicas de las Ardenas, y, además, ya ha ganado previamente la Flecha Valona -un privilegio que sólo comparten el murciano, Kim Kirchen y Mario Aerts-. La experiencia en una clásica es el primer pilar sobre el que cimentar la victoria. Saberse dosificar en el durísimo kilómetro del muro de Huy equivale a media victoria. La colocación, la fuerza mental y las piernas del corredor completan la parte restante.

Gilbert, tras su victoria el domingo en la Amstel, tiene ante sí un dilema de difícil solución: su estado de forma es increíble, ha metido el miedo en el cuerpo a todos sus rivales, les ha sembrado de dudas, pero el domingo llega "su" carrera, la Lieja, el "monumento" que le recuerda a su niñez cerca de la Côte de la Redoute. Y, por ello, ha de decidir entre reservarse mañana de cara al domingo o combatir por la victoria. El año pasado se decidió por la primera alternativa (35º en la Flecha, 4º en la meta de Ans). Su mejor resultado es un 18º puesto en 2007, aún en la Française des Jeux. Sería, por tanto, una grata sorpresa verle en el tramo final del muro de Huy con opciones de ganar. Por otra parte, quien no deja dudas de su condición de favorito es Damiano Cunego. El italiano de la Lampre ha rondado ya varios años la victoria. Tercero los dos últimos años, su forma física actual es envidiable, y es un corredor con suficiente velocidad punta como para liquidar a la gran mayoría de sus rivales. Quizá no tan rápido como Valverde, pero tras una subida explosiva como es Huy, lo de menos es la teoría.

Lo bueno de la Flecha Valona es que ofrece un final tan exigente y duro que los hermanos Schleck habrán de luchar cada uno por su cuenta. Sería tragicómico ver una estrategia fraternal en el Muro de Huy, en la línea del resto de carreras en que participan. Las miradas del uno buscando al otro y viceversa sobran en un coloso que no entiende de lazos sanguíneos. Cada uno por su cuenta, tanto Frank como Andy tienen suficientes condiciones como para ganar, pero necesitarían de una exhibición magistral que les hiciera llegar solos a los últimos 150 metros, a ese pequeño descenso al infierno tras el vía-crucis de subida, y su estado de forma tras la Amstel deja muchas dudas (especialmente el de Andy). El mayor parece estar en mejor forma, es un clasicómano puro, pero es el pequeño el único que ha subido al podio (segundo el año pasado, tras el sancionado Rebellin). ¿Habrá salto de calidad este año?


El maillot arcoiris de Cadel Evans brillará también por las carreteras belgas. Le acompañará, si no hay error, el buen tiempo. Fue el gran animador de la carrera el año pasado, y ha hecho top-10 en la Flecha tres veces. Todo pundonor y combatividad en las rampas belgas, ganar siendo campeón del mundo le llevaría directo a la historia. Joaquim Rodríguez siempre se ha desenvuelto bien en las rampas del Muro de Huy, y éste podría ser su año, una vez pasado el mal trago de la Amstel. A los aficionados con cierto conocimiento del calendario ciclista se les habrá pasado por la cabeza comparar Montelupone, durísimo final en la Tirreno - Adriático en el que el catalán ha ganado dos veces consecutivas (2008-2009) con el muro belga. Y, sin embargo, el "purito" aún no ha quedado entre los diez primeros en la clásica valona. El año pasado llegaba con galones de favorito, con un Valverde a medio gas, y se desinfló hasta quedar el vigésimo noveno. Quedar entre los cinco primeros ya sería una grata sorpresa. Aunque el del equipo Katusha es ambicioso, y seguro que aspira al olimpo.

Horner, Gesink, los Liquigas Nibali y Kreuziger y la dupla rusa del Katusha (Ivanov - Kolobnev) completan la terna de favoritos. Óscar Freire busca elevar sus límites en las inhumanas rampas de Huy. Una victoria suya es, hoy por hoy, algo quimérico teniendo en cuenta al resto de rivales. Su quinto puesto en 2005 es su techo. Y, para un corredor de sus características, suena muy difícil repetir o igualar tal hazaña.

¿Qué hará Contador? A estas alturas no creo que ni el propio pinteño sea capaz de predecir su futuro. Es toda una incógnita. Una incógnita que, por cierto, intimida en las casas de apuestas, donde se codea con los máximos favoritos (curioso que la victoria de Vandenbroeck se cotice a 3 Euros por euro apostado. Una errata, supongo). Ya es todo un triunfo que Contador dispute dos de las tres clásicas ardenenses, así que si aparece en ambas en la zona noble de la clasificación servidor se dará más que por satisfecho. No creo que Contador llegue al 100% de forma a esta semana, pero seguro que dará que hablar. Como no nací adivino, me abstengo de hacer comentarios al respecto. Que la carrera lo haga por mí.

El recorrido de este año varía con respecto al de ediciones pasadas: la segunda ascensión al Muro de Huy se sitúa a menos de 30 kilómetros de la meta. La Côte d'Ereffe, (2,1 kilómetros al 5,9%), entre medias de ambas subidas, se encargará de hacer una primera selección antes de llegar al infierno de Huy. Clásica de perfil serrado, constante sube y baja, en la que es muy probable que un pelotón muy compacto llegue al último kilómetro. Sólo el ataque de algún favorito o que un equipo imprima un ritmo frenético evitaría este más que previsible escenario. En cualquier caso, volveremos a ver la clásica estampa de quienes zigzaguean por las curvas del Muro de Huy, un continuo sinfín de corredores a los que la carretera tortura durente un kilómetro para arrebatarles su aliento. Todos sufren. Uno gana. Quienes no tenemos Eurosport tendremos que buscarnos la vida por Internet para verlo en directo. Una vez más, Teledeporte apuesta por el tenis.

Fotos: letour.fr/steephill.tv/sirotti

lunes, 19 de abril de 2010

Memorias de un niño de 10 años




La memoria se retrotrae en el tiempo a aquél mes de mayo del 98, el año de la séptima. A cámara lenta, el gran Fernando Redondo, vestido de blanco eterno, pasa el balón. Suena de fondo el "Shape of my Heart" de Sting. Es el anuncio promocional de TVE para la final de aquel día primaveral en el Amsterdam Arena. Es una lástima que la ingente cantidad de vídeos de youtube no tenga lugar, de momento, para aquellos segundos de magia sonora y visual. Algún día nos preguntaremos dónde estábamos aquel 20 de mayo a las 20.45, mientras el himno de la Champions sonaba y la cámara pasaba de los jugadores de la Juve a los del Madrid, de la cara de niño de Inzaghi a la de Davor Suker. La memoria es frágil, los recuerdos se van perdiendo. Recuerdo haber oído a Gaspar Rosety en la COPE narrar la victoria blanca. Eran los tiempos en que la radio y la televisión se sincronizaban y sólo había una imagen y un audio. Otros tiempos...






