jueves, 11 de noviembre de 2010

"Clásico" con calzador



Finalmente se ha confirmado. El Barça - Madrid se jugará el lunes 29 de noviembre. Resaca electoral en Cataluña, laborable en toda España. Se ha cumplido lo que ni ambos clubes ni el aficionado general querían. Una devaluación sin precedentes del partido más internacional de La Liga.

Ni blaugranas ni merengues estaban por la labor de jugar el "clásico" un lunes. Tienen voz, pero no voto, que para eso reciben ingentes sumas de dinero de las televisiones. Sin embargo, la reflexión de Jorge Valdano es sumamente acertada. La Liga se ha definido en estos últimos años por la celebración de estos choques, fruto del frenazo que han sufrido otros clubes en este tiempo. Sevilla, Valencia, Atlético de Madrid -el Deportivo es un caso extremo- sufren en carne propia las dificultades de enfrentarse a una realidad futbolística y económica difícil, ante el empuje y la permisividad de los poderes con los dos grandes de la competición. El Barça - Madrid concentra la atención del mundo entero como pocos acontecimientos. Ningún partido entre clubes es tan seguido ni suscita tantas reacciones. Aunque sea un lunes y con calzador, este próximo enfrentamiento no será menos. La pregunta es: ¿le sale más rentable a Gol TV o a Digital + que el "clásico" sea el lunes en lugar del domingo? Y otra pregunta: ¿cuánto han presionado los políticos catalanes para que no coincidiera con las elecciones a la Generalitat?

Hace ya tiempo esta sociedad se adentró sin vuelta atrás en el siglo XXI. En lugar de avanzar, el fútbol español permanece aletargado, en constante regresión. Mientras que en Inglaterra los horarios de la Premier League llevan estructurados meses y cada equipo conoce las fechas exactas de sus encuentros, en España se lleva el concepto del "tarde y mal", por designio de las televisiones. Plataformas que quieren copar, a ser posible, toda la semana con su producto: fútbol el viernes, el sagrado fin de semana, fútbol el lunes y las competiciones europeas (martes - miércoles - jueves). Planificación perfecta, si se tuviera en cuenta a los clubes. Mientras los equipos ingleses reciben un reparto equitativo para todos por los derechos televisivos, en España nos lamentamos de que los dos grandes casi alcancen los cien puntos. Y, muy español, nos preguntamos "por qué". La solución es mirar a ligas más avanzadas, le pese a los grandes o no, para intentar que haya más lucha y mayor competitividad hasta el final de la temporada. Real Madrid y F.C. Barcelona son los dos únicos equipos de Primera que pertenecen a sus socios, es decir, que no son "sociedades anónimas deportivas". ¿Por qué ese trato de favor con unos y no con otros? Es momento de que actúen en la Federación, han de ser ellos quienes guíen a los clubes y no las televisiones. Aún soy joven, pero algo conozco ya del modus operandi patrio que tanta mala reputación nos ha dado allende nuestras fronteras, método que seguimos aplicando sin remedio.

lunes, 8 de noviembre de 2010

La columna de los lunes: balance del derbi, crónicas de F1 y el adiós de un grande



Aunque el ciclo deportivo, como el año, esté cercano a expiar, son muchos los acontecimientos que mantienen viva la llama del periodismo deportivo en este frío noviembre. Tres son los focos a abordar por esta columna. Tres momentos del domingo. Por orden cronológico, son los siguientes:

1 - Gran Premio de Brasil de F1: Alonso sale vivo de Interlagos


Después de la difícil clasificación del sábado, con condiciones poco favorables para el Ferrari del astuariano, la carrera de ayer domingo se preveía como un reto considerable para Alonso. No lo veía así el interesado, que se quitaba toda la presión y se la dejaba a sus rivales por el título. Evidentemente, el piloto oventense era plenamente consciente de que él también debía luchar para mantenerse en el liderato y llegar a Abu Dhabi, última cita del año, con sus opciones de título intactas.

Por primera vez en este tramo final de la temporada, el binomio Alonso - F10 partió en la salida sin problemas. Desde su quinta posición, el piloto de Ferrari fue espectador privilegiado de la cruenta batalla entre Hamilton y Webber por la tercera posición. El australiano de Red Bull apuró la frenada y en la S de Senna se acabó la efímera lucha. Por delante, Vettel ya había adelantado al novato "poleman" Hülkenberg. Webber haría lo propio poco después. Alonso, ante tan negativo panorama, se exigió lo máximo de sí mismo y de su monoplaza, tiró de experiencia para provocar el error de Hamilton tras la frenada de la curva cuatro y trabajó sobremanera para adelantar al Williams del alemán, al que superó por la mejor tracción de su Ferrari a la salida de la misma curva. Pero en las siete primeras vuelta los Red Bull ya habían puesto un mundo de por medio. Doce segundos entre Vettel y Alonso -unos diez con Webber- ante los que no había nada que hacer salvo rezar. Vitantonio Liuzzi oyó las súplicas ferraristas y estrelló su Force India en la primera curva. Pelotón agrupado con dieciséis vueltas por delante. Tras deshacerse de multitud de pilotos doblados, Alonso se dedicó a volar sobre la pista del autódromo José Carlos Pace, haciendo una de las cosas que mejores resultados le han dado: presionar al rival. Esta vez, sin embargo, Webber no cedió. No hubo error del piloto de las antípodas, con lo que Red Bull se aseguró el doblete y su primer título de constructores. Han llegado a la cumbre en seis años, toda una proeza automovilística. Por su parte, el asturiano se mostró satisfecho con el trabajo realizado.

Jaime Alguersuari realizó una carrera muy consistente, exhibiendo su sólido pilotaje. Una vez más se quedó a las puertas de los puntos. Un adelantamiento del fogoso Kobayashi en las vueltas postreras le dejó con la miel en los labios. Desde la pole, Hülkenberg cayó al octavo puesto. Tiene madera de gran piloto, pero aún le falta saber administrar mejor los momentos importantes de carrera. Bien es cierto que tampoco pudo hacer más con el ritmo de carrera de su Williams. Así las cosas, Alonso aventaja ahora a Webber en ocho puntos y a Vettel en quince. Si gana el australiano, el de Ferrari ha de acabar segundo. La clasificación del próximo sábado (14.00 h) se antoja decisiva. Echen cuentas, esto está al rojo vivo.

2 - Real Madrid 2 - Atlético de Madrid 0: el Madrid jugó con fuego


Las portadas de los diarios deportivos de la capital reflejan el efecto de Ricardo Carvalho en el partido de anoche. Muy discutido por algunos sectores del periodismo por su edad, 32 años, el internacional portugués está cuajando un inicio de temporada excelente. Rápido en las coberturas, maestro al corte, expeditivo y con vocación atacante. En una anticipación suya en el mediocampo nació el primer gol blanco, que él mismo culminó en el área del veinteañero De Gea. Triste aniversario para el portero atlético, que se equivocó en el segundo gol. Dejó un enorme hueco al colocar la barrera que Özil no desperdició (Reyes, mal colocado en el primer palo, también pudo haber hecho más).

La salida fulgurante del Madrid pronto se calmó con los dos goles, y dejó paso a un toma y daca en el que el conjunto del Manzanares salió mal parado. Lo intentaron de todas maneras, pero la falta de puntería y el habitual buen hacer de Casillas bajo los palos evitaron que los de "Quique" Sánchez Flores recortaran distancias. Reyes pide a gritos una oportunidad con la Selección. Forlán estuvo voluntarioso y el palo evitó que un trallazo del charrúa desde fuera del área acabara en la red. Y el "Kun", como siempre, todo chispa, pero sin acompañamiento en ataque. Valera se sumó más al ataque que Filipe Luis, la defensa pagó el precio de jugar su primer partido juntos y Tiago y Mario Suárez no pudieron con el músculo de Khedira y el cerebro de Xabi Alonso. José Mourinho debe prestar atención, no obstante, al descontrol en la medular que se genera en los minutos finales de cada partido. Ese intercambio de golpes favorece a los blancos en la mayoría de ocasiones, pero los grandes equipos son los que sacan partido del caos. Por suerte para los de Concha Espina, el Atlético no lo hizo.

3 - Haile Gebreselassie: se retira un elegido


Con treinta y siete años deja el atletismo el etíope de la eterna sonrisa profidén. Uno de los iconos más humildes del deporte moderno. Aún ambicioso tras una carrera excelsa, llena de triunfos y de récords en todas las distancias en que compitió, "Gebre" quería competir por primera vez en la Maratón de Nueva York. Lo intentó pese a una tendinitis en sus rodillas, que dijeron "basta" en el kilómetro veinticinco.

