martes, 16 de marzo de 2010

Rosso Alonso




La victoria de Fernando Alonso este fin de semana ha dejado España en un estado de peligrosa euforia. Es motivo de una alegría inmensa que el ovetense haya ganado en Bahréin -más aún para los "ferraristas"-, y que lo haya hecho en su debut con la escudería de Maranello. Cuarto piloto tras Mario Andretti, Nigel Mansell y Kimi Raikkonen en lograrlo. Todos ellos campeones del mundo.

Felicidad desatada en España que rompe audiencias y revive la "gallina de los huevos de oro" que en su momento disfrutó Tele 5 y ahora aprovecha La Sexta (con un gran fichaje como Marc Gené). Los titulares más fantasiosos se han visto en los últimos dos días y, como es habitual en este país, se da por sentado que Alonso ha ganado ya el mundial y que, además, Ferrari ha encontrado a su líder después de años sin rumbo. Hay que frenar toda esta ola de optimismo desmesurado, y el primero en hacerlo ha sido Steffano Domenicalli: "calma, calma, calma". Quedan dieciocho carreras. No es momento para dar el título, pero algunos periódicos tienen que vender,...

El asturiano hizo una buena salida, arriesgando por el exterior de la curva uno, por donde había menos goma y, por tanto, menor tracción. Pero la jugada le salió bien y, gracias a que ni él ni Massa se intentaron cerrar el uno al otro, consiguió arrebatarle la segunda posición al brasileño. A partir de entonces, la carrrera fue un tira y afloja entre él y Vettel. Tiempos similares, aunque el Red Bull era ligeramente más rápido. Fue entonces cuando Alonso decidió parar a cambiar neumáticos. Adelantó su entrada en boxes y la jugada le salió bien. Pese a que Vettel fue más rápido en el pit stop, casi le recuperó dos segundos. Desde entonces comenzó una persecución que terminó cuando los problemas en el escape (¿será de nuevo la fiabilidad el punto negro de Red Bull?) hicieron que tanto Alonso como Massa le adelantaran en curvas consecutivas. A partir de ahí la carrera no tuvo color. Fernando fue un reloj que recordó a Raikkonen: carrera dominada, tiempos bestiales. Vuelta rápida de carrera (más de un segundo respecto de la segunda mejor) Se notó lo mucho que quería ganar a lo grande. Y así lo hizo. Meritorio cuarto puesto de Vettel y bien los Mercedes. Ambos.

Fue una carrera sin historias, aburrida hasta el extremo. La fórmula uno se empeña, año tras año, en superarse en el camino de la involución. Pero, pese a que no me han gustado nada las nuevas normas de cara a esta temporada, creo que merecen cierto margen de duda. Cinco carreras. Hay algunos, como Nick Fry o Martin Withsmarsh, que ya se han quejado amarga y abiertamente sobre ello. Lógico, pues no ganaron. Quien no llora, no mama. En quince días volverá el gran circo, esta vez en Melbourne. Australia le da otro color a la Fórmula 1.




No hay comentarios:

Publicar un comentario