Algún día nos preguntaremos también dónde estábamos aquel 21 de mayo del 98. En casa, la pequeña pantalla muestra a unos héroes de carne y hueso pisando la tierra prometida, una pista de aterrizaje en Barajas que pasará a la historia. Después, la celebración más bonita que haya visto. En parejas o de tres en tres, los héroes de la Séptima suben a una hilera interminable de coches descapotables (la memoria no me falla si digo que eran unos Chrysler Sebring cabrio). Se hace de noche mientras poco a poco llegan a Cibeles. Sonríe Panucci, la gente quiere tocar la copa, el trofeo que por fin ha llegado en color, por fin 32 años después. Cañizares disfruta de la celebración; al año siguiente jugará en el Valencia. Aciago destino, allí vivirá por partida doble el lado amargo de las finales de Champions, ante el Madrid de la octava, en Saint - Dennis, y ante el Bayern, en San Siro. El gafe de las finales para con Héctor Cúper (aquella Recopa Lazio - Mallorca, ya no recuerdo quién marcó el gol italiano, sé que fue de disparo a media vuelta. Lo he mirado. Sí, fue Pavel Nedved. También aquella final de Copa que perdió el Mallorca contra el Barça en los penalties). Y sí, me he desviado del tema.


Suena en Telemadrid el "Going Home" de los Dire Straits. Imposible calcular cuánta gente ha tomado la calle. Se habla de más de un millón de madridistas. Sólo la Selección superará, por fin podrá hacerlo, tan jubilosa reunión. Y, paradójicamente, de lo que menos me acuerdo es de lo que pasó en la Cibeles. De hecho, no recuerdo nada. El vacío temporal enlaza el paseo en coche con la mágica celebración en el Bernabéu. Era de noche, la luz lo iluminaba todo, salían los jugadores uno a uno: Illgner, Panucci, Roberto Carlos, Hierro, Alkorta, Redondo, Amavisca, Seedorf, Raúl, Suker, Karembeu, Mijatovic (un gol, una copa, el sueño realizado. Decía el gran Gaspar Rosety en el vídeo de Marca del Real Madrid campeón de la 96/97, cuando todavía se hacían estas cosas de los vídeos y demás, que Pedja Mijatovic "juega con las piernas de un león y con el corazón de un niño que se llama Andrea". Lamentablemente, Andrea ya no está con el héroe de la Séptima, el padre que siempre le dedicaba sus goles.

El recuerdo de ese 21 de mayo también aparece en el colegio. Es la primera y la última vez que vi celebrar a las nueve de la mañana cualquier acontecimiento. Las banderas del Madrid, las bufandas, las caras de felicidad lo inundan todo. Aquel día todos llegamos puntuales al colegio. Y el Real Madrid cerró la brecha de la historia con "su" competición. Y el niño de 10 años es feliz, tremendamente feliz. Hoy, la realidad es bien distinta, por ello se debe tomar como ejemplo lo bueno del pasado, para que los niños de este inicio de siglo tengan la suerte de poder vivir un mayo como el del 98. Ha de ser una obligación. Porque los clubes grandes no pueden vivir de tiempos pretéritos.

domingo, 18 de abril de 2010

Incontestable Gilbert, mala suerte para el Katusha




Han tenido que pasar casi cinco meses para que el Omega Pharma-Lotto sume su primera victoria de la temporada
. No es una victoria cualquiera. En las rampas del Cauberg, Philippe Gilbert ha culminado con éxito la primera de las tres clásicas de las Ardenas, en lo que podría ser una semana inigualable para el valón. Habrá que ver cómo se desenvuelve el corredor belga en las inhumanas rampas del muro de Huy, pero, con su rendimiento de hoy queda claro que, a expensas de cómo llegue Alejandro Valverde a las dos clásicas de esta semana que restan por disputarse, es el máximo favorito en ambas. Especialmente en la Lieja - Bastogne - Lieja, porque su final en Ans, más tendido, le va mejor y la carrera llegará más seleccionada a los kilómetros finales, y porque es la carrera en la que mayor nivel de motivación alcanza en toda la temporada. Criado muy cerca del legendario Côte de la Redoute, la "Liège" es, definitivamente, "su" carrera. Gran actuación de Ryder Hesjedal, segundo, y de Gasparotto, tercero (buen fichaje para el Astaná, sin lugar a dudas). Y gratamente sorprendente el rendimiento de Bert De Waele, del impronunciable equipo Landbouwkrediet, cuarto.
Parecía que Joaquim Rodríguez, tras la forma excelente que mostró en la Vuelta al País Vasco, era favorito indiscutible a la victoria. Sin embargo, la dureza del recorrido le pasó factura al catalán y en el Gulpenberg, a menos de 30 kilómetros para la meta, perdía toda opción de ganar. Ha sufrido hasta el punto de que no ha llegado en el tiempo de control a la meta, según los resultados oficiales. Malas sensaciones de cara a la Flecha Valona y la Lieja. Rabobank llevó el peso de la carrera en gran parte de los kilómetros finales, con un Gesink que no brilló como el año pasado, y que se sacrificó por Óscar Freire. Sin embargo, al cántabro la subida final al Cauberg siempre se le hace dura. Pese a todo, el de Torrelavega llegó con opciones al último kilómetro, pues estaba en el grupo de los favoritos, pero no puede hacer frente a gente mucho más potente que él en los muros. Decimocuarto, a 17 segundos de Gilbert, y mejor español, en la línea de años anteriores. Lars Boom tuvo muchos problemas, no se encontró bien en la parte final de la carrera y no llegó dentro del control (es más que posible que abandonara). Gesink, por su parte, acabó fundido y llegó a 1:38 de Gilbert. Mal día para los holandeses del Rabobank. Karsten Kroon, noveno, ha sido el mejor de la representación "tulipán".