Genéticamente elegido para el atletismo, adaptado a la perfección a las condiciones de altura del altiplano de su Etiopía natal, se retira un deportista cuya carisma no entiende de lenguas ni países, que se ganó la vida corriendo y con el que el mundo disfrutó los últimos veinte años de sus proezas y también de sus derrotas. Porque Haile es igual de digno cuando gana y cuando pierde. Un ejemplo de constante superación para sus paisanos etíopes. Los niños sueñan con ser como él. Y él sueña con seguir mejorando. Para siempre queda instalado en el olimpo de los mediofondistas, con leyendas como Paavo Nurmi, Emile Zatopek o Abebe Bikila. Empresario de éxito en su país, se especula con su entrada en política. Su retirada plantea dos cuestiones: ¿podrá Kenenisa Bekele, su heredero natural, con todos sus récords? Y la segunda: ¿le darán el Príncipe de Asturias del Deporte 2011?

martes, 2 de noviembre de 2010

A.S.O. y el Bosque de Arenberg




La semana pasada varios medios digitales se hicieron eco de las palabras de Joel Lainé, Director de la París - Roubaix. Este caballero, cuyo nombre hasta ahora no resultaba para nada conocido, ha generado con sus declaraciones al diario belga Het Nieuwsblad todo un torrente de críticas hacia su persona y hacia la ínclita organización que representa, la Amaury Sport Organisation o A.S.O.

Resulta cuanto menos paradójico que el señor Lainé pusiera en duda la inclusión del Bosque de Arenberg en la París - Roubaix de 2011 nada menos que en el periódico que organiza el otro "monumento" con pavés, el Tour de Flandes. Ya de antemano el mes de abril nos asegura comenzar con las espectaculares imágenes de los mejores flandriennes serpenteando sobre el rocoso adoquinado del Kapelmuur, cada corredor luchando contra su propio límite, concentrando sus fuerzas en subir "a golpe de riñón" hasta la gloriosa capilla de Geraardsbergen.



Sin embargo, poner en jaque la presencia de este símbolo del ciclismo de antaño, cuyo nexo con el tiempo presente es su tardía aparición en el "Infierno del Norte" -1968-, es dar lugar a que uno de los santuarios del ciclismo deje de brindar a los aficionados una imagen. La imagen. Hay carreras cuyo peso está por debajo de la simple imagen de una motocicleta, cámara a ras de asfalto, enfilando a sesenta kilómetros por hora esa recta eterna, infinita, en la que el asfalto deja paso al irregular y traicionero adoquín. Es el pavés en estado puro, es Arenberg, es la París - Roubaix.

Algunos argumentarán que el consabido Bosque es más plástico que decisivo. Puede ser. Ciclismo y belleza son hermanos siameses desde su mismo parto. Pocos deportes transmiten tanta belleza como lo que representa ver a todo un pelotón adentrarse en el mismísimo corazón del infierno. Sin frenos, acelerando más y más hasta que ese binomio tan especial ciclista - bicicleta comienza a temblar y a deslizarse sin rumbo fijo por entre los miles de aficionados que les jalean como a héroes. Arenberg ya no decide la carrera como antaño, pero sí evidencia la primera selección entre quienes se jugarán la victoria en tramos posteriores o, a la postre, en el velódromo de Roubaix.


Entrar en la dinámica de eliminar tramos de pavés per se, sin motivo aparente, puede sumir a la París - Roubaix en una espiral negativa que la haga perder su sabor de antaño. Si el Bosque de Arenberg está dañado, entonces no habrá problema. Pero si los dirigentes de A.S.O. desean suprimir esos casi tres kilómetros de superación personal por las buenas, estarán tirando piedras contra su propio tejado. Seán Kelly afirmó aquéllo de una París - Roubaix sin lluvia no es una París - Roubaix. Sin Arenberg, será menos Roubaix. Si quieren recortar kilometraje en el Tour, adelante. Pero no deben desprenderse del espíritu de las carreras del pasado, carreras que resultan más atractivas que muchas vueltas por etapas. Todo esto quedará visto para sentencia el 15 de diciembre, día de la presentación oficial de la próxima edición de la Roubaix.

PD: Cyclingnews.com que Fabian Cancellara se plantea correr la Vuelta al País Vasco y renunciar a Flandes y Roubaix para preparar su salto a la Lieja - Bastogne - Lieja. La ambición del flamante tetracampeón mundial contrarreloj es respetable y cuanto menos elogiable. Pocos corredores en el pelotón actual -Gilbert es quien surge inmediatamente- comparten similar actitud. Sólo él parece predestinado, por el momento, a intentar lograr los cinco "monumentos". A finales de abril la preparación y la fortuna decidirán si el nuevo fichaje del "Luxembourg Pro Cycling Project" obtiene su objetivo. Con los hermanos Schleck en liza, ¿habrá entendimiento entre los tres?

viernes, 29 de octubre de 2010

Cincuenta años entreniendo al mundo




Para muchos argentinos fue duro aquel invierno del año 79. Los Ford Falcon no tenían tanto protagonismo como en los primeros años de la durísima dictadura de Videla. La situación, además, se encontraba en un impás casi completo ante la inminente visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Aún así y todo, era duro. El frío austral se hacía notar en las madrugadas, pero no importaba. Millones de argentinos quedaban pegados al televisor para contemplar el nacimiento de una generación llamada a seguir la estela marcada por los Kempes, Fillol, Bertoni o Passarella. Una camada imberbe que, a pesar de su juventud, elevó su juego a los más altos cánones estéticos e hizo del fútbol una oda al arte. En aquel Mundial Juvenil de Japón, Ramón Díaz se hinchó a marcar. Le arropaba un equipo en el que brillaba un jugador superlativo, un elegido. Diego Armando Maradona. Menotti armonizaba las piezas, el eterno diez albiceleste disponía sobre el campo, haciendo mejores a sus compañeros, jugando por encima del resto. Una constante en su carrera. Nació para destacar. En la final, pasaron por encima de la desaparecida U.R.S.S.

"En una villa nació, fue deseo de Dios..." La canción que Rodrigo Bueno le dedicó y que se hizo mundialmente famosa retrata de forma simple pero certera la infancia de Maradona. Un niño con un don que desarrolló en los potreros de Villa Fiorito -al sur de Buenos Aires-, y por el que la gente pagaba por ver jugar ya desde chico. Quemaba etapas futbolísiticas a la velocidad de un rayo, el de su zurda de terciopelo. Debut a los quince años en Primera, con Argentinos Juniors. A los dieciséis ya lo había hecho con la selección argentina absoluta. Se quedó a las puertas de jugar el Mundial 78. Tendría tiempo para desquitarse.



Diego es el hombre que alumbra futbolísiticamente a todo un país. No logró su segundo sueño en España. Harto de patadas y de oscuros marcajes, descargó toda su ira contra Batista. Los genios también saben golpear. De la Boca a Barcelona, a dominar Europa, encontrarse con Goikoetxea y habituarse al consumo de cocaína. Era una máquina de hacer dinero, más para su interesado entorno que para él mismo. Su periplo ibérico acabó como el mundial 82: a la gresca. En Nápoles le esperaban como a un mesías. Dos Scudettos y una Copa de la UEFA para un club con dinero para escribir su historia. Todo se truncaría con su primer positivo por cocaína en marzo de 1991.

"Después vino el Diego y tocamos el cielo, nos trajo la Copa cumpliendo su sueño". Así reza el "Tanta gloria, tanto fútbol" la proeza de Argentina en México 86. No tenían el mejor equipo, pero bajo las órdenes de Bilardo y la batuta de Maradona, Burruchaga llevó la algarabía a un país que en diez años había igualado a sus vecinos del otro lado del Río de la Plata. Uruguay ya no podía mirarlos por encima del hombro. Cuatro años más tarde, San Paolo rompe su magia con Maradona al pitar el himno argentino. En la final, más de lo mismo. aLs gradas del Olímpico de bullían de agitación. La pitada al himno argentino enerva al "diez", que no se contiene. Después llegó aquel penalti inexistente y las lágrimas. Amarga derrota.


Su zurda permanecía intacta mientras su cabeza perdía todo contacto con la realidad. Cada vez más metido en las drogas, el amor a sus hijas le salvó de una muerte segura. Cuesta abajo y sin frenos, el positivo en el Mundial 94 fue la puntilla. Inolvidables los instantes del sonriente Maradona de la mano de aquella enfermera. Fue el principio de su inevitable fin futbolístico.


Siempre se le perdonado todo. No hay pueblo más piadoso en el mundo que el argentino, capaz de vivir en continuas crisis económicas a costa de los mismos políticos de siempre. Cuba fue su tabla de salvación para desintoxicarse. A cambio, descubrió los habanos y abrazó el comunismo de su tatuado Ché Guevara. Al borde de la muerte en varias ocasiones, hoy parece completamente rehabilitado, lejos de la imagen que dejaba aquel rechoncho "barrilete" andante con bigote de hace unos años.

Sin embargo, hay quien no le perdona su gestión en el pasado mundial. Para algunos argentinos, Maradona ha perdido su condición de deidad por haberse entrometido en un terreno inabarcable para su brevísima carrera de entrenador. Dios o no, el hombre de melena rizada con el diez a la espalda cumple hoy cincuenta años. No podrá celebrarlos en San Paolo, como pretendía en principio, por sus problemas con la Justicia italiana. Con sus salidas de tono, sus enfrentamientos constantes con Pelé, su relación de amor - odio con la prensa. Diego. Con todo y con eso, Diego sigue entreteniendo al mundo. Para todos los mortales el tiempo se cobra su justo peaje. Incluso para quienes durante medio siglo han alimentado la leyenda de este deporte de equipo llamado fútbol, en el que por siempre brillará con luz propia.

