jueves, 11 de marzo de 2010

Jueves, 11 de Marzo



Sí. Sé que Bosque de Arenberg es un blog de deportes. Así es y así seguirá siendo. Pero éste no es un día cualquiera para mí.

Cualquiera que haya leído mi perfil sabrá que soy madrileño. Basta saber eso para comprender lo mucho que a una persona como a mí (15 años entonces) le afectaron los 192 muertos y casi 2000 heridos de aquella trágica mañana que convirtió a Madrid en el epicentro mundial del dolor. Me cuesta aún ver las imágenes de los vagones reventados. Me atreví a ver el vídeo de las explosiones en Atocha. Mi vida tuvo un antes y un después aquella nublada mañana. Por la tarde, en la M-30, el dolor llevaba forma de coches fúnebres, que desfilaban en dirección a la morgue de Ifema. Su tránsito era incesante, infinitos portadores de malas noticias y de futuras familias rotas.
Quiere el destino que, como hace seis años, las portadas del 11 de marzo lleven las fotografías del Real Madrid. Macabra casualidad. No me acordaría de ello si no fuera porque El Pozo, Atocha, Santa Eugenia y la Calle Téllez se convirtieron en el blanco de quienes, aquel día, lograron su terrible fin. Aquella mañana perdí la fe en el ser humano.
Nunca he sentido tanto dolor, tanta impotencia. Cuando te golpean tan cerca, en tu propio corazón, sientes realmente lo que es dolor. Y nunca podré sentir el vacío infinito de quienes perdieron a alguien en los trenes. Pero ver cómo esta ciudad se levantó en aquel viernes por la tarde, en el que el cielo lloraba con Madrid, supusieron el primer acto de fe de quienes, desde entonces, tratamos de dejar atrás el horror y el sonido de aquella bomba de la que el mundo tuvo conciencia a través de aquel mensaje de voz.
Pasaré una y mil veces por la Puerta del Sol, y siempre me pararé a leer esa placa. La placa del dolor. Hoy es 11 de marzo. Siempre con las víctimas del terrorismo.

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