Los Schleck estuvieron activos en los muros finales. El Saxo Bank no endureció lo suficiente la carrera, y fue Andy quien trató de seleccionar a los favoritos en el Eyserbosweg, a 20 de meta. Frank, con más fuerzas que su hermano pequeño, apareció en los instantes finales de la carrera, pero sólo pudo ser séptimo. Tendrán dudas los luxemburgueses sobre el estado de forma del día de hoy, pero seguro que en lo que queda de semana estarán en la "pomada" por la victoria. Por su parte, destacar el gran papel de los Katusha. Falló la opción del "purito" Rodríguez, pero Ivanov y Kolobnev estuvieron pletóricos. El primero atacó muy cerca del Keutenberg, y pronto se le unieron Gilbert, Frank Schleck, Cunego y el propio Kolobnev. El belga soltó un arreón espectacular y abrió un pequeño hueco, pero fue rápidamente neutralizado. Fue entonces cuando Kolobnev lo intentó. Su fuga murió en Valkenburg, en el último kilómetro, ante el todopoderoso Cauberg. Decimosegundo Ivanov, vigésimo segundo Kolobnev, poco premio para el despliegue de los rusos. Aún así, han demostrado el potencial que tienen para la Flecha y la Lieja.

Bien los Liquigas, con Nibali comandando el grupo perseguidor para dar caza al cuarteto anteriormente mencionado y a Kolobnev. Vandenbroeck y Gesink colaboraron con el italiano en los relevos. Kreuziger, en buena forma, acabó quinto. Carlos Barredo fue el primero que lo intentó nada más neutralizar a Kolobnev. Demasiado pronto gastó sus fuerzas y acabó el decimonoveno. Muy bien Cunego, que se ha repuesto de sus problemas estomacales en el País Vasco y ha estado presente en los momentos finales. Sexta plaza para el veronés, que seguro que está muy contento con su actuación, y buenas sensaciones para lo que resta de semana.
Pero en el Cauberg el que reinó fue Gilbert. Ya lo había intentado en el Keutenberg, pero el belga derrochó toda su clase en un último kilómetro agónico que le valió la victoria. Su progresión, a lo largo de este último mes, es esclarecedora. Ha alcanzado ya el pico de forma con el que poder luchar por las tres clásicas de las Ardenas. Siempre espectacular sobre la bici, deleita a los espectadores con su potencia y su aceleración bestial en las rampas más duras. Enhorabuena para el valón, y esperemos que siga dando espectáculo en la Flecha Valona y en la Lieja - Bastogne - Lieja.

¿Qué habría sido de la carrera con Valverde y Luis León Sánchez? Hacer periodismo ficción es un ejercicio de cinismo que gusta mucho dentro de la profesión. Probablemente la carrera habría sido muy distinta si los murcianos la hubieran disputado. Es incomprensible la falta de previsión del Caisse D'Epargne, que se presentó en la salida de Maastricht con sólo ¡3 corredores! Teniendo en cuenta que a Valverde es más que probable que le sanciones por su "affaire" con el CONI en las próximas semanas, es lógico pensar que, en el estado de forma en que se encuentra, ha perdido una gran oportunidad para ganar la Amstel. Si, como parece, la dupla murciana viaja finalmente en coche al norte de Europa, veremos si la forma de ambos se resiente de tan largo viaje. Una pena su baja en el día de hoy.

En otro orden de cosas, Alberto Contador ha ganado su tercera Vuelta a Castilla y León, después de sentenciar a sus rivales en una crono de perfil bastante escarpado, en la que el pinteño arrebató el liderato a Igor Antón, que había ganado el viernes la entretenida etapa con final en el Morredero. Buenas sensaciones las de Contador, que ahora afrontará las dos clásicas ardenenses de esta semana. Su participación ha generado una enorme expectación entre los aficionados al ciclismo. ¿Será capaz de pelear por la victoria? Difícil saberlo. Yo me atrevería a decir que no tiene el suficiente fondo físico para ello, pero son carreras que, por su condición de escalador, le van como anillo al dedo, aunque no tiene el "punch" final para rematar al sprint. De la Vuelta a Castilla y León destacar la actuación de Mosquera, el ya mencionado Antón y de Soler, que en la montaña siempre es un espectáculo, cumpliendo fielmente el arquetipo del ciclista colombiano. Menchov, bastante discreto.


Por último, en la Vuelta a Turquía Giovanni Visconti, del ISD-Neri, se ha hecho con la general final, seguido de la promesa americana Teejay Van Garderen. Destacar, por encima de todo, los cinco triunfos de etapa de Andre Greipel, que lleva ya doce victorias este año, frente a una de su ¿compañero? de en el HTC - Columbia, el irreverente Mark Cavendish. ¿Habrá un nuevo cruce dialéctico entre ambos? ¿Cómo va a gestionar el equipo la dualidad entre dos hombres que casi no se pueden ver? Todo parece indicar que uno de los dos abandonará el equipo a final de año. Cavendish y el Team Sky serían una pareja deseada por todo el entorno mediático inglés. De no salir el inglés, Greipel no tendría problemas en encontrar equipo, pues el alemán es ya un ciclista de gran cotización en el pelotón.

Fotos: ispaphoto.com/Roberto Bettini

viernes, 16 de abril de 2010

Ciclismo con sabor a cerveza: Amstel Gold Race




Las alarmas han saltado en Holanda: la nube de humo procedente del volcán islandés que tan famoso se ha hecho desde el miércoles ha provocado la cancelación de miles de vuelos al norte de Europa. A día de hoy, viernes, es difícil saber qué repercusión tendrá esto sobre la participación de la Amstel Gold Race. Gente como Freire ha tenido que viajar en tren y en coche para llegar a los Países Bajos. Otros, como Quinziato, harán trayectos más que respetables por las autopistas europeas. Sabor a los viejos tiempos.

A expensas de lo que pueda suceder en la tarde de hoy y en el día de mañana, este previo está pensando en una carrera con circunstancias extradeportivas normales.

Uno es joven y no ha vivido per se más que los últimos tres lustros de historia ciclista. Afortunadamente, hay muchos vídeos hoy en día que permiten retrodecer en el tiempo hasta la esencia misma de este deporte. Pero, en lo que a tiempos recientes se refiere, he de decir que muchos de los peores momentos -la brutal caída del pobre Scott Sunderland, la de Frank Schleck del año pasado o el incidente con la moto de Zberg y Missaglia en 1999- y también muchos de los mejores, siempre de la mano de uno de mis ídolos, el combativo Michael Boogerd, los he vivido a través de la Amstel.