Fuentes: http://www.el10.com/carrera-japon.shtml

http://www.xenen.com.ar/JUVENIL%201979.htm

http://www.afa.org.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=10074:hace-30-anos-argentina-ganaba-el-mundial-juvenil-de-japon&catid=166:seleccion-sub-20&Itemid=68

http://es.wikipedia.org/wiki/Diego_Armando_Maradona

http://www.spanishred.com/foro/showthread.php?t=10710

http://www.publico.es/deportes/198486/asi-paramos-a-maradona-asi-se-para-a-messi

http://www.marca.com/2010/06/29/futbol/mundial_2010/selecciones/italia/1277828090.html

http://elcomercio.pe/deportes/494913/noticia-maradona-se-enfrentara-quien-le-propino-patada-asesina-mexico-86

lunes, 25 de octubre de 2010

Deporte y política: universos paralelos



Por motivos de trabajo, quien suscribe estas líneas acudió el pasado miércoles a un acto llamado "Lo mejor del fútbol", organizado para promocionar el fútbol femenino. De las más de cuatro horas que duró el evento, comprendido por varias ponencias, ni la mitad fueron dedicadas al verdadero y capital motivo del mismo. El fútbol femenino brilló por su ausencia en las intervenciones de políticos representantes del Gobierno, que decidieron que éste era el sitio adecuado para vender a los espectadores la ya consabida idea de "igualdad".

Había expectación por escuchar la intervención de Jaime Lissavetzky. El Secretario de Estado para el Deporte -que había declinado acudir a un acto a nuestra facultad el viernes anterior- estuvo brillante en su alocución, pues es un político que domina la escena como pocos. Pero se equivocó de lugar. Basta decir que durante sus quince minutos de discurso tan solo pronunció tres veces "fútbol femenino". Los números cantan. El hombre que sale en todas las fotos de los triunfos de nuestros deportistas entendió que promocionar las ayudas del C.S.D. (Consejo Superior de Deportes) era el camino a seguir. Por suerte para él, no tuvo que soportar las soporíferas intervenciones de sus colegas de profesión. Lissavetzky se disculpó y discretamente salió del salón de actos del INEF para acudir a una entrega de premios en el País Vasco.

El propio decano del INEF, Javier Sampedro, había iniciado el acto en idéntica línea a la de los representantes gubernativos. Bibiana Aído estaba anunciada como ponente, pero debido a la "crisis de Gobierno" vivida en aquella fría mañana declinó la invitación. En su lugar habló Isabel Martínez, Secretaria del Ministerio de Igualdad, Bienestar Social y Salud, que intentó vender un mensaje de cerrazón del deporte a la entrada de la mujer y se reafirmó en su compromiso por eliminar los "usos lingüísticos sexistas en el deporte". Permítamese la ironía, pero a lo mejor dentro de unos años hablaremos de futbolistos y futbolistas. ¿Qué tendrá que ver eso con ayudar al fútbol femenino?

Cerró el acto Silvia Ferro, miembro del ya citado C.S.D. y Directora de los programas "Mujer y Deporte", que mezcló su exposición sobre los programas del órgano deportivo español con su tesis política sobre la igualdad. Después de cuatro horas sentado, la silla acolchada me parecía una tortura ante el sopor que estaba pasando.

Por encima de todo, salí del acto con la ingrata sensación de que las personas que más tenían que decir, que denunciar y que proponer, fueron las que menos tiempo dispusieron para ello. Una interesante tertulia moderada por la ex - Ministra de Cultura, Carmen Calvo -que habló casi tanto o más que los intervinientes, ¿adivinan de qué?- sirvió para que la capitana del Rayo Vallecano Femenino, Natalia De Pablos, se desahogara ante la falta de apoyo de la Federación Española de Fútbol. Lo mismo expresó la Presidente del Atlético Féminas, Lola Romero. Fernando Mata, Vicepresidente de la A.D. Torrejón, dejó claro su malestar hacia la RFEF, que "brilla por su ausencia". La gente que vive día a día la situación crítica del fútbol femenino, que sabe lo difícil que es crear un equipo de chicas de la misma edad, que ve cómo chicas de Cuenca tienen que viajar varias veces por semana a Madrid para entrenar, esa gente que sufre a diario la exclusión de los medios apenas tuvo media hora para gritar a los cielos su agonía. Los políticos se consideraron más importantes y aglutinaron gran parte de las cuatro horas para exponer discursos vacuos, sin fondo pero llenos de forma, que estaban relacionados con el fútbol femenino gracias al término "mujer".

El Presidente de la Liga de Fútbol Profesional, José Luis Astiazarán, tendió su mano a la liga femenina en su intento por lograr mayor notoriedad. El mismo discurso de unión y concordia pronunció Luis Rubiales, Presidente de la Asociación de Futbolistas Españoles, que animó a las mujeres a que concreten sus intentos por crear un sindicato de fútbol femenino. Para acabar el repaso al acto, uno de los gurús del márketing en España, Ignacio Maldonado, responsable de dicho área en el BBVA, expuso los criterios que llevan a una gran empresa como la suya a patrocinar competiciones como la Liga o, más recientemente, la NBA. Tanto Rubiales como Maldonado dejaron claro que lo primero que ha de buscar el fútbol femenino debe ser la "autofinanciación".

Resulta paradójico que quienes verdaderamente tendieron la mano a las representantes del fútbol femenino no fueran los políticos. Gente que hace lo que sea menester para arañar un puñado de votos. Parece que no han visto demasiado beneficio en ayudar al fútbol femenino. Es una pena que quienes más deben ayudar a potenciarlo sean los que ofrecen un discurso más alejado de la cruda realidad del deporte. Crisis contra quimeras. ¿Será que los extremos se atraen?

martes, 5 de octubre de 2010

Bodas de plata de Alonso para superar a Fangio




Después del catastrófico Gran Premio de Bélgica, quien escribe estas líneas estuvo cerca, muy cerca, de analizar qué le pasaba a Alonso. Carrera tras carrera, el piloto asturiano ofrecía una versión errática que contradecía la del piloto práctico y efectivo que lo encumbró a lo más alto de la disciplina más popular del automovilismo. Así las cosas, la victoria inicial en Bahréin parecía un oasis de fino pilotaje -con algo de fortuna, no lo olvidemos- frente a la sucesión de fallos, propios o ajenos, del bicampeón mundial en la primera parte de la temporada. Hasta el punto de que tras su fatídico trompo a la salida de Malmedy los foros de la prensa deportiva italiana bullían de aficionados que ya empezaban a cuestionar la capacidad del español.

Parece que cuanto más crece la desesperación colectiva y la presión se agiganta es cuando Alonso saca lo mejor de sí. Tras sus dos victorias consecutivas en Monza y Singapur, cualquier crítica parece ser ya "papel mojado" y el binomio Alonso - Ferrari está en la senda correcta hacia un nuevo título de pilotos para la Scuderia. No va a ser fácil, pues estamos ante uno de los mundiales más abiertos de la historia, con un Red Bull que en materia aerodinámica marca la perfección esta temporada, y con los McLaren, que siempre están ahí. De las guerras internas entre sus pilotos ha de sacar Ferrari el mayor rédito posible. Evolucionar y mejorar el sistema de salida del F10 deben ser el punto de partida hacia la remontada.


A todo esto, Alonso suma y sigue y ya contabiliza veinticinco victorias en el "gran circo". Tras más de ciento cincuenta carreras, el piloto ovetense alcanza las "bodas de plata", un coto selectísimo al que sólo ocho pilotos han accedido en el más de medio siglo de historia de la Fórmula 1. A las puertas de esa barrera se quedó una de las mayores leyendas que haya dado este deporte. Juan Manuel Fangio, el "chueco". Un piloto del que habla por sí solo el hecho de que sobreviviera a la época más cruenta y trágica de la historia automovilística, en unos años en los que Ascari, Hawthorn, Von Trips, Musso, Clark o su paisano Onofre Miramón perecieron en la pista o al volante de sus propios automóviles, entre muchos otros. Él mismo estuvo cerca de la muerte en 1952, cuando volcó espectacularmente la curva Lesmo del antiguo Monza. Pero Fangio vivió una vida plena, en la que esperó a que Senna pudiera superar su legado. Sin embargo, el argentino sobrevivió un año a la muerte del paulista.


