viernes, 22 de enero de 2010

¿Por qué "Bosque de Arenberg"?


Éste pretende ser un blog en el que poder comentar la actualidad deportiva, así como su pasado, las glorias y las decepciones, que encarnan todas ellas, en cada disciplina, los valores deportivos. Así pues, te habrás preguntado, lector, ¿por qué el bosque de Arenberg?
Bien, el bosque de Arenberg es un paraje situado al norte de Francia, casi lindando con la frontera de Bélgica, de unos 2.5 kilómetros, que siguen una línea recta casi perfecta. El bosque está dividido en dos por esa recta interminable, un camino de adoquín o piedras -o, como dirían los franceses, pavés-. Adyacente a tan singular sitio se encuentra la localidad de Arenberg, un pequeño pueblo cuya principal ocupación en el último siglo ha sido la minería, y que pertenece a la provincia gala de Wallers.


Como se puede ver en la fotografía, el camino tiene una ligera pendiente, no más de un 4% de desnivel, pero que, unido a su longitud, lo convierte en eterno. Sí, porque el bosque de Arenberg es el símbolo de una de las carreras fetiche del ciclismo, la París - Roubaix. Conocido como la Trouée d’Arenberg o la Drève des boules d’Hérin o, sencillamente, como el pavé d’Arenberg, este enclave se convierte en el primer punto de inflexión de la Roubaix, pues los corredores lo utilizan para endurecer la carrera aunque, por estar a casi 100 kilómetros de la llegada, no suele ser decisivo. Pero sí sirve para que los favoritos a ganar en el mítico velódromo de Roubaix muestren sus cartas por primera vez.


Dicen que una París - Roubaix sin lluvia no es una París - Roubaix. Que se lo digan al bueno de George Hincapie, un hombre que ha tenido demasiada mala suerte en el conocido como "infierno del norte". Arenberg es el tramo de mayor dificultad de toda la carrera. Antes de llegar a su inicio, el pelotón está en constante lucha por las posiciones de cabeza. Los gregarios de los líderes tratan de llevar a éstos a la cabeza del pelotón. Cuando se entra en el bosque de Arenberg, la velocidad es frenética. La dureza del tramo es tal que los corredores prácticamente van en fila india, la mayoría por el centro del pavés. Con lluvia, todo se complica aún más. Siempre hay caídas, llueva o no. Incluso para los elegidos. En 1998, Johan Museeuw, triple ganador de la Roubaix, se destrozó la rodilla en Arenberg. Los genios también son humanos.

Y entre esos genios, hay un español, Juan Antonio Flecha (en la imagen, de naranja, detrás del imbatible Tom Boonen). Flecha es combativo hasta el extremo, pero no tiene un buen sprint, y se ha encontrado con un Boonen que el año que viene luchará por igualar a Roger de Vlaeminck con 4 victorias en el velódromo de Roubaix. Con Flecha, da igual que gane o que pierda, porque sabes que siempre está ahí en estas carreras, aunque también tiene mala suerte. Sin ir más lejos, este año se cayó tanto en el Tour de Flandes como en la Roubaix. Y soñamos con él, porque ningún español ha ganado todavía esta carrera. En ti confiamos, "de pijl" (la flecha, en flamenco).

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