Durante un día, Holanda deja de ser en el imaginario colectivo un país llano, sobre el nivel del mar (en ocasiones incluso por debajo de éste), para convertirse en un sinfín de tortuosas cuestas en el que el color predominante deja de ser el verde y, en su lugar, brilla con luz propia el naranja Rabobank. Es la "clásica de la cerveza" una de las carreras en las que, por tradición, el aficionado local no busca la victoria de un corredor en particular. Prevalece la escuadra holandesa sobre los nombres, pero, si gana un corredor de casa, y además viste el maillot del banco holandés, obviamente la fiesta será doble. Cada año que pasa, la presión sobre los "orange" es mayor. Son ya nueve años -desde 2001- sin que uno de ellos consiga cruzar la meta sobre el Cauberg en primer lugar. Erik Dekker busca sucesor y éste puede ser el año, con una gran generación de ciclistas holandeses que promete dar mucha guerra en todos los terrenos. Añádasele a un Óscar Freire en estado de gracia (siempre se le hace un poco dura la carrera, pero acaba en puestos de mérito), y el domingo probablemente los Rabobank ofrecerán una lucha sin cuartel, hasta el final, con Gesink, Nuyens y Boom en la "pomada".


Compartió Jan Raas con varias generaciones de ciclistas del Rabobank su experiencia. Con cinco victorias, es el hombre más laurado. Holandés tenía que ser. La vocación por destacar en la carrera holandesa de más renombre en el calendario ciclista se hereda generación tras generación. La afición holandesa, que disfruta de la cerveza -Amstel, por supuesto- en los bares de Valkenburg, sale en masa a la cuneta para presenciar, in situ, las tres subidas al Cauberg. Son bulliciosos como sus corredores. Incondionales seguidores, incansables bebedores (que esto no se tome como ofensa, pero es que en el norte de Europa el ritmo de consumición va varias velocidades por delante del español).
La terna de favoritos es extensa. Lo mejor de lo mejor. Sólo faltan Cancellara (merecidísimo descanso el suyo), Samu Sánchez (injustificable e incomprensible su baja. Mal Euskaltel) y Pozzato, que tiene bastante claro que el Katusha llega con el arsenal a punto. Ivanov, vigente ganador, ha afilado su forma sobre el pavés, y "Purito" Rodríguez llega, por fin este año, sin el yugo de tener que ayudar a Valverde, porque él es ahora el co-líder para la Amstel. Su forma y sus últimos resultados le avalan. Conoce de sobra el trazado y siempre lo ha hecho bien en la primera clásica del tríptico de las Ardenas. Tiene, además, una buena llegada, por lo que se desenvuelve bien en los grupos pequeños. Serias opciones para el catalán el domingo.


La otra opción española es, como siempre, Alejandro Valverde. Si el de Las Lumbreras antaño empleó la Amstel como banco de pruebas para la Flecha Valona y la "Lieja", este año parece que llega a punto para ganarla. En una gran forma tras la Vuelta al País Vasco, tendrá como escuderos a Luisle Sánchez y al incombustible Kiryienka. De las tres clásicas ardenenses, es la única que aún no ha ganado. Por ello, ha de ser una obligación intentarlo este año, más aún cuando gente como Cunego no llega en su mejor momento. El veronés, que se retiró en el País Vasco por problemas intestinales, llegará con la forma física mermada y la moral por los suelos, tras conocerse en las últimas semanas que está siendo investigado por la fiscalía italiana por dopaje.

Es raro que Valverde no mencione como favoritos a los hermanos Schleck. Bien es cierto que Andy mostró en el País Vasco que estaba aún corto de forma comparado con Joaquim Rodríguez, Samuel Sánchez o el propio corredor murciano, pero el tándem luxemburgués tiene calidad de sobra en las piernas para romper todo un pelotón en los muros de cualquier clásica. Sí, el sprint no es lo suyo, pero uno o los dos seguro que llegarán con opciones de victoria al Cauberg. Más aún si, como ha afirmado en las últimas horas Andy, el Saxo Bank endurece la carrera. Voigt será su hombre de confianza. Otro de los "capos" será, sin lugar a dudas, Philippe Gilbert. El valón llega en estado de gracia tras su podio en Flandes, y éste es su terreno. En las cotas de rampas imposibles es donde el corredor del Omega Pharma-Lotto da lo mejor de sí. Dani Moreno será su escudero de lujo. Por último, Gesink ha de estar con los mejores sí o sí. Holandés en el equipo holandés, el de Rabobank se ha entrenado a conciencia para ganar. Su mal endémico es el mismo que el de los Schleck: no es un "finalizador". Pero si ataca en un muro, es muy difícil seguirle.


Kreuziger y Nibali darán presencia al Liquigas en la parte final de la carrera. Iglinskiy, Leukemans, Evans, Gerrans, Wiggins y Sastre (testimonial inicio de temporada el de ambos), serán también objetivos de fotógrafos y cámaras de televisión. Como lo serán los treinta y un muros de la carrera, algunos de ellos durísimos, como el Keutenberg, siempre decisivo por su cercanía -doce kilómetros- a la meta. Juez y parte en una carrera larga, infinita, de fondo puro y duro (257 kilómetros), en la que, por si fuera poco, este año el tortuoso Eysenbosweg se sube dos veces.

Domingo, a eso de media tarde: decenas de miles de holandeses esperarán, Amstel en mano, el último paso de los favoritos por el Cauberg. Los corredores llegarán en racimos, será un goteo continuo en el que muchos zigzaguerán por la durísima pendiente de Valkenburg. El público local venerará al ganador ese mismo día. Yo espero hacerlo, también Amstel en mano, el lunes en la facultad. Es la ventaja de que los holandeses nos provean de cerveza. Es una pena que el botellín haya dejado paso a la lata. Las victorias no saben igual a través del aluminio...

NOTA: para algunos episodios del artículo, además de las fuentes citadas, he empleado el magnífico libro de la revista Ciclismo en Ruta, Grandes Clásicas (Especial 2). Una delicia.

martes, 13 de abril de 2010

El maravilloso mundo del rugby




No puedo decir que, a lo largo de mi vida, haya contemplado demasiados ambientes deportivos. Mi experiencia personal se limita a unos cuantos partidos de fútbol, visitas asiduas a la Vuelta a España y un par de partidos de baloncesto. He visto vibrar año tras año a las mejores aficiones en estos deportes a través de la pequeña pantalla (vascos, italianos, franceses y flamencos en ciclismo, argentinos, ingleses y greco-balcánicos en fútbol, turcos y de nuevo los greco-balcánicos en baloncesto). Hasta que no tenga la oportunidad de estar allí, in situ, entre el juego de banderas al viento y bufandas, tendré que decir que el mayor espectáculo que he visto fue en un campo de Rugby... ¡Y no en uno cualquiera!