Los logros de Fangio pueden cuantificarse: pentacampeón del mundo, ganando con cuatro escuderías distintas -Alfa Romeo, Mercedes - Benz, Ferrari y Maserati-, veinticuatro victorias en las cincuenta y dos carreras que disputó, veintinueve "poles" y veintitrés vueltas rápidas. Pero sobre todo, al de Barcalce se le ha de recordar por sus hazañas: por encima de todas, siempre la excepcional cabalgada sobre el Maserati 250 F en el Nordschleife, ante los Ferrari de Hawthorn y Collins. Los neumáticos del argentino -Pirelli- se desgastaban más rápido que los Englebert que montaba la dupla del imperio rojo. Necesitaba, por tanto, volar sobre la peligrosa pista alemana para volver a salir primero. El mundial estaba en juego. El "chueco" había hecho cuentas, le bastaba medio minuto de ventaja para entrar, cambiar las ruedas y salir en punta. Pero la parada se demoro. Fangio bebía agua mientras los dos Ferrari le pasaban por la pequeña recta del circuito alemán. Un mundo después salía a pista, con cincuenta y un segundos de retraso. Desde el muro, al dúo cabecero les avisan: "Fangio pierde tiempo, mantened el ritmo". Sólo Senna en aquella pole del Gran Premio de Mónaco 1988 alcanzaría el nivel de perfección que le llevó al "maestro" a remontar y conquistar su quinta corona universal, la de 1957.

Sin embargo, la catarsis del brasileño fue un esfuerzo de poco más de un minuto. Fangio levitó con su 250 F durante ocho vueltas para acabar venciendo por sólo tres segundos de margen. Era eterno. Collins y el ya mencionado Hawthorn murieron antes de que acabara la década. Ejemplo de lo duro que resultaba competir con unos monoplazas toscos, robustos, carentes de protección para el piloto, con fotógrafos a pie de pista y el olor del motor -delantero- asfixiando la cara apenas protegida durante carreras de quinientos kilómetros. Desde Fangio hasta el más humilde piloto que rodó alguna vez durante los cincuenta, todos son leyendas.


Fangio tiene su museo allá en su Balcarce natal. Una maravilla que consta de dos edificios con vehículos de todas las épocas, destacando, por supuesto, sus monoplazas y los vehículos con los que se fue abriendo camino, primero en el Turismo Carretera y luego en la Fórmula 1. Unido a la mítica TC argentina, a pocos kilómetros se halla el autódromo de la ciudad que, como no podía ser de otra manera, lleva su nombre. Una pista carismática, en medio de un cerro, a la que se puede acceder por poco más de tres pesos. Una minucia comparada con las sensaciones que evoca rodar por su desgastado asfalto grisáceo. Volviendo a Alonso, el astur cuenta también con su propio museo, humilde de momento, y con una pista de karts para aquellos chavales de su región se inicien en tan divertido hobby. Los paralelismos se establecen entre los grandes campeones, quienes tienen el talento y la porción de suerte necesaria para demostrar su valía y poder pasar a la Historia con mayúsculas.

Dentro de medio siglo Fernando Alonso quizá sea recordado como una leyenda -esperemos que aún viva- del deporte español. Un elegido que llevó a nuestro deporte a cotas insospechadas hasta su época, como Seve Ballesteros, Bahamontes, el poco recordado Ángel Nieto, "Paco" Fernández Ochoa, y tantos y tantos otros. Ojalá que esa leyenda quede aún más engrandecida en los años venideros. Pero por más que los pilotos de hoy sumen nuevas cifras y récords, nadie alcanzará la talla de Juan Manuel Fangio, admirado por todos, el hombre que hizo de la conducción una ciencia exacta, la de su propia perfección. "La" perfección.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Contra los elementos: Javier Gómez Noya




A Javier Gómez Noya (Basilea, 1983) el triatlón le atrapó con quince años. Era un nadador especialista en las pruebas de fondo con un gran porvenir en Galicia. De gallegos emigrados a Suiza, estos se establecieron nuevamente en su tierra cuando el joven "Javi" apenas contaba tres meses. Suizo de nacimiento, ferrolano de corazón. En su primer triatlón acaba segundo pese a no haber entrenado ni la prueba de bici ni la posterior carrera. Primero es otro gallego con el que compartirá muchos -y muy buenos- momentos en la alta competición. Iván Raña.

En diciembre de 1999, se le descubre una anomalía cardiaca durante un reconocimiento rutinario con la selección española juvenil. Tres palabras que suenan irreconocibles para el común de los mortales y que marcan un antes y un después entre el triatleta gallego y el Consejo Superior de Deportes: valvulopatía aórtica congénita. Esta situación, tensa, inexplicable y en ocasiones incongruente, dura más de un lustro. En esos años, Gómez Noya es ya un nombre prometedor dentro del triatlón. Así, en 2003 conquista el Mundial sub - 23.

Compite -pese al diagnóstico de la lesión- hasta 2005. Desde el CSD se pide la inhabilitación de la licencia del gallego, lo que implica la imposibilidad de poder competir en España. Aún así, "Javi" Gómez Noya sigue su cruzada para defender la compatibilidad de su lesión con la práctica del deporte de élite. Llega a competir por su cuenta y riesgo en Francia mientras recurre a cardiólogos de todo el mundo que le avalen en su defensa. De la mano del Doctor McKenna, un especialista inglés que ya en 2003 había estudiado la enfermedad del triatleta, Gómez Noya obtiene su salvoconducto para regresar de nuevo a la competición. Su licencia está firmada por un doctor gallego, pues ha de ser un médico de la federación de origen quien dé el visto bueno. La relación con el CSD se ha normalizado, y da fe de ello el acto de hoy en la propia sede del Consejo Superior de Deportes.


Sendas Copas del Mundo en 2006 y 2007, un Europeo -también en 2007- y un Mundial en 2008 eran su carta de presentación en Pekín. Raro era el medio que no colocaba el gallego como la máxima esperanza española de medalla. Los medios deportivos le situaban a niveles de infalibilidad tales que parecía imposible que no ganara o no obtuviera una presea. Y, sin embargo, acabó cuarto. En la prueba a pie no se escondió, dio la cara, marcó el ritmo pero le flaquearon las fuerzas y en el sprint no pudo hacer nada. Frodeno era el nuevo campeón olímpico. La Reina Sofía esperaba en la meta saludar una nueva medalla española. Pero no pudo ser. El final de Gómez Noya es su punto débil. Iván Raña llegó tras él, quinto, en lo que según el comentarista de TVE de aquella prueba, "iba a ser un doblete español seguro". Fue duro trasnochar para no ver a uno de los nuestros en el podio, pero no había reproche posible ante la actitud de alguien que lo dio todo y fue fiel a su estilo.

Si por algo destaca Gómez Noya es por su regularidad. Es un triatleta que, por su pasado como nadador, sobresale en la natación. Cada vez se mueve con más soltura con la bicicleta y en los diez kilómetros a pie impone un ritmo asfixiante para sus rivales. Sólo el jovencísimo Alistair Brownlee -ojo al equipo que está formando el Reino Unido de cara a Londres 2012- le aguantó en Budapest. De hecho Noya sufrió para seguir la estela del imberbe británico, que le batió al sprint. Pero el rival no era Brownlee, sino el campeón olímpico, Jan Frodeno. El alemán se hundió desde las primeras zancadas del último sector, y pasó de comenzar la prueba como líder del mundial a acabar la general cuarto. El peligroso circuito, con coches mal aparcados y el piso mojado por la lluvia, estuvo muy cerca de arruinar cualquier posibilidad de remontada. Un golpe en su hombro contra una ambulancia fue un mal menor a tenor del abandono de muchos de sus compañeros por las caídas. Entrenado por Omar González, "Javi" Gómez Noya sigue haciendo camino con la ilusión intacta y el corazón lleno de fuerza por hacer lo que más le gusta.

Otros resultados de la última prueba del Mundial de Triatlón 2010 en Budapest:
- http://www.triatlon.org/noticias/ver_noticia_10.asp?Id_noticia=787&Titulo_not=FRANCESC+SOLA+BRONCE+EN+EL+MUNDIAL+DE+PARATRIATL%D3N
- http://www.triatlon.org/noticias/ver_noticia_10.asp?Id_noticia=775&Titulo_not=A%CDDA+VALI%D1O+QUEDA+EN+EL+PUESTO+20+EN+EL+MUNDIAL+DE+BUDAPEST

Muchos datos sobre la biografía de Javier Gómez Noya se han obtenido de:
- http://www.javiergomeznoya.com/mostrarSeccion.php?id=3

martes, 14 de septiembre de 2010

Lluvia dorada




El mundo a los pies de un chaval de Manacor. Rafael Nadal, 24 años, es un chico discreto de sonrisa tímida y piernas de hierro. Diestro para todo, su tío, mentor y entrenador "Toni" le aconsejó antes de entrar en la adolescencia utilizar la raqueta con la izquierda. Con los años, desarrolló un brazo que golpea con violencia la pelota. Su físico coordinado, armonioso, privilegiado, y los interminables entrenamientos en su Mallorca natal han dado su fruto. Ayer culminó un sueño, "algo más que un sueño".

