viernes, 5 de febrero de 2010

Tour de Francia (II)



El 11 de julio por fin veremos a los escaladores. Final en un clásico del Tour en los Alpes: la estación de esquí de Morzine, una subida cuyo porcentaje medio no es muy duro, pero que cuenta con dos kilómetros (el cuarto, al 9,7%, y el quinto, al 11, 1%), en el que los grimpeurs pueden intentar descolgar a gente como Wiggins o Kreuziger, aunque no habrán grandes diferencias. Morzine viene precedido, sin apenas llano de por medio, por el duro Col de la Ramaz, de 16 kilómetros, un puerto que se le atragantará a muchos sprinters. ¿Ganará uno de los favoritos en París o, por el contrario, triunfará una fuga?
Al día siguiente, la primera jornada de descanso servirá para analizar los fallos del día anterior y planificar la estrategia a seguir en las dos etapas siguientes. La primera de ellas es la más dura, con cuatro puertos: el Col de la Colombière, que ya se subió el año pasado en la etapa de Le Grand Bornard, el Col des Aravis, el Col de Saises (que también se subió en la etapa anteriormente reseñada de 2009, aunque por su cara más dura) y el siempre temible Col de la Madeleine, aunque se sube por su vertiente más suave y no por la archiconocida de La Chambre.


Se pueden poner varias pegas a la etapa, tres en concreto: en primer lugar, la no inclusión del Col de Romme, que en 2009 se incluyó antes de La Colombière, para dar más dureza a la etapa; en segundo lugar, la excesiva distancia que hay entre la cima del Col de Saises y el de la Madeleine, y, por último, la distancia (32 kilómetros, 12 de ellos en terreno llano) que media entre la cima del último puerto y la meta. Los favoritos, en lugar de moverse al principio del puerto, esperarán a los últimos kilómetros para no malgastar sus energías de cara al descenso y a ese llano. En cualquier caso, la etapa seguro que dará mucho juego si el pelotón se lo propone.

La décima etapa, con final en Gap, es calificada por los organizadores del Tour como etapa de media montaña. No parece, pues, que vaya a provocar diferencias significativas entre los favoritos, aunque los descensos de algunas cotas son muy técnicos, con carreteras sinuosas y asfalto en no muy estado. Bien lo sabe Joseba Beloki, que, precisamente camino de Gap, perdió todas sus opciones en el Tour 2003, al caerse en el vertiginoso descenso de la Côte de la Rochette -cota que se incluye en la etapa de este año-. Los españoles deberán estar ojo avizor a cualquier movimiento. Los gregarios serán fundamentales para "arropar" a sus líderes. A más de uno se le pasarán muchos recuerdos por la cabeza al ver pasar a la serpiente multicolor de nuevo por estas carreteras:



Los sprinters volverán a tener oportunidades de pisar el podio del Tour al día siguiente, en Bourg -lès-Valence. Será un espejismo entre la batalla de los "capos" de la clasificación, que tendrán una nueva oportunidad de sacar tiempo al día siguiente en el explosivo final del aeródromo de Mende. Allí donde Marcos Serrano y Laurent Jalabert dejaron su huella para el ciclismo, especialmente el galo en 1995, con un etapón colectivo del ONCE de Manolo Sáiz que muy cerca estuvo de arrebatar el maillot amarillo a Induráin.


Una nueva etapa llana, con final en Revel, hará de transición entre el Macizo Central y los Pirineos. Los soñados Pirineos. Así, la decimocuarta etapa es calificada por Christian Prudhomme, director del Tour, como la de los "Pirineos modernos", puesto que incluye el encadenado de dos puertos introducidos en la ronda francesa en pleno siglo XXI: el durísimo Pailhères, un puerto de categoría especial en toda regla, y el no menos duro Plateau de Bonascre (casi 8 kilómetros al 8, 3 % de desnivel). La dureza se concentra en los últimos cincuenta kilómetros, pero hay terreno más que de sobra para hacer grandes diferencias. Carlos Sastre fue el último corredor en ganar en el Ax-3-Domaines, en 2003. ¡Ojalá volvamos a ver un triunfo español este año!



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