Este pasado fin de semana viajé al norte de España, más concretamente a Santander, donde me encontré con el primer seguidor oficial de este blog, Roberto Martín, una persona con la que me unen ya casi tres años de amistad. Después de inspeccionar la subida a Peña Cabarga, final de etapa este año en la Vuelta, partimos el sábado rumbo a San Sebastián. Él es ya una persona instruida en esto del rugby, con conocimiento de las reglas y el desarrollo del juego. "He visto más rugby que fútbol últimamente", me dijo. En mi caso, soy aficionado al rugby, aunque me cuesta seguir a veces el juego (es cuestión de inexperiencia). Nunca había visto un partido en directo. Hasta el sábado por la tarde. Entonces, un mundo nuevo apareció frente a mis ojos para no marcharse.

Aparcamos cerca de Anoeta, escenario del choque entre el Biarritz Olympique ("BO", como reza en su escudo, como lo cantan sus aficionados) y el Ospreys galés. Cuartos de final de la Heineken Cup, la "Copa de Europa" del rugby. Tras la visita de rigor a la capital guipuzcoana -normal que la llamen la bella Easo, pues es una ciudad increíble-, nos apresuramos a volver al campo de la Real para presenciar el discurrir pacífico y en armonía entre aficionados vasco-franceses y galeses. Siendo el Biarritz el equipo local, ya que tiene un acuerdo con la ciudad vasca para disponer de Anoeta en las rondas superiores de la Heineken Cup, la superioridad numérica de los galos era notable. No obstante, las poco más de mil personas que llegaron desde Gales se hicieron notar. Siempre cerca de los bares colindantes y de la carpa habilitada junto al estadio, cerveza en mano, algunos ataviados con faldas, gente muy accesible con la que mantuvimos una distendida charla en los prolegómenos del partido. El magnífico día de sol más el consumo de alcohol desde por la mañana provocaron síntomas de evidente rojez en muchos de ellos.

Lo que más me llamó la atención fue la presencia de familias enteras, algo que no había visto hasta entonces en ningún otro sitio (excepción de la Vuelta). Pero, a diferencia del ciclismo, el rugby se juega en un recinto en el que hay que pagar entrada. Miles de familias del sur de Francia cruzaron la frontera, hijos pequeños -y no tan pequeños- en mano, para asistir a la crucial eliminatoria de su equipo. No hubo lleno en Anoeta, pero el griterío era indescriptible. Incansables seguidores, padres e hijos. Perfecta sincronía con el equipo.

Un espectacular tifo, por una parte, y una enorme pancarta en el fondo opuesto a donde nos encontrábamos, por otra, fueron el pistoletazo de salida del partido. La afición del "BO" no paró en ningún momento de alentar a los suyos, que llevaron la iniciativa en los compases iniciales del juego. Un increíble ensayo de Zi (recorrió casi todo el campo para marcar), puso en pie a los aficionados del Olympique. Para el rugby que llevo visto, me pareció un partido rápido, eléctrico, en el que los galeses pusieron en apuros a los locales con sus pases precisos y vertiginosos. Sólo la zaga francesa salvó al Biarritz de la eliminación. Ligerísima ventaja del Biarritz en los instantes finales, intento de drop por parte de los Ospreys a falta de segundos para llegar al minuto 80. Patada fallida. 29 - 28, final del partido. Esperan, ahora, los todopoderosos Munster en semifinales. También en Anoeta.

Tiempo cumplido. Los galeses se van, han de coger un avión. Los del "BO" se quedan en Anoeta. Equipos a vestuarios, pero no, el Biarritz Olympique sale de nuevo al campo para dar una espectacular vuelta de honor. "Paquito chocolatero" suena repetidas veces mientras el público reverencia a sus quince gladiadores al son de tan conocido pasodoble. No es nuevo, para mí, descubrir la querencia que el sur de Francia tiene por lo español, más bien por todo lo relacionado con los toros. Aún así, no deja de sorprenderme. Roberto y yo esperamos pacientemente en la salida de jugadores para tener nuestro foto de rigor. No tuvimos demasiada suerte, pero al menos conseguimos retratarnos con Jerry Collins, un all-black. Había perdido, pero estaba por completo integrado con algunos paisanos suyos (me atrevería a decir por sus rasgos faciales), en la carpa adyacente a Anoeta. El espíritu del rugby, saber ganar, saber perder.

Este sábado fue, en definitiva, una experiencia inolvidable. Así, sin más. Luego llegó la noche, el óvalo pasó a ser esférico, y las sensaciones se tornaron trágicas. Pero de eso intentaré escribir mañana. Hoy es tiempo de rendir tributo al maravilloso mundo del rugby y su gente.

lunes, 12 de abril de 2010

Cancellara, "a lo Cancellara"




Habría que bautizar la recta en la que Fabian Cancellara se evadió de todo y de todos. Sólo para rememorar por siempre su hazaña. Ese cambio de ritmo, sentado, toda la energía de su cuerpo concentrada en sus piernas, después de que su cabeza ingeniera un movimiento táctico sorpresivo, sus músculos en tensión, los gemelos duros, marcados, el rostro de esfuerzo, su ángel de la guarda en el bolsillo izquierdo de su maillot y el aliento del público le llevaron a su místico encuentro con la victoria. Cual si de un asceta se tratara, el suizo redescubrió el éxtasis de quien vence a lo grande, de forma incontestable, cerca de los dioses del ciclismo. "A lo Cancellara".

Boonen bajó a cola del reducido grupo de favoritos para beber glucosa. En décimas de segundo había perdido toda opción de victoria. Cancellara ha conseguido en el llano lo que sólo Contador era capaz de infundir en la montaña: la derrota psicológica de quien ve que una vez que el suizo y el pinteño atacan en su terreno, al resto sólo le queda luchar por la segunda posición. O, como diría Ayrton Senna, por ser "el primero de los perdedores". Atacó el corredor del Saxo Bank y por detrás todos miraban a Boonen. Soplaba el viento y Cancellara volaba en picado como el halcón que se lanza con determinación a su presa. Todo o nada. La pasividad en el pelotón de favoritos hizo el resto. Todos miraban al campeón belga.