Novak Djokovic había invocado la lluvia para el domingo, y sus súplicas fueron satisfechas. El cielo podía esperar. Tendría que ser un lunes por tercer año consecutivo el que dictara sentencia. Con más de 23.000 personas expectantes pero con muchos asientos vacíos, Nadal ya no podía esperar. Dubitativo con su saque en los dos primeros sets, consiguió sacar de quicio al serbio. Djokovic alardeó de juego de piernas al golpear la raqueta contra sus zapatillas. Cuando el español quebró su saque por primera vez en todo el partido -lo hizo en 6 de 26 oportunidades-, al ya número dos del mundo se le acabó la paciencia y estrelló su herramienta de trabajo contra el piso azul de la central. Fue un bálsamo para el serbio, que mejoró desde entonces su juego.


Adjudicado el primer set, Nadal se veía a contracorriente en el segundo. Y cuando hubo salvado su peor momento durante la final, llegó la lluvia. Las posibilidades de que el agua apareciera eran escasas -veinte por ciento-, pero resultaron certeras. Lluvia dorada. Dos horas más tarde el manacorí perdía su primer set en todo el torneo. A partir de entonces vendría su mejor tenis. Un ligerísimo cambio en el "grip" (agarre) de su raqueta le ha permitido encontrar mayor velocidad con su saque. Su servicio abierto, liftado, al cuadro de la ventaja es cada vez mejor. Nadal se reinventa para bien. Domina el cambio de alturas como nadie, su revés cortado evoluciona a pasos agigantados y es ya un recurso más en el amplio repertorio del manacorí. Su derecha sigue siendo el látigo impasible con la que dicta el sino de los puntos a su antojo, su revés es el complemento idóneo con el que ralentizar o acelerar los intercambios. La volea es un golpe cada vez más natural, pero con mucho margen de mejora.

En las semifinales, Djokovic había derrotado a Federer en tres horas y cuarenta y cuatro minutos. Un minuto menos duró la final. Tras cuatro sets, una derecha del serbio al pasillo de dobles era la señal. Nadal caía sobre el DecoTurf. Cerraba el círculo áureo en el que sólo Agassi le iguala (ambos completaron los cuatro "grand Slams" además de ganar un oro olímpico individual). Ha igualado a Andy Roddick como el tenista que menos saques ha cedido en la historia moderna del US Open -sólo cinco-. Después de nueve majors -ya es el séptimo de todos los tiempos-, ¿puede alguien defender que es sólo un "pasabolas"?



Una característica del juego de Nadal es la de dar a sus rivales una bola más. Un golpeo extra con el que equivocarse. Hace muchos puntos ganadores, sí, pero es por encima de todo el mejor estratega, la mejor cabeza del circuito. Siempre con un guión al que aferrarse, con la mente puesta en el siguiente punto. Psicológicamente es un "muro" con el que mina a sus rivales como quien desgasta el revés de Federer. El balear es una persona de un amor propio terrible, con una voluntad de hierro enorme para salir de los malos baches. Ya lo demostró el año pasado. Sólo él sabe cuánto sufrió en el Masters de Londres, incapaz de contrarrestar el tenis de sus rivales por el agotamiento físico de sus rodillas. Siempre presto para seguir ganando, pero sobre todo para aprender y para divertirse, sobre una pista de tenis, en un karaoke o haciendo gala de su peculiar inglés en las ruedas de prensa.

A su edad, Roger Federer "sólo" había ganado seis "grand slams". Mats Wilander defiende hoy en el "New York Times" que no podremos hablar de la superioridad universal del suizo hasta que su antítesis española se haya retirado. Si gana en Australia, Nadal estaría en posesión de los cuatro grandes de forma vigente. El legendario Rod Laver fue el último en ostentar tal proeza. Emperador de la tierra batida, aún está lejos de los 46 títulos de Guillermo Vilas sobre el "polvo de ladrillo". Y en el horizonte está la posibilidad de conquistar Australia, Roland Garros, Wimbledon y el US Open en un mismo curso: el "Grand Slam" con mayúsculas. Mientras el mundo especula, Rafael Nadal seguirá siendo el mismo chico que iba para futbolista y al que le relaja pescar. Sigue aprendiendo, "Rafa". Y sobre todo, sigue divirtiéndote.
Fotos: usopen.org

jueves, 9 de septiembre de 2010

Andy Schleck: reflejo del nuevo ciclismo




Desde siempre han existido en el ciclismo corredores a los que les ha gustado salir de fiesta. Divertirse está dentro de la condición humana. Andy Schleck, Stuart O'Grady y Fabian Cancellara son ejemplo de ello. Pero en el caso del luxemburgués, su apego por la noche española va aparejado a una evidente desgana a la hora de tomarse la Vuelta a España como una carrera para rellenar el expediente. Salvo su excelente Tour y su fugaz paso por las clásicas ardenenses, Andy ha pasado por completo del resto de carreras esta temporada. Ahora sólo le quedan un par de carreras en Italia, cuyo punto culminante es, como cada año, el Giro de Lombardía. El quinto y último "monumento" del año al que deseamos que vaya a hacer algo más que inscribirse en el control de firmas. Lejos quedan ya sus series de calidad en Suiza y sus fulgurantes prestaciones en el julio francés.

Más allá de los detalles de la expulsión, parece claro que ni O'Grady ni Schleck se la esperaban. El australiano ve seriamente trastocada su preparación para el mundial de Melbourne. "He perdido dos semanas de preparación", ha comentado sobre su abandono forzoso. El ganador de la París - Roubaix de 2007 quiere brillar en su casa. Por lo visto, estaba más que capacitado para compaginar las salidas nocturnas con kilómetros de calidad en la Vuelta. En el caso de Andy, ha venido de turismo, como el año pasado. Por informaciones como la del compañero del diario "As", José Andrés Ezquerro, su idilio con la noche comenzó ya en Sevilla. La excusa de ayudar a su hermano Frank carece de credibilidad. Reconoce que ha violado el código interno del equipo "Saxo Bank", pero considera que la expulsión es una decisión demasiado severa. Piensa el ladrón...

Evidentemente, la sanción de Bjarne Rijs para con el australiano y el luxemburgués sería muy distinta si obviamos el hecho de que ambos abandonan la disciplina del director danés el próximo año. Por ello se ha salvado Fabian Cancellara de seguir el mismo camino que sus dos compañeros. Por ello y por el hecho de que está implicado en carrera, éste sí, tratando de escoltar a Frank Schleck en los kilómetros finales de las etapas llanas. Y por la razón fundamental: el suizo aún no ha deshojado la margarita de su futuro. Tiene sobre la mesa una oferta espectacular del "BMC", otra del "Team Sky" y persisten los rumores sobre el interés del nuevo equipo de los Schleck. Con un año de contrato aún por cumplir, Rijs ha de pisar sobre seguro y valorar el comportamiento del suizo con el mayor tacto posible.


En cualquier caso, en esta semana en la que se ha muerto un hombre que era todo pundonor sobre los pedales como Laurent Fignon, queda claro que los valores en el ciclismo están cambiando. Sí, los grandes han salido siempre, desde el mismísimo Anquetil hasta Coppi, pasando por Maertens o el malogrado Vandenbroucke. Con la diferencia de que antes el hambre de los ciclistas, bien por el origen humilde de muchos de ellos, bien por el hecho de estar bajo el paraguas de un ciclismo más puro, de ataque, hacía de cualquiera de los arriba citados favoritos indiscutibles en casi la totalidad de las carreras que disputaban. Gente que agrandaba su palmarés al tiempo que su leyenda. Esa es una tendencia que desgraciadamente está en claro declive. El sancionado Valverde, "Purito" Rodríguez, Zabel, Contador, Bettini o Gilbert son los últimos ejemplos de gente que gana desde febrero hasta la caída de las hojas italianas. Veremos si las medidas tomadas por la UCI para el año 2011 ayudan a revertir tan triste panorama. Añoro la antigua Copa del Mundo que tanto lustre dio al ciclismo moderno. Hoy no vemos a muchos ciclistas brillar más que una vez al año. La situación se antoja inadmisible.

lunes, 30 de agosto de 2010

Obituario: Laurent Fignon



El cabello rubio, adornado con una coleta o bien melena al viento, con el que Laurent Fignon se dio a conocer en su eclosión ciclista fue poco a poco dejando paso a un enorme surco sobre su frente. Con los años, su cabeza fue despejándose y sus modales se atemperaron. El joven insolente, de declaraciones altisonantes, mirada altiva y maneras de "enfant terrible" derivó en un ciclista experimentado, amante de su deporte y entusiasta por transmitir sus conocimientos. Es más, muchos aficionados destacan su cercanía y su amabilidad una vez retirado. En una época en la que Michel Platini afirmaba sin lugar a dudas que era "el mejor" futbolista del mundo, Laurent Fignon bien podría haber empleado toda su verborrea emulando a su compatriota.

