jueves, 4 de febrero de 2010

Tour de Francia 2010 (I)




Se me antoja muy complicado resumir en tres epígrafes lo que puede dar de sí el recorrido de la Grand boucle, porque en ella van a influir varios factores, a saber: Johan Bruyneel y Lance Armstrong, por un lado, Alberto Contador, por otro, y el recorrido, por último. Combinen estos tres ingredientes, añádanles a los hermanos Schleck y a otros outsiders como Nibali, y el próximo mes de julio la tierra puede volver a soñar con el ciclismo épico.

Porque la 97ª edición del Tour presenta oportunidades para soñar y para sufrir, montaña para subir al cielo, pavés para engrandecer la leyenda. Trampas donde ganar o perder una carrera que ha condicionado toda la temporada de los aspirantes al podio en París. Pero no todo son castillos en el cielo, hay también un claro margen de mejora en algunas etapas que, modificadas para bien, habrían favorecido un mayor espectáculo. Es el caso de la etapa con final en Pau.

La edición de 2010 rinde merecido homenaje al centenario de la inclusión del Tourmalet en la ronda gala. Por ello, podría pensarse a priori que la carrera se va a decidir en los Pirineos, pero todo dependerá de lo mucho que los ciclistas quieran mover el manzano. Terreno para hacer daño hay. ¿Habrá ganas de intentarlo?

Como en el caso del Giro, el Tour comienza su andadura en Holanda, concretamente el 3 de julio. Un prólogo de 8 kilómetros, con varios tramos de autopista, en el que Fabian Cancellara no debería tener rival. Leipheimer, Tony Martin, Boasson Hagen, Kloden y el propio Contador debería copar las primeras plazas. La duda estriba en saber a qué nivel rendirá Armstrong y cuánto tiempo cederá Schleck con respecto al pinteño.

La segunda etapa, primera en línea, acabará en Bruselas y será la primera oportunidad para los escapados, si es que el HTC - Columbia lo permite. Si Cavendish y los suyos se aplican (que lo harán, pues toda la responsabilidad recaerá en ellos), el británico seguirá acumulando victorias en la ronda gala, aunque siempre habrá gente como Hushovd o Farrar a la expectativa. La tercera etapa, con una pequeña cota a doce kilómetros de meta, según los datos oficiales, puede ser aprovechada por algún corredor "todoterreno", como Boasson Hagen, pero la victoria de etapa en Spa (a tan solo 10 kilómetros del mítico circuito de automovilismo) dependerá del trabajo del equipo Columbia.

Cuarta etapa: primera trampa. ¡Y qué trampa! Final en Aremberg, a las puertas del mismísimo bosque que da nombre a este blog. El terror del pavés en forma de siete tramos, que acumularán casi 14 kilómetros de sufrimiento para los favoritos a la clasificación general. Los especialistas en el adoquín tendrán que ayudar en todo lo posible a sus "capos": Cancellara con los Schleck, Flecha y Boasson Hagen con Wiggins, Maaskjant trabajando para Vande Velde, Hushovd para Sastre o Quinziato de escudero de los hombres del Liquigas. Armstrong, pese a no tener gente de relumbrón en el pavés, llevará a Bruyneel desde el coche. El belga sabe muy bien lo que es disputar la victoria en Roubaix, de la mano de George Hincapie, así que a falta de especialistas en adoquín tirarán de oficio. Contador, pese a que cuenta con Noval, y Valverde son, a priori, los que más perjudicados llegarían a esta etapa. Sin embargo, una caída, un pinchazo lo puede cambiar todo. Como se dice coloquialmente: aquí no se gana el Tour, pero sí se puede perder. Estar en cabeza del pelotón será clave, y seguro que habrá codazos y más de una caída. Muchos rezarán para que no llueva. Basta con leer lo que dice Ángel Arroyo en el libro Locos por el Tour sobre la etapa de pavés del Tour 83 para saber la que se puede armar el próximo mes de julio.


Tom Boonen, al no tener ningún "vueltómano" con posibilidades el Quick Step, es quien más fácil lo tendría para ganar en Arenberg. ¿Lo intentará Cavendish? Tiempo al tiempo.

Tras la batalla sobre el pavés, la etapa siguiente es propicia para una fuga, por el cansancio y la tensión del día anterior. De no hacerlo, será de nuevo turno para los velocistas, que tendrán cuatro etapas seguidas para marcar su territorio e ir perfilando la clasificación del maillot vert de la regularidad.
Un primer final de montaña suave, en la estación de Les Rousses, será la primera toma de contacto de los escaladores con su terreno, aunque no se prevén ataques lejanos ni grandes diferencias. Al día siguiente llegará la montaña de verdad al Tour.

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