Mons-en-pévèle provocó la selección definitiva en el grupo perseguidor, pero la falta de entendimiento permitió a Espartaco conseguir una diferencia escandalosa en muy pocos kilómetros. Boonen se enfadaba, Hoste quería salir en televisión, cabreado porque el resto no daban relevos, cuando era él uno de los que menos tiraba del grupo, los dos Cervélo (Hammond y Hushovd) pasaban testimonialmente, como el activo Flecha y Leukemans. Nada que hacer. El de Junín intentó escaparse del grupo y anduvo un par de kilómetros en solitario, pero la dupla del Cervélo se tomó en serio el ataque y reaccionó con premura. Llegaron veinte kilómetros tarde para neutralizar el ataque. Se equivocaron de corredor.

Se me hizo particularmente rápida la carrera desde el ataque de Cancellara, más allá de lo rápido que rodaran en los últimos cincuenta kilómetros. Quizá porque cuando ves la historia en carne viva te fundes con ella, de forma simbólica; te crees co-partícipe de la gloria de uno y el sufrimiento del resto. De la alegría del suizo, de las palmas de un gran Juan Antonio Flecha que, sin embargo, aparentó como todos (salvo Boonen) que con el ataque de Cancellara ya no había más que hacer, de la rabia e impotencia del gran derrotado, el gran "Tommeke", pero el que más intentó la heroica. El belga era, probablemente, el más fuerte, pero se vio contra las cuerdas, falto de apoyos, como suele sucederle a los grandes favoritos. O, por qué no, me siento partícipe de la emoción de Pozzato al entrar en la meta de Roubaix, foto de Ballerini en mano, y en el podio, como ganador del simbólico premio "Souvenir Ballerini", al primer italiano en meta.

Tercer podio para Flecha. Dos terceros y un segundo. Siempre está ahí, pero siempre le falta algo más para ganar. No tenía nada que hacer al sprint con Hushovd, estuviera acalambrado el noruego o no. Su entrega se vio -este año sí- recompensada con el tercer cajón del podio. Pudo, así, salir sonriente en la foto, tras haberse fundido en un abrazo sincero con Cancellara, amigos ambos desde su época en el Fassa - Bortollo. Es una pena que la cantera española no responda. Futuro difícil. Tras Flecha, aparece Markel Irizar, quincuagésimo primero, a casi trece minutos de Cancellara. Informan, además, en Parlamento Ciclista, que ninguno de los seis juveniles españoles que corrían la París - Roubaix Espoirs de este año, celebrada el sábado, consiguió llegar a meta dentro del control de tiempo. A falta de lluvia en el "infierno del norte", los nubarrones los pone nuestra cantera, centrada, como siempre, en el Tour.

Fue una carrera dura, con el sorprendente paso por Arenberg de un pelotón reducidísimo a consecuencia de una caída en la parte delantera del pelotón en uno de los tramos que precedían al mítico bosque. Muchos perdedores: Breschel se retiró por problemas en su rodilla, Garmin no tuvo su día, demasiadas caídas y contratiempos. Lo mismo que a Devolder y Quinziato. Por contra, Hincapie volvió a llegar al velódromo (y ya suma trece en su haber), Popovich y Rast dejaron buenas sensaciones para el RadioShack de Armstrong y Hammond y Leukemans cuajaron, con su cuarto y sexto puesto de ayer, una semana en las clásicas excelente para ambos. 74 ciclistas llegaron en tiempo al velódromo de Roubaix. Que no son pocos...

"Yo no busco ganar carreras. Busco pasar a la historia, convertirme en una leyenda". Fabian Cancellara no es un Boasson Hagen al que le "suena" Eddy Merckx o un Bojan que desconoce a "Quini". Porque sólo quien conoce el pasado de lo que hace está en condiciones de engrandecer su historia. Así, es ya hoy el mejor clasicómano suizo de la historia y, además, ha igualado el doblete Flandes - Roubaix que su compatriota Heiri Suter consiguiera en 1923. Es el décimo ciclista que accede a esta club reservado a los mejores. Es un lujo contar con dos corredores en activo (Boonen y él mismo), que lo hayan logrado. La victoria de uno engrandece la derrota del otro. La derrota del uno magnifica la trascendencia de lo logrado por el otro. Histórica rivalidad, ya, ésta para la historia de tan bello deporte. Raro es que la prensa suiza no haya dado demasiada trascendencia a la victoria del bueno de Fabian (después de realizar hace veinte minutos un seguimiento, lo mejor que he encontrado ha sido este artículo en L'Express). Sean Kelly, alguien que ya es leyenda, ha puesto por las nubes al "expreso de Berna". No es para menos, porque Cancellara ha convertido la temporada 2010 de pavés en un recuerdo imborrable, atemporal, para quienes lo vivieron.

miércoles, 7 de abril de 2010

Imaginación al poder: París - Roubaix




Caen poco a poco las horas que faltan para el próximo domingo. La Place du Palais de Compiègne se llenará de gente, como cada año, que podrá ver de cerca (tocar incluso) a los héroes que van a desafiar a esa dama que el mundo ciclista conoce como "la reina de las clásicas". Con los maillots aún inmaculados, impolutos, los valientes saldrán a las nueve de la mañana de esta localidad francesa, ochenta kilómetros al noroeste de París, rumbo al infierno.
"El infierno del norte". 259 kilómetros de sufrimiento para que sólo un corredor se lleve la gloria. La París - Roubaix suscita respeto, admiración, odio y temor a partir iguales en el pelotón. Sólo la ganan quienes verdaderamente la aman, y por eso sabe tan bien la victoria, porque cortejarla hasta ser el elegido conlleva tanto esfuerzo y dolor que la recompensa impulsa al vencedor a una dimensión que sólo quienes la han ganado conocen. Hay quienes estuvieron enamorados profundamente, como Duclos-Lassalle, que engatusó a la Roubaix dos veces; quienes vencen pero la rechazan, tipos duros como Bernard Hinault, que la corrió sólo una vez y una vez la ganó. "La París - Roubaix es una gilipollez", afirmó el bretón; hay muchos otros que ya no están, como Franco Ballerini, doble ganador en el velódromo, y al cual se homenajeará seguro este año. Su legado lo recogen nuevas hornadas de enamorados y vaqueros del oeste, pero la esencia de antaño pervive.