Nacido el 12 de agosto de 1960 en el Distrito 18 de París, al norte de la capital francesa, Fignon era un corredor de los que hoy ya no quedan. Inquieto, impulsivo, con muchísimo talento y arrestos para atacar en cualquier terreno. Vencerle era toda una hazaña. Él es parte imprescindible de la década de los ochenta en el ciclismo. Su manera de correr, como la de muchos de sus coetáneos -Hinault, Delgado, Parra, LeMond, Kelly, Roche- engrandeció en su momento este deporte. La talla de sus rivales aumentó su categoría como ciclista. Sus magníficas condiciones y su manera de encarar cada puerto, cada cota, cada carrera, hicieron mejores a sus rivales, que fueron muchos y de muy diverso tipo.


Brilló en amateur -más de 50 victorias- y en 1982 dio el salto al profesionalismo de la mano de Cyrille Guimard. En aquel equipo "Renault" la estrella era Bernard Hinault, pero el joven de rubia cabellera iba marcando su propio camino. Ese año ya ganó el Criterium Internacional. Pero fue en 1983, doce meses históricos para el ciclismo, cuando se destapó con etapas en carreras de postín y, por encima de todo, con su primer Tour. Aquel Tour que en España será recordado por la aparición de dos figuras que por fin podrían suceder a Ocaña como vencedores en los Campos Elíseos: Ángel Arroyo, "el salvaje", y Pedro Delgado, "Perico". Aquel año Hinault se exhibió ante todo y ante todos en la Vuelta. Físicamente reventado, renunció al Tour. Vía libre para Laurent, que se exhibe en la etapa de Morzine, cuando el Reynolds español vive la cara y la cruz del ciclismo: colosal el abulense, mientras que al segoviano le abandonan las fuerzas y llega "apajarado". Un Tour que lo cuenta como nadie Jorge Nagore en su libro "No querían ganar el Tour".

Su segundo Tour llegaría al año siguiente. Hinault había emigrado hacia un nuevo equipo, "La Vie Claire". Esta vez el enemigo en el equipo "Renault" no sería francés, sino americano. Greg LeMond, campeón del mundo en ruta. Pero Fignon se mostró intratable, ganando cinco etapas más una contrarreloj por equipos. A París llegó con más de diez minutos de renta sobre "le blaireau". Para completar ese año, dos victorias en el Giro. En su tercera temporada en la élite ya había conquistado etapas en las tres grandes. Le sobraban quilates a sus piernas, pero una lesión en el tendón de aquiles le llevó al quirófano y no pudo defender su cetro en el Tour de 1985. Le había dado tiempo a aparecer por primera vez en los lugares de renombre de las clásicas de las ardenas. Fue un año de transición hacia su nuevo equipo, el "System U", con el que ganó la Flecha Valona. Abandonó en el Tour y renunció por enfermedad a las últimas carreras de aquel año.

Borrón y cuenta nueva, en 1987 Fignon volvió por sus fueros, con un séptimo en la general del Tour y una etapa -victoria en La Plagne-, corriendo de menos a más, siendo protagonista de uno de los mejores tours de la historia. Aunque, en honor a la verdad, llegó a un mundo de Stephen Roche y Delgado. Todo pundonor, nunca se rindió, tan orgulloso era que no podía ir a una carrera para no competir. Tenía que ser protagonista. Lamentablemente, esa forma de concebir el ciclismo está en vías de extinción (el último caso, Andy Schleck ayer en la Vuelta).


1988 fue un buen año para él, no en el Tour, donde su equipo le deja atrás en la crono por equipos para días después abandonar, sino en las clásicas. Ganador en la Milán - San Remo, tercero en Roubaix, demostró así su condición de "todoterreno", con un buen sprint cuando se llegaba en grupos pequeños, capaz de batir a gente como Fondriest o al legendario Séan Kelly. Pero fue en el abismo de los noventa cuando volvió al primerísimo plano de la "Grande Bouclé". Porque en 1989 Fignon volvió a su mejor nivel y cuajó un año espléndido: segunda "classicissima" para el parisino, esta vez venciendo en solitario. Victoria en el Giro de Italia, con poco margen sobre el segundo -Giupponi-. Y, por encima de todo, una actuación excelente en el Tour, aquel Tour del despiste de "Perico" en Luxemburgo que convirtió la carrera en un mano a mano entre el francés y LeMond. Fignon, pletórico de forma, se alterna en el amarillo con el americano y deja para la historia dos exhibiciones en Alpe D'Huez y Villard de Lans (y en menor medida en Superbagnères). Un gesto del peor Fignon, escupiendo a un cámara de TVE, hizo que la antipatía hacia el galo recorriera España. Muchos se alegraron cuando la apuesta tecnológica de LeMond en la crono de París, con el célebre manillar de triatleta, volteó la general . De vuelta al ciclismo tras aquel incidente cazando, LeMond ganaba por 8 segundos su tercer Tour. Un atónito Fignon no se lo podía creer.

Con menos pelo, ya en la treintena, Fignon cambió de aires y fichó por el "Castorama". No volvió a rendir como antaño, pero siempre dio la cara. En una época en la que a Alain Prost ya se le conocía como "le professeur", a Laurent se le aplicaba el mismo calificativo en el pelotón y entre los peridistas. En aquellos años le tocó ejercer de gregario de gente como Luc Leblanc, pero con tiempo para rememorar momentos de aquel ciclista con hechuras y alma de ganador. Se retiró en 1993, previo paso por el "Gatorade" de Gianni Bugno.

Ligado al mundo del ciclismo, estuvo ligado a la creación de varias escuelas para niños. Comentarista en la televisión francesa -donde ha mostrado su cara más humana-, organizador de carreras deportivas. Siempre ligado al mundo del ciclismo. Pero un cáncer de pancreas, uno de los más difíciles de tratar, ha acabado con él a los 50 años. Infructuosa la quimioterapia, la enfermedad se había extendido a los pulmones. Su pérdida es irreparable. Para la historia quedarán sus gafas, su rubia melena y su espíritu. La prensa de su país no puede sino lamentar su pérdida. Lo mismo que el pelotón actual, como Armstrong, Fran Contador (hermano y representante de Alberto), o Magnus Backstedt. Ellos son las voces de los miles de aficionados que en todo el mundo lamentan la muerte de este gran campeón.

Fotos: arueda.com, lequipe.fr

viernes, 27 de agosto de 2010

Óscar "Ringo" Bonavena: a un suspiro de tumbar a Alí (3ª Parte)




Poco a poco va quedando claro que la vida de "Ringo" Bonavena es digna de película. Alguien tuvo esa idea y pronto muchos jóvenes sabrán de las andanzas del del barrio de Boedo a través de la gran pantalla. Su carácter, fanfarrón a veces, niño en otras tantas, sus gestas y su legado le hacen merecedor de tal homenaje. Llegó a cometer excentricidades tales como cantar en televisión al son del "pío pío" o actuar en alguna obra de teatro. En las muchas victorias y en las pocas -pero muy dolorosas- derrotas. El "pies planos" era así.

Peralta, Folley, Ellis, Frazier,... A Bonavena le tocó coexistir con la época dorada en la historia de los pesos pesados del boxeo. Contra los grandes había dado lo mejor de sí pero en muchas ocasiones la talla de sus rivales se imponía al empuje de su zurda. Cayó siempre en buena lid, resistiendo hasta el último asalto. Pero faltaba probarse contra el más grande entre los grandes: Cassius Clay o Muhammad Alí, que tanto monta. Después de caer por segunda vez contra "smoking Joe", Bonavena encaraba el recién nacido año 69 de la mejor manera: victoria ante Luis Pires tras retirada en el octavo asalto del brasileño. Luego viajó a Alemania, país que le traía buenos recuerdos, para despachar al local Von Honburg en tres asaltos. Sufrió la incertidumbre de la primera pelea de su carrera que acababa en empate, ante un viejo conocido: "Goyo" Peralta, en Montevideo. Fue descalificado ante Miguel Ángel Páez (la tercera vez en su carrera) y cosechó seis victorias a caballo entre las dos orillas del Río de la Plata: cinco victorias en el Luna Park porteño y otra en la capital uruguaya. Todas por KO. Tras casi dos años de lucha, la herida de Frazier había cicatrizado definitivamente.


Con su ego crecido después de tan positiva racha, Bonavena iba a la caza del número uno. Imploró al manager del americano y el sueño dejó de ser algo quimérico. Habría combate. Sería a quince asaltos y en el sancta sanctorum del deporte mundial: el Madison Square Garden. Alí, después de sus más de tres años de sanción, permanecía invicto. Y seguía siendo tan provocador en las ruedas de prensa como antaño. No conocía a "Ringo". El argentino decidió poner en juego toda su plática y se disfrazó del propio Alí. Retador pero con la sangre fría, por primera vez el gran campeón no era quien golpeaba primero. "Chicken, chicken, pi pi pi", le espetó Bonavena con ese timbre de voz tan peculiar. Le llamó "Clay", mientras que el púgil negro le respondía con un "I'm Alí" ("soy Alí"). Cada vez más crispado, el americano se pavoneaba de las ganas que tenía de acabar con un "Ringo" que, en su salsa, le respondía con un escueto pero definitivo "Relax, relax" ("relájate, relájate").