Pasar por las zonas que acogieron las mayores y más cruentas batallas de la "Gran Guerra", por donde también pasó la Segunda Guerra Mundial, zonas de una belleza inigualable: campos sembrados, zonas rurales por las que el tiempo pasa de largo, bosques mágicos, y el pavés, siempre el pavés. Recomiendo, si no las han visto, dos películas sobre la "Roubaix": "A Sunday in hell", de la época de Merckx, De Vlaeminck, Godefroot y Maertens, y "The Road to Roubaix", que refleja la historia de la edición de 2007 (y que se puede descargar en la extensa base de vídeos del foro Parlamento Ciclista).

Tres tramos de cinco estrellas esperan al pelotón: el Bosque de Arenberg, Mons-en-Pévèle y el Carrefour de L'Arbre, según el orden en que son superados, máxima dificultad sólo al alcance de los especialistas en las piedras. Veintisiete tramos en total para casi cincuenta y tres kilómetros: una eternidad. Los ciclistas montarán bicis especiales, totalmente diferentes a las convencionales, para superar el durísimo pavés, irregular, que nada tiene que ver con el del Tour de Flandes del domingo, como nada tiene que ver la clásica flamenca con la francesa. Son dos universos a años luz el uno del otro. La "dama del norte" espera en la meta del velódromo de Roubaix espera para
ser cortejada. Un velódromo con reminiscencias a principios del siglo XX, cuando la pista era la reina en el ciclismo y el dinero rodeaba cualquier velódromo. Aunque no siempre acabó la Roubaix allí (la sabiduría popular de este foro enriquece los conocimientos propios).
Año 2010: Boonen busca la leyenda, igualar con De Vlaeminck a cuatro victorias y resarcirse, de paso, de la derrota dolorosa en Flandes. En buena forma, como ha demostrado hoy en la Scheldeprijs (cayéndose y volviendo al pelotón), se le nota la ansiedad que tiene. Sin ir más lejos, hoy ha lanzado el sprint muy muy lejos, gastando sus energías demasiado pronto. Enfrente, un Fabian Cancellara que ya ha cumplido con su objetivo, ganar Flandes, pero que siempre quiere más y al que seguro que el hecho de intentar el dificilísimo "doblete" Flandes - Roubaix le estimula lo suficiente para luchar hasta el final. Vuelve, además, Pozzato, después de recuperarse del virus que le apartó de los muros flamencos, en una clásica en la que brilló con luz propia el año pasado. Si los tres se escapan juntos, a Boonen puede que le dé un infarto: uno de los mejores rodadores de la historia del ciclismo junto a un sprinter que sabe cómo ganar al belga. ¡Cuántos quilates en sus piernas! Pero Boonen no es manco, y a buen seguro tratará de dar una exhibición para deleite de los miles de belgas que cruzan la frontera para abarrotar las cunetas de los tramos de pavés (ojalá este año no escupan ni se crucen delante de los ciclistas). Como outsiders de lujo, Flecha, Hoste, Hincapie, Burghardt, Ballan, Van Avermaet, Breschel o Quinziato. La edición de este año es una de las más abiertas de la historia, por la amalgama de favoritos y por el estado de forma en que todos ellos están. Habrá que estar atentos, además, a los progresos del jovencísimo Peter Sagan, el nuevo talento ciclista, que se estrena en la "reina de las clásicas".

Roubaix lleva un año preparándose para el domingo. Velódromo engalanado, cunetas de fiesta, gradas repletas, con o sin lluvia hay una dama esperando al elegido. Año a año, el palmarés se agranda. Toca soñar despiertos. ¡Que reine el espectáculo!


lunes, 5 de abril de 2010

Cancellara y todos los demás




Hay ocasiones en la historia en las que al periodismo se le exige estar a la altura de un acontecimiento recientemente vivido. Es imposible. Los hechos y las hazañas son a veces imposibles de pintar con las palabras, y sólo el ojo puede capturar, para siempre, el instante en el que el mundo cambió. Por otra parte, los periodistas estamos obligados a contar la realidad, aún naufragando en el intento. Con un día de retraso con respecto a las ediciones digitales, aquí va mi pequeño "fracaso":
Sin lugar a dudas, el titular más acertado que he leído a la hora de resumir la 94ª edición del Tour de Flandes lo dio, ayer, La Gazzetta dello Sport: "Cancellara, a lo Merckx. El [Tour de] Flandes es suizo". Porque, por mucho que ayer los comentaristas de Teledeporte le dieran más cancha a un Armstrong que no pintaba nada de cara a la victoria final, ayer "Espartaco" volvió a jugar con los límites de la resistencia humana. Sin duda, su juego preferido, en el que normalmente sale airoso. Tercer monumento ya para el suizo de raíces italianas, que se plantó en las tres ocasiones solo en la meta, como a él le gusta (como dijo Horrillo: "A lo Cancellara"). Tras la victoria, el de Berna expresó su convencimiento de poder ganar la Lieja - Bastogne - Lieja y el Giro de Lombardía. Es su nuevo juego, tratar de convertirse en el primer corredor no nacido en Bélgica que se hace con los cinco "monumentos". Para 2011 deja sus primeras tentativas para intentar batir el Récord de la hora.
Fallaron mis pronósticos ( y los de la agencia belga de meteorología) y la lluvia respetó a los corredores. "Chente" García Acosta se metió en la fuga consentida del día y tuvo un papel importante hasta que se descolgó ante la proximidad del pelotón. En el Oude-Kwaremont se formó un primer corte, con 26 corredores. Estaban todos los favoritos. Devolder fue el primero en dar síntomas de debilidad en el muro siguiente, el Paterberg, y apareció muy descolgado en el Koppenberg. Luego se uniría a la cabeza de carrera tras el Taaienberg. Con los comentaristas más pendientes de la presencia de Armstrong o no en el grupo de cabeza, los primeros muros fueron, para el Saxo Bank -si nos atenemos al resultado final- una partida de póker: no fue Cancellara, sino Breschel, quien seguía a Boonen tras los arreones del belga. Sendos pinchazos de los pupilos de Bjarne Riijs animaron la carrera a cincuenta kilómetros de meta. Incomprensiblemente, el del corredor danés tardó el tiempo justo para que Breschel ya no pudiera alcanzar a los favoritos. Como Boom o Hushovd, ambos descolgados, era un favorito menos para la victoria.

En el pavés del Molenberg, Cancellara empezó a asustar. Atacó y sólo Boonen le pudo seguir. A Flecha le faltaron fuerzas para llegar. No tuvo su día y acabó el trigésimo cuarto, a la espera de lo que suceda el próximo domingo en la "Roubaix". Ni Flecha, ni Hoste, ni Millar ni Leukemans ni Gilbert, nadie pudo acercarse a los dos colosos que mandaban en la prueba, que encandilaron a la afición flamenca con su talento. Boonen, porque perdió como sólo los grandes saben hacerlo: sin dejar de dar pedales. Fue vencido en su terreno, donde más le podía doler, en un muro, como un campeón sin corona. Cancellara, porque se exhibió donde nadie más que él podía esperarlo: en las eternas rampas del Kapelmuur, subiendo a bloque, sentado, como un tren-cremallera que se adapta a la orografía del terreno. Hizo retorcerse como nunca a Boonen, su actuación engrandeció a ambos corredores. La mala realización belga nos hizo perdernos el momento en que el "expreso de Berna" coronaba el penúltimo escollo hacia su incontestable victoria.
Bandera de Suiza en mano, fuimos todos acólitos de Cancellara durante la larga recta de meta. Las decenas de miles de flamencos que abarrotaron las cunetas rindieron pleitesía a Cancellara, Boonen y Gilbert (que venció a Leukemans en el sprint por el último cajón en el podio). Yo me arrodillo ante los noventa y cinco valientes que llegaron a Meerbeke. Muchos de ellos no podrán ni moverse, pero todos hablarán durante el resto de sus vidas de lo acontecido en el Kapelmuur, donde un suizo llevó al planeta ciclista a un estado de éxtasis colectivo inolvidable.

sábado, 3 de abril de 2010

De Ronde: un sueño por cada piedra




Que para los belgas el Tour de Flandes (De Ronde van Vlaanderen, en neerlandés. 12:40 en Teledeporte; 13:00 en Eurosport) es una religión se demuestra año tras año, domingo tras domingo, victoria tras victoria. Particularmente importante es para los flamencos, pues la carrera discurre por la parte norte de Bélgica, esto es, por Flandes. Me permito una frase de Peter Van Petegem, doble ganador de la prueba, en la que el "negro de Brakel" habla sobre la dedicación que los ciclistas de aquella zona profesan a la carrera (frase tomada del nick de un forero de esta conocida web ciclista):

"Desde que tenía quince años he entrenado aquí cada día, en las Ardenas flamencas. Como profesional, he rodado entre treinta y cuarenta mil kilómetros al año. Mientras los demás se juntaban alrededor de una mesa en Navidad, yo entrenaba cinco horas al día. ¿O cómo crees que se gana el Tour de Flandes? Estaba ocupado en ello seis meses al año".

Llega la hora de la verdad para los especialistas en el pavés: el primero de los domingos que, encadenados consecutivamente, van a llevar la atención de las clásicas del norte de Bélgica al norte de Francia. Es la hora de que Stijn Devolder, desaparecido durante el resto del año, muestre sus cartas y se asome al escaparate de la carrera que le ha visto ganar los últimos dos años. Cualquier otro resultado que no sea ganar muy probablemente conlleve su salida del Quick Step a final de año, porque su director, Patrick Lefevre, ya no aguanta más su pasotismo.

Parece claro que los equipos que van a dominar la carrera serán el CSC de Cancellara y Breschel y el Quick Step de los "leones de Flandes", Tom Boonen y el propio Devolder (dos victorias para cada uno en "De Ronde"). Un movimiento de cualquiera de los cuatro pondrá en jaque al otro equipo, y viceversa. Nuestro Juan Antonio Flecha, en el mejor momento de su carrera, tendrá que estar siempre bien situado en los muros, siempre atento para evitar las caídas que tanto le incomodaron en la edición de 2009. Con la extraña baja de Pozzato (algunos foros ya echan humo) por un virus cogido en los 3 días de la Panne y la de Haussler, el español será el tercero en discordia. Su victoria en la Omloop Het Nieuwsblad incrementará sobre él la presión (y la vigilancia de los rivales). El de Junín es un coloso este año en los muros (nunca ha subido tan bien), y ya fue tercero en 2008. Soñar es gratis, y otro podio sería un resultado magnífico. Philippe Gilbert (aún bajo de forma), Lars Boom, Hushovd y Cavendish darán lustre a la prueba. El tirón mediático -ya se sabe- se lo llevará Lance Armstrong, que aparecerá con su equipo para preparar la etapa de pavés del Tour y que, salvo victoria de Flecha, copará las brevísimas crónicas de la prensa deportiva y generalista del lunes.
Si CSC y Quick Step pondrán la música, Tom Boonen ha de ser, obligatoriamente, quien dirija la orquesta. Su estado de forma es excepcional, ha demostrado durante este último mes que nadie (a excepción del ausente Pozzato) sube como él los muros, y le conviene endurecer la carrera. Boonen no se puede permitir que un Cancellara o un Flecha le roben la cartera cuando el belga está llamado a conseguir su tercera victoria, igualando a Magni, Museeux, Buysse y Leman. Al pupilo de Lefevre le interesaría llegar al pie del Kapelmuur con el grupo de los elegidos, con los favoritos al borde del agotamiento. Para ello, seguro que el de Mol tratará de moverse en el terrible encadenado de muros del Oude-Kwaremont y los durísimos Paterberg y Koppenberg (kilómetros 179 al 189 de carrera). 3 colosos en menos de diez kilómetros, la lanzadera perfecta para las aspiraciones de Boonen y para evitar que Devolder le vuelva a eclipsar. Más aún si se produce una montonera en el último de estos muros, como suele ser habitual. La colocación de los favoritos será la clave.



El belga que consigue ganar el Tour de Flandes, y además lo hace con el maillot de campeón de su país -como lo hiciera hace dos años Stijn Devolder- se convierte en mito, imborrable recuerdo en el imaginario de la afición flamenca que, como siempre, abarrotará las cunetas y los muros para dar aliento a todos los corredores (volveremos a ver, seguro, a los aficionados españoles portando la bandera rojigualda al lado de la capilla del Kapelmuur, con la leyenda "Flecha"). La 94ª edición de "De Ronde Van Vlaanderen" será, si nada lo impide, un todos contra Boonen. Parece ser, además, que la lluvia hará acto de presencia para endurecer aún más los 262 kilómetros de la carrera. Boonen, Cancellara, Flecha, Devolder, Breschel, Gilbert, Boom,... ¿Quién llegará primero a la meta de Meerbeke? ¡Hagan sus apuestas!