Lunes, 7 de diciembre de 1970. Tarde de boxeo en el frío y húmedo invierno de la capital del mundo. 4 combates preceden al gran duelo de la noche. Con algo más de peso de lo que habían dado en la balanza (204 libras Bonavena por las 212 de Alí, todo hay que decirlo, 12 centímetros más alto que el argentino), el combate empezó a las 20.30. Los focos de toda la ciudad se concentraban en el Madison. Casi 20000 personas esperan que Alí refrende su condición de campeón mundial de los pesados. Bonavena es el aspirante, pero no lo va a poner fácil.
Se tantearon en el primer round, pero ambos ya dejaron pinceladas de la calidad de sus puños izquierdos. Bonavena, además, soltó algún que otro golpe antirreglamentario. Fue advertido por el árbitro Mark Conn. El juego de pies de Alí no fue tan efectivo como lo solía ser. Cuentan las crónicas de la época que al boxeador de Louisville se le vio pesado. Era, decían, un "bigfoot" contra un "pies planos" como Bonavena. En cualquier caso, era la zurda de Alí la que dictaba el ritmo del combate. El centro del cuadrilátero era para Muhammad; Óscar, por contra, se refugiaba cada tanto en las cuerdas para frenas los envates del americano.

En el quinto round, "Ringo" salió agresivo, tardó menos de un segundo en conectar un derecha-izquierda en el costado y la cara de Alí. El intercambio es cada vez más fluido entre ambos púgiles. El gran campeón americano acierta con dureza un directo a la cara del porteño. Bonavena se tambalea, pero no cae. Se abraza al cuerpo de Alí como quien busca el oxígeno para aguantar la próxima envestida. La gente comienza a runrunear. "Alí no parece estar bien", responde el comentarista para la televisión. El asalto expía tal y como partió, con el argentino encerrando a Alí en la cuerda y conectando dos izquierdazos sobre el toque de campana. Un directo seco, relampagueante, de Bonavena sobre el rostro de Alí abre el sexto asalto. Ahora es él quien domina el centro del ring, mientras Alí baila infructuosamente en derredor suyo, pero recibe otro directo. Su cara está cada vez más desprotegida. Por un momento, se oye el nombre de "Ringo" varias veces coreado por parte del público. Son sus mejores momentos en el combate.



Toque de campana, persisten los focos. Se reanuda el combate. Séptimo asalto. Visiono las imágenes y viene a mi cabeza el "Dúo de las flores" de la ópera Lakmé. La pelea cobra una nueva dimensión. Intercambios cada vez más constantes entre ambos. Algunos espectadores abuchean a Alí. Son pocos, residuales, pero crean una situación inimaginable para la gran mayoría, que enmudece ante lo que allí contemplan. Con un latigazo eléctrico de Bonavena sobre el rostro de Alí se termina el octavo round. Flanqueado el ecuador de la pelea, Argentina sueña, el mundo tiembla. Todo la fuerza de "Ringo" concentrada en el interior de su guante izquierdo se proyecta sobre la cara de Alí. El campeón se tambalea, queda a gatas sobre la lona. Rápidamente se incorpora. Ha sido un segundo. Ha sido infinito. El Madison comienza a animar y Alí muestra su mejor cara. Consigue desequilibrar al argentino, pero se muestra cansado y Bonavena sigue encontrando con suma facilidad golpes a su cara. El americano intenta bailar sobre el cuadrilátero, pero sigue recibiendo.

"Ringo" había prometido tumbar a Alí en el undécimo asalto. Fue el americano quien golpeó primero, con una derecha seca, relampagueante, sobre el rostro del argentino. Pero Bonavena se rehízo y contraatacó con una espectacular sucesión de golpes: derecha-izquierda-derecha-izquierda. Directos a la cara del de Kentucky. Resistía Alí, Bonavena perdía su osada apuesta y el sino del combate poco a poco se aclaraba. El físico privilegiado de Muhammad comenzaba a imponerse. Alí danzaba y picaba cual abeja rodeando a Bonavena. Y cuando el combate agonizaba en el último round, el campeón mundial de los pesos pesados ejecutó uno de los mejores ganchos de su carrera, a quemarropa, que hizo tambalearse a "Ringo". Cayó sobre la lona. Alí estaba al acecho -el árbitro debió haberle mandado al otro extremo del cuadrilátero, pero no lo hizo-. Se levantó tan rápido como volvió a caer, esta vez de nalgas. Segundo aviso. A los dos minutos y dos segundos del decimoquinto asalto, el cuerpo de Bonavena tocaba tierra por tercera vez. KO técnico. Todo había terminado. Argentina soñó con la proeza, el mundo vislumbraba un cataclismo, pero fue "Ringo" quien quedó sobre la lona. Alí mantenía su cetro de los pesados. 3 meses después, en una pelea ya pactada antes de este gran combate, perdería su primera pelea y su título mundial ante Joe Frazier.


Levantarse tras cada golpe se hizo una constante en la carrera de Bonavena. Esta vez todo fue muy rápido. Continuó "en la brecha", ganando peleas -12 por 2 derrotas- tras ese momento cumbre en el Madison Square. En Roma o en Hawaii, donde hiciera falta. Su último combate fue en febrero de 1976. El 22 de mayo de aquel año"Ringo" -ya 33 años, mujer y dos hijos-, está en Reno (Nevada). De madrugada acude al "Mustang Ranch", un club - prostíbulo propiedad de Joe Conforte, su por entonces representante. La relación "amistosa" entre la mujer de éste, Sally, y Bonavena, era un secreto a voces. Visiblemente alterado, salió de su vehículo crispado, ignorando las llamadas de atención de los guardaespaldas de conforte. Uno de ellos, W. Brymer, le disparó con su Remington 30-06 en el corazón. Óscar Bonavena, "Ringo", el chiquilin del barrio de Boedo, cayó para siempre. En 2007, las instalaciones se incendiaron. Entre las cenizas quedaron miles de recuerdos para la historia del boxeo, para un país que suspira por sus héroes.

Bonavena descansa en el Cementerio de la Chacarita. Murió al poco de comenzar la terrible dictadura argentina. Pero ni los militares fueron óbice para que miles de personas le rindieran homenaje en el Luna Park. El cortejo fúnebre pasó por la cancha de Huracán. En su barrio, aún hoy la gente le recuerda con un cántico eterno:

"Somos del barrio, del barrio de la quema. Somos del barrio de "Ringo" Bonavena.





Fuentes:

www.easybuenosairescity.com/biografias/bonavena.htm

http://boxrec.com/list_bouts.php?human_id=009386&cat=boxer

http://www.taringa.net/posts/imagenes/834796/Oscar-%28Ringo%29-Bonavena,-mi-humilde-homenaje.html

http://www.taringa.net/posts/videos/2119270/bonavena-vs-muhammad-ali.html

http://boxeoveleno.blogspot.com/2008/11/simplemente-ringo.html

http://www.elgrafico.com.ar/2009/10/29/C-2064-el-ultimo-dia-de-bonavena.php

lunes, 23 de agosto de 2010

Óscar "Ringo" Bonavena: a un suspiro de tumbar a Alí (2ª Parte)




Un mes después de ganar a "Goyo" Peralta en el Luna Park, "Ringo" Bonavena inició con éxito su defensa del título argentino de los pesos pesados. KO técnico en el primer asalto a Pablo Sagrispanti. Los últimos meses de ese gran año de 1965 para el del barrio de Boedo conllevan peleas contra rivales inferiores -Héctor Wilson y el americano Billy Daniels- a los que despachó por sendos KO en el primer y segundo asalto, respectivamente. La misma tónica siguió en los albores del año 66, vapuleando a Bruno Segura. Pero en marzo es descalificado contra José Giorgetti en Mar del Plata. Segunda descalificación para Bonavena, esta vez frente a un rival con el que luego mantendría una buena relación fuera del cuadrilátero. En cualquier caso, tardaría poco en llegarle la revancha a "Ringo"; en abril ganaría al "gigante de Queuquén".

A mitad de aquel año, Bonavena viajó de nuevo a la costa este de Estados Unidos. Consiguió concertar dos combates. El primero, ante el campeón canadiense de los pesos pesados, George Chuvalo, un rival difícil, del que dicen quienes saben algo de boxeo que tenía una barbilla durísima, de las mejores en la historia del boxeo. Pero eso no fue obstáculo para el púgil argentino. 2 de los 3 jueces dictaminaron a su favor una vez el combate expió en el décimo y definitivo asalto. Victoria para Bonavena. Fue la cara de su breve periplo americano. Repitió escenario, el Madison Square Garden neoyorquino, pero el rival era un joven de 22 años con un historial inmaculado de 11 victorias y ninguna derrota. Joe Frazier: palabras mayores. El porteño tumbó por dos veces al de Philadelphia en el segundo asalto, pero Frazier resistió hasta el final. Esta vez los jueces dieron ganador al americano.


De vuelta a Argentina, Bonavena se resarció del amargo final de su gira americana con una serie de diez combates sin perder. Comenzó peleando en Mar del Plata contra Alberto Benassi, al que batiría en dos de esas diez veladas. Ganaría a los puntos en el Luna Park al americano Amos Johnson, un boxeador de cierto empaque. Ya en 1967, se reencontraría en el ring con su amigo José Giorgetti, al que derrotaría por KO en el noveno asalto. A finales de aquel año viajó a Alemania para tomar parte en un torneo organizado por la Asociación Mundial de Boxeo. 4 eliminatorias, 8 boxeadores, 1 objetivo: suceder a Muhammad Alí como campeón mundial de los pesos pesados. El americano había sido desposeído del título en plena controversia por su negación a participar en la guerra de Vietnam. Así las cosas, a "Ringo" Bonavena le tocó pelear contra el local Karl Mildenberger. Durísimo rival: seis veces campeón europeo de los pesos pesados, había luchado en 1966 contra Alí por la supremacía mundial, siendo derrotado por KO técnico. Pero para el argentino no había barreras. En estado de gracia, tumbó al zurdo alemán en el primer, cuarto, séptimo y décimo asaltos. Al término del duodécimo y último asalto no hubo discusión por dictaminar vencedor. Bonavena ganó a los puntos. Ya era semifinalista del torneo.

Quedaban 4 púgiles, uno de ellos era Bonavena. Dos meses y medio después de su primer combate en Europa, Bonavena regresaba a la tierra de las oportunidades para buscar la suya ante Jimmy Ellis. Bajo la tutela de Angelo Dundee, técnico de Alí, Ellis se había convertido en su habitual sparring. Venció con facilidad a Leotis Martin en la ronda previa y ahora tenía una ocasión irrrepetible para pasar a la historia.
Freedom Hall State, Louisville (Kentucky). Dos de diciembre. "Ringo" quería pelear en la tierra natal de Ellis, seguro de derrotarlo "en el segundo asalto". Pero se hizo la sorpresa. Bonavena besó la lona dos veces (tercer y décimo asaltos) y finalmente los jueces dieron la victoria al americano. Ellis sería a la postre el campeón mundial de los pesos pesados, cetro que ostentaría hasta 1970.


Borrón y cuenta nueva. Tocaba levantarse de nuevo. Era su quinta derrota (tres a los puntos y dos descalificaciones). Y para reponerse Bonavena buscó, como siempre, rivales de poca entidad para recuperar sensaciones. Su primera pelea tras su encuentro ante Ellis sería ya en el año 68. Fue ése un buen año para "Ringo". Se reencontró con Lee Carr, aquel púgil contra el que fue descalificado allá por 1963. KO en el tercer asalto, Bonavena sin piedad.
Pero también tuvo veladas muy complicadas el de Boedo durante aquel año. Su confianza iba en aumento y el nivel de sus rivales, también. En el Luna Park de Buenos Aires tuvo que emplearse a fondo para vencer a tres boxeadores de tronío: Roberto Dávila, un peruano capaz de ser el primer boxeador en aguantar sin caer al mismísimo George Foreman -decisión unánime de los jueces-. Luego a Zora Folley, un boxeador de no muy buen recuerdo para Bonavena, pues con el americano había sufrido la primera derrota de su carrera (sin contar la descalificación ante Carr). Esta vez el sino cambió. "Ringo" estaba en lo más alto de su trayectoria, mientras que Folley iniciaba el declive de la suya, tras haber perdido con Alí en 1967 por el título mundial de la categoría. Bonavena venció por decisión mayoritaria de los jueces (2-1). Y, por último, ante otro americano, Leotis Martin, uno de los ocho boxeadores que pelearon en aquel torneo por el título de los pesados de la WBA. Ganó, una vez más, a los puntos.

Victorioso y pleno de moral, Bonavena tenía la mira puesta de nuevo en el horizonte americano. Cuando el año 68 llegaba a su fin, el frío y húmedo invierno de Philadelphia recibió al argentino, que llegaba para enfrentarse de nuevo con Joe Frazier. Más maduro pero magnífico como siempre, "Smokin' Joe" seguía invicto (21 combates ganados). Trayectoria intachable. Un objetivo común: el título mundial de los pesos pesados de la Comisión Atlética del Estado de Nueva York (NYSAC). Era la primera vez que Bonavena luchaba al mejor de 15 asaltos, y ante uno de los más grandes de la historia aguantó hasta el toque de campana final. Fueron los árbitros los que unánimemente otorgaron la victoria a Frazier. Como le ocurrió en 1967, al hombre con el cabello a lo "Beatle" le tocaba renacer de nuevo.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Óscar "Ringo" Bonavena: a un suspiro de tumbar a Alí (1ª Parte)




Somos muchos los que hemos entrado en el hall del Madison Square Garden y hemos quedado prendados de la historia que alberga. En el corazón de occidente, el pabellón de tan característico diseño es uno de los templos modernos de la humanidad. Allí ,quien suscribe estas líneas se hizo una foto junto al enorme cartelón que dejaba constancia del duelo sin cuartel entre Muhammad Alí y Joe Frazier. "El combate del siglo", rezaba la pancarta. Fue precisamente allí, en el Madison, donde un argentino con apodo de Beatle y pegada de hierro estuvo muy cerca de tocar el cielo ante el más grande entre los grandes. Porque no sólo de Carlos Monzón vive el boxeo en el país de las grandes veladas en el Luna Park.

A Óscar Natalio "Ringo" Bonavena ya de joven le decían que iba para boxeador. Con once años ya pesaba sesenta kilos. Una barbaridad. Y así fue. Se inició en las instalaciones del San Lorenzo de Almagro. Le echaron y se marchó al eterno rival, el Huracán. Pronto coqueteó con las mieles del éxito. Fue campeón amateur en 1959 y ganó dos torneos suramericanos. También se inició su idilio con la polémica. En pleno combate con Lee Carr en Sâo Paulo, al del "barrio de la quema" no se le ocurrió otra cosa que morderle el pecho a su adversario. Impotente ante el respaso que le estaba propinando uno de los sparrings de Muhammad Alí, Bonavena fue descalificado. No sólo eso, recibió una dura sanción de dos años de la Federación Argentina (FAB). Las puertas de su tierra se habían cerrado, era momento de probar lejos, en el país de las oportunidades: Estados Unidos.

Se estrenó en tierras norteamericanas el 3 de enero de 1964, en el Madison Square. Irrumpió con mucha fuerza, con la rabia de quien ha de pelear lejos a miles de kilómetros de su hogar. KO en el primer minuto del primer asalto ante Lou Hicks. 1 minuto y veintitrés segundos exactamente. Repitió victoria en sus siete combates siguientes por tierras americanas, cuatro de ellos con el templo neoyorquino como telón de fondo. Al poco de cumplirse un año por la costa este, Bonavena besó la lona ante Zora Folley en el octavo asalto. El bonaerense se levantó cuanto el árbitro ya iba por el octavo segundo de la fatídica cuenta, pero fue en vano. Perdió por decisión unánime de los jueces al término del décimo asalto. Con la derrota aún caliente, el púgil decidió regresar a Argentina.


Tras el final de su sanción, "Ringo" volvió al cuadrilátero en su país. Victoria tras victoria ante rivales de no mucha entidad, de entre los que destacaba Rodolfo Díaz, con la mira puesta en arrebatar a Gregorio Peralta el título de los pesos pesados nacional. Un "Goyo" Peralta que le había aguantado a todo un George Foreman diez asaltos para luego perder por decisión de los jueces y que era, en aquel entonces, aspirante al título mundial de la categoría. No fue fácil para Bonavena conseguir aquel combate. Tuvo casi que rogarlo. Pero lo logró. El 4 de septiembre de 1965 el Luna Park porteño albergó tan esperado duelo. Peralta fue aplaudido hasta rabiar. "Ringo" Bonavena recibió una pitada ensordecedora. Su facilidad para generar titulares polémicos le había generado muchas enemistades. Pero a él le era indiferente. Motivado como nunca, tumbó a Peralta en el quinto asalto, pero el campeón no cedió su corona hasta el final. Ganador a los puntos, Bonavena ya tenía su ansiado título.

Por aquel entonces, Bonavena ya disfrutaba de su Mercedes blanco, con el que volaba en el asfalto a imagen y semejanza de lo que él ejecutaba sobre el cuadrilátero. Tenía un boxer llamado Ringo -"tiene cara de boxeador como yo", confesaría en una entrevista-. Empezaba a hacerse famoso por su carácter fanfarrón y provocador (en su primer encuentro con Muhammad Alí, en un gimnasio, le espetó un "I kill you" ("Te mato") al más grande de todos los tiempos. No obstante, si a las peleas acudía lo más enrabietado posible, una vez éstas concluían alentaba al púgil derrotado. Siempre en el recuerdo su infancia y la gente de su barrio de Boedo, a la que cuidaba y de la que se sentía orgulloso. Con los que no tenía reparos en mostrar sus cinturones de campeón nacional de los pesos pesados. Pero, por encima de todo, mantenía un apego terrible a su madre, a quien le compró una casa Ya estaba en la cresta de la ola "Ringo" Bonavena, pero aún quedaba su mayor hazaña, por la que será recordado siempre.